martes. 04.10.2022

Otra vida para la piel desechada por las marcas

Diseño y tecnología para aprovechar lo que no quieren las firmas de lujo
                      Ana Collado y Jesús Cruz. RAUL CARO
Ana Collado y Jesús Cruz. RAUL CARO

Una pareja de andaluces formada por una diseñadora de moda y un arquitecto ha logrado abrirse camino en el sector de la moda conjugando el diseño y la tecnología para darle una segunda vida a la piel desechada por la industria del lujo en las fábricas de Ubrique (Cádiz).

La sevillana Ana Collado y el jiennense Jesús Cruz se conocieron en el Centro Tecnológico de la Piel —ella trabajaba en el departamento de Diseño, él en la sección de Desarrollo—y fue en el año 2020, en plena pandemia de la covid, cuando decidieron dar el salto y crear su propia marca, Socaire, una firma de bolsos con una producción limitada al ser la materia prima pieles sobrantes o que las grandes firmas descartan.

Tienen su taller en el barrio sevillano de Bellavista, donde Ana se ocupa del diseño, los prototipos y las maquetas, y Jesús se encarga del desarrollo de las piezas impresas en 3D; una vez definido el producto, lo envían para su fabricación en pequeños talleres familiares de Ubrique.

Se trata de productos de artesanía y de calidad porque utilizan los excedentes de las grandes fábricas que trabajan para la industria del lujo, con lo que también son exclusivos al ser colecciones pequeñas.

Desde diciembre del 2020, cuando pusieron en marcha el proyecto, han creado unas doscientas piezas entre bolsos, carteras y tarjeteros, aunque tienen previsto producir también cinturones y diversificar con el tiempo sus productos.

«No sacamos más de diez o veinte unidades de cada color y hay piezas de las que solo producimos dos o tres unidades porque depende de los materiales que encontremos», explica Ana Collado.

Estos artesanos contemporáneos, como les gusta definirse, dan una segunda oportunidad a las pieles sobrantes que quedan en los almacenes y que acabarían siendo destruidas, pero sus creaciones tienen además un sello de sostenibilidad desde el propio empaquetado, las cajas con sello FCC, un uso mínimo de tintas y ningún plástico ni exceso de materiales.

Su mayor fuente de inspiración es la naturaleza, el mar y, particularmente, el mediterráneo, aunque la arquitectura y el interiorismo son otras de sus referencias.

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