miércoles. 17.08.2022

No se puede amar en Irak

La homosexualidad está perseguida en un país en el que también es complicado que un hombre y una mujer puedan tener relaciones sexuales sin estar casados. Testimonios de varias personas evidencian las dificultades a las que se enfrentan diariamente los jóvenes en el país.
                      Omar, de 24 años, en su ciudad natal, liberada del Estado Islámico en 2016. ALEJANDRO MATRÁN
Omar, de 24 años, en su ciudad natal, liberada del Estado Islámico en 2016. ALEJANDRO MATRÁN

«Mañana viajaré y empezaré una nueva vida», sentencia al volante Ahmed, un joven iraquí de 27 años recién cumplidos que por primera vez no es capaz de mirar a los ojos. Cuando el coche es alcanzado por los suaves rayos de sol del amanecer que comienzan a calentar los cristales Ahmed, que buscará asilo en el extranjero, apaga la calefacción.

«Tuve un novio. Ahora es mi ex. Bueno, no, no es mi ex. No puedo llamarlo ‘mi ex’ porque es una mala persona». «Hizo algo vergonzoso: aceptó dinero a cambio de sexo. 400 dólares. Un día me pidió mi teléfono y le dije que si se lo daba destruiría todo. Insistió, así que se lo di», narra mientras intenta bajar ligeramente la ventanilla toqueteando nervioso los botones erróneos. «No pudo encontrar nada. Le dije: ‘no tengo ninguna persona nueva en mi vida. Solamente te tengo a ti y a mi familia’».

Como había prometido, Ahmed destruiría todo. «No me quiso dar su teléfono así que le pegué un puñetazo en la cara. Entonces me lo dio pero no quería introducir la clave. Le dije que si no lo hacía lo mataría allí mismo con mi pistola, le di otro puñetazo en la nariz y lo tiré al suelo». Cuando desbloqueó la pantalla Ahmed descubrió todo.

«Los hombres iraquíes son todos así. Juegan con los sentimientos de los demás. Cuando abrazo o beso a otro chico me siento feliz pero no puedo amar porque no puedo confiar en nadie. Nadie me merece. Nadie merece mis sentimientos. Así que he decidido que voy a estar soltero el resto de mi vida».

Cuando el Estado Islámico conquistó varios territorios en la provincia de Anbar en 2014, Omar, que después huyó a la capital, tenía 16 años. Mientras las banderas negras ondeaban en su pequeña ciudad, él besaba por primera vez a su amigo escondidos en un coche. «Le dije que me gustaba mucho y él accedió a tener relaciones sexuales conmigo. Después me dijo que no me quería y que solamente deseaba tener sexo con cualquiera. Ahora no puedo ni verlo. Se aprovechó de mí».

Masculinidad
«La sociedad dice que un hombre de verdad debería ser fuerte y mostrarlo en su forma de moverse»

En Irak es complicado que un hombre y una mujer puedan mantener relaciones sexuales si no están casados. Gran parte de los jóvenes viven con su familia incluso después de casarse y reservar una habitación de hotel es imposible sin certificado de matrimonio. La prostitución es la excusa. Tampoco está permitido que un iraquí reserve una habitación de hotel en su propia ciudad. «En Irak hay muchos hombres que tienen sexo con otros hombres porque no pueden hacerlo con una mujer. Pero eso no significa que sean gays», dice Alí, un empresario de 28 años, que como muchos otros lleva su sexualidad en secreto, mientras revisa una aplicación de citas homosexuales.

Los roles sexuales parecen tener un gran peso en cuanto al concepto de honor en la región. Actitudes más dominantes son a menudo excluidas de lo gay, término que suele reservarse para cualquier comportamiento fuera de lo tradicionalmente entendido como masculino. «La masculinidad es definida mediante un bigote, músculos, vello corporal, ira y una sensación de protección. Nuestra sociedad dice que un hombre de verdad debería ser fuerte y sólido y mostrar eso claramente en su forma de moverse y de pensar», apunta Yousif en IraQueer, una organización iraquí que aboga por los derechos de la comunidad LGBT en el país. «Si queremos hablar sobre los daños que la masculinidad tóxica produce a los hombres homosexuales en particular, la palabra que mejor lo describe es ‘muerte’. La homosexualidad está prohibida tanto en la religión como en la sociedad. Incluso los hombres transgénero y transexuales no son vistos desde la perspectiva iraquí como completos hombres sino como individuos que carecen de masculinidad».

Omar prefiere mantener el anonimato. ALEJANDRO MATRÁN
Omar prefiere mantener el anonimato. ALEJANDRO MATRÁN

Si ya la situación de discriminación hacia la comunidad LGBT en Irak es grave, incluso en los espacios seguros para sus miembros muchos sienten que les es imposible amar o ser amados. «Me planteé suicidarme en su momento, con pastillas, y lo único que me lo impidió es el hecho de que el suicidio es haram», anota Omar con calma apoyándose sobre la mesa del restaurante donde trabaja.

Aunque no todos pueden permitírselo —bien sea por cuestiones económicas, porque no poseen un pasaporte o porque no consiguen asilo en otro país —, otra opción es abandonar Iraq. «No sé cómo decirle adiós a mi familia. Le he dicho a mi madre que si llora me quedaré aquí así que le he pedido que no llore por mí», dice Ahmed mirando al frente.

No se puede amar en Irak
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