domingo 15.09.2019
| Reportaje | La memoria de los combatientes republicanos |

«Patio 42»: una fosa común olvidada

El Ayuntamiento de Toledo abrirá un plazo para proceder a la identificación de los restos de 727 republicanos que fueron ejecutados tras el asedio y la toma del Alcázar
«Patio 42»: una fosa común olvidada
«Patio 42». Es el frío nombre con que se conoce la fosa común o de la caridad del Cementerio Municipal de Toledo. Allí se amontonan los restos de 727 personas que fueron enterradas entre el 28 de septiembre y el 13 de octubre de 1936, justo después de que el general del Ejército Nacional Enrique Varela liberara a los asediados del Alcázar de Toledo e iniciara una dura represión contra los combatientes republicanos o los sospechosos de simpatizar con la República que no quisieron o no pudieron huir de esta ciudad. El Libro-Registro del cementerio los cita como «desconocidos». Sesenta y ocho años después el Ayuntamiento de Toledo va a abrir un plazo de tres meses para que los familiares de aquellas víctimas olvidadas de la Guerra Civil puedan solicitar su identificación y posterior inhumación en una sepultura digna con nombres y apellidos. Cuando el 28 de septiembre de 1936 el general Varela tomó Toledo estrechando el cerco a Madrid comenzó a escribirse una versión de la historia que, sobre todo en época de guerra, resulta excesivamente interesada. Los 1.220 hombres -civiles, militares y guardias civiles- que se habían atrincherado en el Alcázar durante 72 días al mando del coronel Moscardó se convirtieron en héroes y ejemplo de sacrificio; todo lo contrario que las víctimas de la represión inmediata que acabaron sus días encarceladas o ejecutadas tras juicios sumarísimos y sepultadas en la fosa común del camposanto, lugar al que habitualmente iban a parar los muertos indocumentados o los pobres que no podían pagarse una sepultura. Durante décadas pareció perderse la memoria de este Patio 42 hasta que en octubre de 2002 el Ayuntamiento de Toledo decidió ampliar el Cementerio Municipal por su lado este, topándose con la fosa común. Las máquinas excavadoras no tardaron en hallar montones de restos óseos mezclados y calaveras con agujeros de bala. Surgió entonces un movimiento ciudadano que se autodenominó «Patio 42» con el objetivo de evitar que esos restos fuesen apilados en un osario y de lograr un reconocimiento a estas víctimas de la guerra olvidadas por la historia. En los dos últimos años, lo que queda de algunos de estos 727 cadáveres ha permanecido a la vista de cualquiera que tendiese la mirada al Patio 42, una morbosa situación a la que ahora el Ayuntamiento de Toledo pondrá fin con la apertura de un plazo de tres meses para que los cuerpos puedan ser reclamados e identificados mediante pruebas de ADN. Transcurrido este tiempo, los que sigan siendo «desconocidos» serán clasificados de forma individualizada, aunque su descanso definitivo podría ser un osario o un mausoleo.

«Patio 42»: una fosa común olvidada