sábado 8/5/21

Salvar la trashumancia

La Comisión Europea patrocina el proyecto Life Cañadas, una iniciativa que pretende proteger las vías pecuarias impulsando la trashumancia
cañada
Cañada de la Vizana. DL

Son las rutas tradicionales del ganado trashumante, los caminos que aún recorren, aunque cada vez menos, las ovejas. Las vías pecuarias o cañadas han sido durante siglos los lugares por los que recalaban miles de ejemplares ovinos que huían del calor y buscaban los mejores pastos en latitudes altas.

Conservar el movimiento ganadero es mucho más que el deseo nostálgico de preservar una estampa bucólica. Si sobrevive el pastoreo trashumante, se consigue dar larga vida a estos "corredores ecológicos", como los define Francisco Martín Azcárate, biólogo, profesor en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y coordinador del proyecto Life Cañadas.

Esta iniciativa, financiada en un 60% por la Comisión Europea, aspira a mantener estos terrenos libres de los surcos del arado y de la omnipresencia del asfalto.

El fin que se persigue no es otro que proteger hábitats naturales.

En España, se calcula que la red alcanza unos 125.000 kilómetros de longitud, lo que supone una superficie de 421.000 hectáreas, casi el 1% de la superficie de España.

El plan auspiciado por la Comisión Europea, que se extiende hasta 2024 y cuenta con un presupuesto de 1,8 millones de euros, se centra este año en las vías pecuarias de la Cañada Real Conquense y en la red de vías pecuarias de la Comunidad de Madrid.

La primera, que cruza Sierra Morena hasta llegar a las estribaciones de los Montes Universales, se despliega en una extensión de 532 kilómetros cuadrados. La vía atraviesa tres comunidades autónomas y cuatro provincias: Teruel (Aragón), Cuenca y Ciudad Real (Castilla-La Mancha) y Jaén (Andalucía). "Prácticamente es la única cañada que presenta un movimiento trashumante importante, especialmente ovino, pero también bovino de carne", dice Francisco Martín, quien alega que uno de los problemas con que se enfrentan los rebaños es la escasez de abrevaderos y charcas.

Por su parte las vías pecuarias de la Comunidad de Madrid soportan un grave deterioro, especialmente al sur y sureste de la región, causado por el aumento de la urbanización y las explotaciones agrícolas.

La anchura del suelo se ha ido reduciendo, mientras que el tráfico de vehículos lo ha ido compactando. Gracias a la iniciativa se está haciendo un trabajo para recuperar la vegetación originaria y la nidificación de abejas silvestres, insectos que desarrollan una importante labor polinizadora. Todo ello sin descuidar las tapias de piedra, que protegen el reservorio de reptiles y micromamíferos.

La sierra de Guadarrama, aun estando degradada, luce un mejor estado de conservación. Pero las vías que francamente están mal se hallan en la zona meridional y el entorno de la ciudad, donde se concentran los esfuerzos de Life Cañadas.

Martín Azcárate y su equipo observan con detenimiento las hormigas para conocer la salud ambiental de algunos hábitats: "En España tenemos unas 300 especies de hormigas autóctonas. Juegan un papel muy importante en muchos procesos ecológicos, como por ejemplo la descomposición de materia orgánica y la recolección de semillas". Otro indicador muy útil son ciertas especies de interés cinegético. Poblaciones de conejos o perdices, aparte de su interés intrínseco, son el principal alimento de aves rapaces.

Refugios y descansaderos En lo que atañe a la Cañada Real Conquense, los coordinadores del proyecto están manteniendo una serie de encuentros con ganaderos, que a la postre son los que procuran a los biólogos una información valiosa.

Y es que para que la trashumancia reviva es preciso la restauración de refugios y descansaderos, la reposición de mojones en zonas invadidas y la eliminación de escombreras, entre otras acciones. Los descansaderos permiten descansar al ganado y a los pastores al terminar la jornada trashumante, en la que antaño se recorrían entre 20 y 30 kilómetros, Como caminos históricos, las cañadas están protegidas por la legislación y son de dominio público. Las leyes las consideran suelo protegido, pero cada día más son víctimas de ocupaciones que desvirtúan su naturaleza.

Son las comunidades autónomas las que se encargan de su gestión y las responsables de deslindar y amojonar las vías pecuarias. "Esto lleva mucho retraso. Muchas están cartografiadas, pero cuando llegas al campo no las encuentras. A veces se generan conflictos con agricultores y otros usuarios o propietarios del terreno que se han comido o usurpado lo que es la cañada", aduce Martín.

Las vías pecuarias están clasificadas en cuatro categorías según su anchura. Las cañadas tienen hasta 75 metros de anchura, los cordeles (37,5 metros), veredas (hasta 20) y las coladas, que representan cualquier vía de menor anchura que las anteriores.

Un patrimonio cultural respetuoso con los ecosistemas La importancia social, económica y medioambiental de la trashumancia y las vías pecuarias motivó que, en 1995, se creara en España la denominada Red Nacional de Vías Pecuarias. En ella se integraron "todas las cañadas y aquellas otras vías pecuarias" que garantizaran su continuidad, siempre que su itinerario discurriese entre dos o más comunidades autónomas.

La ley considera estos caminos "auténticos corredores ecológicos, esenciales para la migración, la distribución geográfica y el intercambio genético de las especies silvestres". Aparte de su papel para proteger los ecosistemas y activar la ganadería, la trashumancia representa un patrimonio cultural que atrae el turismo.

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