viernes 15/1/21
109 positivos

El Páramo está sembrado de covid

La sospecha se confirmó. La zona básica de salud de Santa María del Páramo arrojó ayer 109 positivos en el cribado masivo al que acudieron 3.298 personas, algo menos de la mitad del censo de la zona. Ocho equipos de Atención Primaria trabajaron sin parar desde la una a las siete de la tarde.
Trinidad con sus tres hijos. MARCIANO PÉREZ
Trinidad con sus tres hijos. MARCIANO PÉREZ

Santa María del Páramo estrenó ayer el flamante suelo azul de su pabellón municipal. Lo habían renovado en mayo. Pero la pandemia ha mantenido el recinto deportivo, al contrario que alguna nave que abrió sus puertas para celebrar el fin de año.

Ayer lo pisaron por primera vez las 3.298 personas que participaron en el cribado masivo de antígenos para detectar covid-19 organizado por la Consejería de Sanidad a través de la Gerencia de Atención Primaria de León. El virus, en lugar de una pelota, fue el que marcó los goles de la jornada: 109 positivos que suponen el 3,3% de las personas que acudieron a hacerse la prueba.

Se trata de personas asintomáticas que recibieron el resultado entre 15 minutos y media hora después de la toma de muestras a través de una llamada telefónica. «A algunos no les coge de sorpresa porque tienen alguien cercano», comenta la directora médica de Atención Primaria de León, Sofía Reguero.

Después de la fiesta

El alumnado de las aulas de bachillerato ha quedado mermado por aislados y cuarentenados

Las indicaciones de la administrativa al otro lado del teléfono son escuetas: «Tiene que permanecer en su domicilio, no puede salir a la calle y prepare una lista de sus contactos porque en un rato le llamarán los rastreadores». El susto no se lo quita nadie. La mayoría permanecen en silencio. Alguno exclama: «¡Lo que me faltaba!».

Llamando a un positivo. MARCIANO PÉREZ

Los ocho equipos de Atención Primaria trabajaron de manera intensa durante las seis horas que duró el cribado. Un horario recortado porque hubo que tirar del personal de enfermería de la zona que por la mañana estuvo dedicado a la atención ordinaria y a vacunación. Por la tarde se sumaron otros enfermeros voluntarios, en respuesta a llamada que hizo la Gerencia de Atención Primaria, para agilizar las largas colas y evitar que la población estuviera a la intemperie al quitarse el sol.

Familias enteras, hijos con padres y madres mayores, gente de la capital del Páramo y de los pueblos de alrededor. La respuesta fue masiva, y «eso que faltó mucha gente», como lamentaba un joven de la localidad. Acudió casi la mitad de la población convocada, unas 7.000 personas que residen en la zona básica de salud.

«Es necesario, cada vez hay más gente cercana que conoces y que concienciarse», comentaba Pedro Cuevas, un peluquero de la localidad que acudió con su padre, Marcelino. «Llevo trabajando toda la pandemia y hasta ahora todo bien», señaló satisfecho.

Las colas recorrían la pista y se extendían a la calle. M. PÉREZ

Fernando, otro vecino que acudió con su madre, elogió la buena organización. Las personas mayores con dificultades de movilidad tenían una cola especial con sillas para sentarse y posibilidad de ser desplazadas en silla de ruedas hasta el pabellón. El gesto de una guardia civil que ayudó a una mujer que iba sola no pasó desapercibido para la cámara del fotógrafo. Voluntarios y voluntarias de Protección Civil del ayuntamiento repartían las hojas informativas.

María Estefanía Franco esperaba a la puerta después de la prueba a la chica que le acompañaba. Venían de Antoñanes del Páramo. «Si no venimos no sabemos si lo tenemos», comentó. La mujer vive sola y a cuenta de la pandemia las visitas de sus hijos han mermado, aunque en Navidad se juntaron cuatro.+

«Lo estamos viviendo con incertidumbre y respeto», comenta José Franco, concejal del equipo de gobierno en Santa María, que acaba de salir de hacerse la prueba con su madre, Vicenta Natal, en silla de ruedas. «El cribado —dijo— es imprescindible para poder empezar a controlar la enfermedad». «Y cuanto toque, a vacunarse», comentó.

Marcos Alonso y sus hijas Judit y Lara. MARCIANO PÉREZ

Para Vicenta no era nuevo el procedimiento de extracción de la muestra con el palito en la nariz. Le hicieron una PCR como usuaria del centro de día, que tuvo que ser cerrado unas semanas durante la segunda ola. Ella se libró. «Tenemos que aportar todos, cumplir las normas sanitarias y ser responsables», concluyó Franco.

«La gente quiere saber y le preocupa la situación», señalaba Sofía Reguero ante la gran afluencia de personas al cribado. María Trinidad, una trabajadora de la hostelería de 38 años, acude con sus tres hijos. «Yo sufri el covid en marzo, estuve doce días ingresada en el hospital con neumonía bilateral. Lo pasé muy mal», subraya. «Me contagié en La Bañeza, donde trabajo, en los carnavales», apunta.

Lo que peor lleva ahora es que «la gente no cumpla las medidas y yo lo veo a diario: ni la distancia ni la mascarilla», incide. «Si cumplimos, todos tendremos trabajo, todos comeremos y no se cerrará la hostelería ni los centros comerciales.

Otra familia de Palacios de Fontecha que también sufrió el covid, en octubre, acude por recomendación del médico de su pueblo. «No tenemos síntomas pero nos dijeron que teníamos tres meses de inmunidad y venimos», explica Marcos Alonso. Sobre todo por sus hijas, Lara y Judit, que van al instituto.

Estos días las clases de bachillerato están mermadas. La fiesta clandestina que celebraron algunos en una nave de la localidad ha pasado factura en contagios y cuarentenados por contactos. Las navidades y otros factores añadidos han sembrado el Páramo de covid-19. Hay que pararlo.

El Páramo está sembrado de covid