viernes. 01.07.2022

Elisa Sacristán recordaba a su abuelo, Federico Sacristán, uno de los desaparecidos de Villadangos, que le decía a su abuela: «Mándame una manta de las que calientan y de comer no me mandes nada que nos dan bien, déjalo para mis hijos». Ayer no había podido dormir de la emoción de pisar, a sus 74 años, por primera vez el lugar donde estuvo preso su abuelo. «Quiero que nos ayuden a encontrarlos. Yo quiero llevarlo con mi abuela». María Jesús Rojo Castro, sobrina de Francisco y Jesús Rojo Álvarez, de 18 y de 16 años cuando fueron encarcelados tras ser apresados en Ardón, ya no pretende siquiera encontrarlos. Quiere que se sepa lo que hicieron: «Como ellos hubo mucha gente trabajadora y humilde». Lamentó que siga habiendo dos clases entre las víctimas: «Los caídos por Dios y por España y los tirados por las cunetas». A San Marcos se acercó con emoción Pilar González, sobrina del alcalde de Mansilla, también desaparecido en Villadangos.

«Quiero que nos ayuden a encontrarlos»
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