miércoles 8/12/21
marciano pérez

ana gaitero | león

«Desde los doce años, papel y lápiz, descubriendo fascinada palabras, sentimientos, emociones, sueños o inventos. Entre el asombro y el encantamiento. Hasta hoy». Así surgió y así continúa la pasión por la escritura de Elena Santiago (Veguellina de Órbigo. 1941).

Las vivencias en el pueblo en esa primera infancia, hasta los seis años, son la materia fundacional de la obra de esta escritora de la intimidad y de la fantasía que tiene en su haber una obra tan prolífica que suma 39 obras.

«Fue tan intenso y maravilloso que está en mí desde siempre y para siempre. Gentes y cuanto es, creándome amor y páginas y páginas», confiesa con esa manera suya de nombrar con delicadeza y como sin hacer ruido.

Luego vino la etapa del internado, un tanto agridulce por la separación de la casa familiar y del entorno. «Lejos de mi gran Veguellina, estudiando en León, reí, lloré y escribí. Mi nostalgia era y es como nuestro río Órbigo. Pasaba, reflejaba, murmuraba su frescor musical, y acompañaba».

Empezó a publicar hace nada menos que 45 años y no ha parado, salvo algunos intervalos de silencio en los últimos años. Desde el principio, en 1973, tomó el segundo apellido de su padre, es decir, el primero de su abuela paterna porque Fernández-Santiago «resultaba largo», confiesa.

Fueron años muy prolíficos en obra y en premios después de que la revista Temas sacara a la luz sus dos primeras publicaciones, dos cuentos titulados El Hijo e Historia sobre el terremoto de Perú. Sus tres primeras novelas, La oscuridad somos nosotros (1976) Ácidos días (1979) y Gente oscura (1980), fueron galardonadas, respecivamente, con los Premios Ciudad de Irún, Novelas y Cuentos, y el Premio Miguel Delibes.

«Fui descubriendo, muy joven, que existían editoriales y premios con mi nombre. Nuevamente me asombré. Seguí aceptada años siguientes», señala al hacer balance de sus etapas literarias. Una mota de dolor se cuela en la etapa final, la presente: «El final está llegando con oscuridad desde las editoriales y caminos calados para determinados escritores», señala.

Poesía, relato corto, prosa poética, novela y literatura infantil. Elena Santiago, ha tocado casi todos los palos literarios y ha reunido sus fantasías hechas letras de molde en obras colectivas. La predilección por el relato corto, ese gusto por contar historias, la tradujo en 2004 en el título Lo tuyo soy yo.

Luego, en 2009, vino el Premio Castilla y León de las Letras después de una etapa centrada más en la literatura infantil. Regresa a la novela ese con la publicación de La muerte y las cerezas- Luego vendría el libro de poesía Sostenida luz y en 2015 la última novela que ha publicado, Nunca el olvido.

«Perdone. No estoy encuadrada», responde Elena Santiago si se le pregunta por el grupo generacional en el que podría identificarse. «Cada uno es cada uno», responde lacónica a la pregunta de qué tiene ella en común con otros escritores leoneses y de otras geografías. Eso sí, cientos de lecturas, desde Quevedo, Cervantes, Kafka, Onetti, Faulkner, Pessoa... las considera influencias en sus obra.

También destaca su participación en las obras corales de la editorial Rimpego Leyendas de León y Cuentos de León, pero también otras como Cuentos de este siglo, Cien años de cuento, El Faro, Miguel Delibes, Jorge Guillén o Un cuento por Navidad en la que está acompañada por su nieta Elena García con el relato Hace frío. La publicaciófue sirvió de fondo para el homenaje que se le tributó a la autora en el teatro Zorrilla de Valladolid.

Relatos Mayores o Inmenso Estrecho hacen presente el compromiso con las personas mayores y las migrantes junto a otros autores de Castilla y León. La lista es inmensa. La remata la obra de literatura infantil Pat y Pat. Vuelos de niños con ilustraciones de Ángeles Peinador que ha salido a la luz este otoño bajo el sello de la editorial leonesa Eolas. «La novela estaba escrita y reflexionaba sobre enviarla. El libro de niños Mat y Pat. Vuelos de niños llevaba años en mí. Estaban en mí. Solo era conseguir algo cómodo de leer y que las palabras hablaran claro», explica.

Actualmente finaliza una novela. Sigue escribiendo en Valladaolid donde reside desde hace muchos años. «A mi marido le ofrecieron un trabajo importante. En Valladolid mi nombre ascendió…y fueron cercanos y me acogieron. A León, siempre, le he respondido», subraya.

Elena Santiago tiene plaza en su pueblo, lugar donde transcurre la obra Ángeles oscuros, que dibuja el paisaje y la vida a la orilla del Órbigo. El lugar donde abrazó la primera palabra.

La pasión de escribir desde los doce años
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