sábado 24/10/20
Horizonte Sostenible

Obsolescencia programada

Ordenadores acumulados en uno de los puntos limpios para el deshecho de material electrónico
Ordenadores acumulados en uno de los puntos limpios para el deshecho de material electrónico

¿No tenéis la sensación de que antes las cosas duraban más? Los electrodomésticos, la ropa, los coches… todo perduraba mucho más tiempo y además era muy habitual reparar las cosas cuando dejaban de funcionar. Había modistas, talleres de reparación para electrodomésticos, tiendas de recambios, los coches eran relativamente fáciles de reparar…

¿Y ahora? Ahora los objetos tienen una vida mucho más efímera y, en muchos casos, un final marcado en su propia fabricación por la muerte súbita: es lo que denominamos obsolescencia programada.

¿De dónde procede este concepto? El 23 de diciembre de 1924 se reunieron en Ginebra los principales fabricantes mundiales de bombillas, entre ellos compañías como Osram, Phillips o General Electric. Allí firmaron un documento por el que se comprometían a limitar la vida útil de sus productos a 1.000 horas, en lugar de las 2.500 que alcanzaban hasta entonces. El motivo, claro está, era lograr mayores beneficios económicos. Había nacido el primer pacto global para establecer de manera intencionada una fecha de caducidad a un bien de consumo, la posteriormente conocida como obsolescencia programada.

Esta caducidad inducida implica un consumo desmedido del conjunto de la sociedad para que las empresas se aseguren una producción sin fin, provocando enormes desigualdades sociales y económicas en los países que fabrican la mayoría de estos productos, además de una sobre explotación del medio natural descomunal y unas tasas exageradas de generación de residuos.

Si os interesa el tema, os encantará el reportaje Comprar, tirar, comprar, estrenado en 2011 y realizado por Cosima Dannoritzer y el informe de las organizaciones Green Cross Switzerland y Blacksmith Institute, titulado El peor de los mundos 2013: Las diez mayores amenazas tóxicas en el que se habla del basurero tecnológico de Agbogbloshie (Accra, Gambia), catalogado como el lugar más contaminado del mundo, por encima de nombres tan estremecedores como Chernóbil.

Ante este escenario desolador, algunas empresas ya han empezado a diferenciarse y se ha creado el sello ISSOP (Innovación Sostenible Sin Obsolescencia Programada). Se trata de una certificación que distingue a aquellas compañías que no incluyen la obsolescencia programada en la fabricación de sus productos y que venden bienes que pueden ser reparables por un coste menor del que supone hacerse con uno nuevo.

¿Qué podemos hacer como consumidores ante este panorama? Cosas muy básicas, reflexionar antes de comprar, buscar el sello ISSOP u otras formas de certificación de producción responsable en aquello que compremos, intentar reparar lo que se nos estropee, comprar de segunda mano y ser críticos y coherentes con la publicidad.

Desde la ventana a Babia, lo tenemos claro: castigamos la obsolescencia programada e intentamos sumar siempre nuestro granito de arena para conseguir dejar un Planeta mejor a las generaciones futuras.

Obsolescencia programada