Diario de León

El padre que viene aún no termina de llegar

El perfil de padre cambia con el nuevo siglo, pero aún no se ha incorporado en igual medida que las madres a la crianza

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En los inicios de la civilización, algunos ‘machos’ eligieron alimentar a las hembras y a sus pequeños, algo que no hacían otras especies, y la evolución los premió porque sus hijos tuvieron más probabilidades de sobrevivir que aquellos que solo eran alimentados por las madres. La ‘elección’ que hicieron esos padres se transmitió, primero por instinto y después, de manera cultural, por costumbre, y durante milenios, así ha funcionado la paternidad, explica el prestigioso sociólogo italiano Luigi Zoja (1943), autor de El gesto de Héctor (publicado en España por Taurus), un libro convertido en clásico para entender las relaciones paterno-filiales. Pero en las últimas décadas del siglo XX y en el siglo XXI, la figura del padre ha iniciado otra evolución: el nuevo padre es más añoso, tiene menos hijos, en ocasiones comparte la paternidad con otro hombre o afronta este reto solo y participa más en la educación de los hijos, aunque la plena igualdad entre hombres y mujeres todavía queda lejos, sobre todo, cuando se trata de los cuidados. En cualquier caso, la figura del padre sigue en el centro del debate.

En España, solo el 4% de los hombres tiene hijos antes de los 30 años y la mayoría reciben a su primer vástago entre los 35 y los 39. «Antes se era padre porque tocaba o porque era una inversión: un hijo me cuidará en el futuro. Ahora, es una elección, se quiere ser padre para disfrutar de un hijo o de los hijos y la relación afectiva con ellos es más cercana», explica Josep Maria Armengol, autor de ‘Reescrituras de la masculinidad’ (Alianza Editorial) y director del primer máster de Estudios de Masculinidades en España, impartido en la Universidad de Castilla-La Mancha.

«Tradicionalmente, la figura del padre en la cultura occidental estaba inspirada en el dios masculino del Antiguo Testamento, un dios ausente, distante, autoritario y punitivo, lo que está vinculado al modelo tradicional de masculinidad, un padre que no se vinculaba a la vida doméstica», afirma Armengol. «Pero desde los años 60, con el auge del movimiento feminista, comenzaron a cambiar las cosas, aunque queda muchísimo camino por recorrer», agrega.

Y efectivamente, los datos muestran que el peso de la crianza continúa recayendo en las madres. Ellas dedican al cuidado y a la educación de los hijos 38 horas semanales, por 23 de los hombres, según los datos del INE, igual que emplean más tiempo que los hombres en cocinar y en cuidar a familiares, vecinos y amigos. Excedencias También son ellas las que, en una inmensa mayoría, piden excedencias para cuidar a los niños (88%), aunque en las dos últimas décadas ha crecido el número de padres que han solicitado esta prestación: del 2% en 2005 al 12% en 2021, con el caso notable del País Vasco, donde supera ya el 30%. Y cuando uno de los hijos sufre una discapacidad, el porcentaje de madres que pide una excedencia para cuidarlo también es muy superior al de los hombres: 84% frente a 11%.

En una supuesta clasificación internacional, los padres españoles estarían en un lugar medio. «Vamos por detrás de los países nórdicos en calidad y cantidad de tiempo, pero si nos comparamos con Estados Unidos, por ejemplo, tenemos una buena posición. Allí, que un hombre se coja una baja por paternidad es una excepción. En sociedades con un capitalismo salvaje, reclamar ese derecho puede suponer un despido», detalla Armengol.

Los padres pasan más tiempo que antes con sus hijos, un tiempo que se ha llamado ‘de calidad’ y que incluye horas de paseos, parque y ocio en general. «Pero los hombres todavía no participan de la misma manera que las mujeres en el tiempo que ‘no es de calidad’. Es decir, cuando el niño está malo, tiene que ir al médico, hay que cambiarle el pañal o llora por las noches, es la mujer la que sigue tomando la responsabilidad. Hablar de ‘tiempo de calidad’ se ha convertido en una excusa para muchos padres.

Los niños necesitan mucho tiempo que es de ‘no calidad’. Esa es nuestra revolución pendiente», subraya Armengol. En medio del replanteamiento de la paternidad emergen ahora los abuelos, que dedican el mismo tiempo (16 horas) a la crianza de los nietos que las abuelas. «Hombres que fueron padres ausentes por el trabajo o porque la cultura de la época no les permitía tener una relación cercana con sus hijos son ahora grandes abuelos», asevera este experto.

El 19 de marzo, cuando los padres reciben corbatas, perfumes y trabajos manuales realizados con inmenso cariño por sus hijos, es un buen día para reflexionar sobre la difícil paternidad moderna. Porque como dice Luigi Zoja, «cuando hablamos del padre, sabemos bien que no poseemos una verdad absoluta».

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