jueves 26/11/20
Confinamiento nocturno

Queda poca esperanza en el toque

León era un desierto antes de las diez de la noche. En la calle, a pocas horas del confinamiento nocturno, se respiraba poca esperanza en una medida que obliga al cerrojazo de la actividad no esencial y al aislamiento domiciliario hasta las seis de la mañana, un estreno que se prolongó una hora más por el cambio de horario. Tras 18 días de restricciones perimetrales, el toque de queda se estrena con una incidencia de 840 contagios por 100.000 habitantes.
Control policial en la plaza de Santo Domingo una vez iniciado el toque de queda. FERNANDO OTERO
Control policial en la plaza de Santo Domingo una vez iniciado el toque de queda. FERNANDO OTERO

El toque de queda se estrena con una hora más por el cambio horario. Antes de las diez de la noche las calles ya están casi vacías. Tras 18 días de confinamiento perimetral, ni el municipio de León ni la provincia logran frenar el avance del virus, que hoy acumulaba una incidencia en la ciudad de 840 casos por 100.000 habitantes. En la calle se respira poca esperanza en la eficacia de una medida  que las personas consultadas por este periódico consideran «ineficaz», «a medio camino», «una estocada más», «un chiste» y «una ruina». 

Un grupo de jóvenes conversa junto a Botines. Son Helio Rodríguez, de 23 años, Arturo Vega, Víctor Fernández y Enrique Martínez, de 24 años.    

«Me parece una medida ineficaz». Helio estudia Economía en la Universidad de León. «Ni yo he ido ni conozco a nadie que haya ido a un botellón estos días. Creo que esta medida va a evitar pocos contagios. La gente va a seguir en los trabajos presenciales, en los bares, en los medios de transporte. La excusa del botellón no vale porque es un colectivo minoritario». Helio asegura que tiene mucho cuidado en cumplir con todas las medidas «porque mi padre es una persona de riesgo».

Comienza el toque de queda. F. Otero Perandones.

La plaza de Regla, vacía, una vez comenzado el toque de queda. FERNANDO OTERO

Enrique Martínez, también estudiante de Economía en la Universidad de León, asegura que «ni he ido ni he visto un botellón». Cree que el toque de queda «es una medida que no va a reducir nada la incidencia. «Creo que han señalado al ocio como un cabeza de turco, pero no están teniendo en cuenta los contagios en los trabajos presenciales, en los medios de transporte, no creo que los botellones sean la mayor fuente de contagios».

Arturo Vega trabaja en una farmacéutica de León. La primera ola llevó a su padre a la UCI y a su madre a un ingreso hospitalario en planta. «Tal y como está planteada esta medida se queda a medio camino entre lo que hay que hacer y lo que la gente quiere que se haga». Este joven de 24 años apuesta por adelantar el inicio de la hora del toque de queda a las siete de la tarde. «Cerrar todo a las diez no tiene ningún efecto porque evitarán los botellones en la calle pero va a fomentar las fiestas en las casas».

Tampoco le parece buena idea a Víctor Fernández, que trabaja en Valladolid. «No va a evitar nada. Los bares ya cerraban a las diez. Ahora ya no van a poder ni dar cenas y los restaurantes van a ir a pique. Esto que hacen es prueba y error».

«Esta medida no está pensada con mucha cabeza». José Ramón Vázquez tiene 76 años y el toque de queda es el tema de conversación con su amigo Francisco Caballero, de 64. «Las fiestas y los botellones se van a seguir haciendo, es una medida que parece un chiste y una tomadura de pelo», cree Vázquez. «Sólo hay que fijarse un poco para ver que en algunos trabajos las medidas de seguridad son inexistentes. Tomar la decisión de cerrar sólo de noche es un error. Es como si el virus sólo estuviera por la noche».

«Por la noche se duerme y no se contagia», dice Francisco Caballero. «Habría que haber cerrado antes todo. Ser más rígido con las medidas pero con una duración menor. El confinamiento total de la primera ola funcionó, pero tiene que durar menos tiempo».

Benavides de Orbigo a las 22:00 pm del día del toque de queda. coronavirus.

Una calle de Benavides totalmente desierta una vez iniciado el toque de queda. JESÚS F. SALVADORES

Se acabó la fiesta, o eso se espera, pero también el negocio. «Esta medida es una estocada más, pero tarde o temprano llegará la puntilla». Miguel Ángel Matilla es el presidente de la Asociación de Taxistas de León, un colectivo que reúne a 180 profesionales. «Nuestro gremio depende de la hostelería, la restauración y el turismo. Antes de la pandemia trabajábamos cien taxis de noche y ahora los diez que salen lo hacen para cubrir servicios de urgencia. Somos un servicio esencial y vamos a seguir trabajando pero si la gente no sale, si no hay turistas, ni ocio no trabajamos. Vemos mucha tristeza y rabia en la gente. Siempre pagamos los mismos. La clase política no tiene ni un gesto en bajarse el sueldo mientras esta pandemia está afectando a todo el mundo».  El virus también ha afectado a algunos taxistas. «Estamos muy orgullosos de nuestro trabajo, los compañeros están dando la cara todo el tiempo».

Los bares, cerrados a las diez

Con el toque de queda, bares y restaurantes cierran a las diez de la noche. Los clientes tendrán que abandonar antes el local, justo con el tiempo necesario para llegar a sus casas antes del toque de queda. «Los trabajadores podremos estar hasta las once recogiendo y preparando para el día siguiente». Martín Méndez, presidente de la Asociación de Hostelería de León, defiende la seguridad de los establecimientos hosteleros. «Los datos que aporta el propio ministerio dicen que el contagio en la hostelería es de menos de un 3,5% y de los pub un poco más, hasta el 7%. Es más seguro que juntarse en una casa sin control. Esto es la puntilla para el sector servicios. No tenemos perspectivas. En otros países se ha dicho que es para tener una campaña de Navidad más normal, pero aquí no dan explicaciones».

La cultura no para

«La cultura no puede parar». El responsable de la coordinación cultural de la Universidad de León, José Tabernero, sostiene que los teatros y los cines son zonas seguras. «Cumplimos con todas las medidas de seguridad, higiene y el distanciamiento. La cultura va a seguir. Adelantaremos nuestros horarios para adaptarnos al toque de queda». Las restricciones afectan a la configuración de la programación. «Los cierres perimetrales nos complican porque no se mueve mucho. Las distribuidoras y las productoras cinematográficas  retrasan los estrenos, pero en noviembre tenemos cuatro conciertos, cuatro funciones teatrales y ocho películas».
 

Queda poca esperanza en el toque