martes 19.11.2019

«Sí, hay que ser valiente para superar un cáncer y reconstruirse el pecho»

Ana Isabel Gutiérrez, segunda por la izquierda, con las mujeres que preparan la carrera. MARCIANO PÉREZ.
Ana Isabel Gutiérrez, segunda por la izquierda, con las mujeres que preparan la carrera. MARCIANO PÉREZ.

— ¿Cuánto tiempo lleva en la asociación?


—Cuatro años. Llegué al mes de operarme. La asociación me ha aportado mucho. Cuando empecé los tratamientos ya iba con ventaja porque aquí ya me prepararon para lo que tenía que pasar, hasta el color de la quimio de cada sesión y el tiempo que pasaría hasta que se me cayera el pelo. Juegas con ventaja porque ya no vas con el miedo a lo desconocido. Me he sentido muy a gusto

 

—¿Cuándo le detectaron el cáncer de mama?

 

—En una mamografía en junio de 2015.

 

—¿En una revisión rutinaria?

 

—Sí. Me revisaba todos los años desde el año 1991 porque tengo microcalcificaciones en el pecho izquierdo, pero el cáncer me lo vieron en el derecho, que siempre estaba bien.

 

—¿Qué edad tenía?

 

—55 años. Llevaban años vigilando una mama y luego tuve el cáncer en la que estaba bien. Me apareció en seis meses. Son las ironías de la vida. Me dieron un tratamiento hormonal porque no me bajaba la última regla, la tenía retenida en el endometrio. A los seis meses tuve la revisión y me lo vieron. Depende mucho de las mamas. El estudio y la detección es peor cuanto más fibrosa sea la mama porque no dejar ver bien lo que hay debajo.

 

—¿No se había notado nada?

 

—Nada de nada de nada. Y el tumor tenía más de 2 cm aunque cuando me operaron ya era de cuatro. En el momento en que me hicieron la biopsia aquello creció.

 

—¿Recuerda qué sintió cuando le dieron el diagnóstico?

 

—Me acompañaba mi hija pequeña, que tenía 18 años. Fue un jarro de agua fría para mí pero mi niña se derrumbó y tuve que consolarla.

 

—¿Pensó en la muerte en ese momento?

 

—No. Soy positiva. Nunca me he preguntado que por qué me pasó a mí. Simplemente me llegó. Pensé ‘¿y ahora qué hago?. Cogí el toro por los cuernos y me propuse luchar y tirar para adelante.

 

—¿Cuántas asociadas hay en Almom?

 

—Unas 200

 

—¿Supongo que no todas tendrán la misma actitud?

 

—No. Cada persona es un mundo y se toma las cosas de una manera. Hay gente que ya es pesimista por naturaleza y viene a la asociación muy fastidiada.

 

—Las asociaciones muestran la cara más optimista de la lucha de la enfermedad. En las carrera se ven mujeres fuertes, luchadoras. Pero hay otra cara que no dejáis ver con facilidad.

 

—De fácil nada. Es un proceso muy duro. Pasamos por unos tratamientos muy duros que a veces dejan secuelas como el linfedema del brazo, sobre todo las mastectomizadas. Hay que tener mucho cuidado con ese brazo porque es un problema para toda la vida que no tiene cura. En la asociación damos un atención especial a ese problema porque resta calidad de vida. Tenemos dos fisioterapeutas que hacen tratamientos.

 

—Con realismo. ¿A qué se va a enfrentar una mujer que tiene hoy un diagnóstico de cáncer de mama?

 

—Lo primero al miedo. Te preguntas ¿y ahora qué va a pasar?. Los tratamientos son muy duros. Yo llevé bien la quimioterapia, no necesité medicamentos para las naúseas. Pero hay mujeres que vomitan mucho. Los olores cambian, la comida sabe a hierro, están cansadas. Hay efectos secundarios.

 

—¿Cómo afectó a su vida laboral?

 

—Trabajo en el INSS y estuve de baja. Me sentí super apoyada por mis compañeros. A veces me agobiaban, me llamaban para tomar café, desayunar...me arropaban mucho.

 

—¿Cómo llevó la caída del pelo?

 

—Se me cayó enseguida. Esperaba que aguantara hasta después de reyes. No quería que me viera mi madre porque era una de las personas a las que más me preocupaba tener que decírselo. No quería que sufriera más y no se lo dije hasta quince días antes de operarme.

 

—¿Y su marido?

 

—¡Chapó! Pero no siempre es así. Hay parejas que rompen porque el hombre o no lo asimila o no está capacitado para asumir esa nueva etapa y acompañar a su mujer en el trayecto de la enfermedad.

 

—La operación y la mastectomía es una mutilación para el cuerpo de la mujer.

 

—Yo estoy mastectomizada y reconstruida. Nunca he tenido complejos. Una semana antes de la reconstrucción mi marido me dijo que si no estaba segura que no lo hiciera, que a él no le importaba.

 

—¿Es duro el proceso de reconstrucción de mama?

 

—Para mí si lo fue. Más que la quimioterapia. Es doloroso. Me veo ahora y estoy encantada, pero hay que ser valiente.

 

—¿A qué destinarán el dinero que recauden mañana en la gala solidaria?

 

—Para todas estas actividades que Almom facilita a las asociadas y no asociadas. La cuota de las asociadas son 40 euros al año y con eso poco podemos hacer. Las instalaciones hay que mantenerlas. Organizamos la gala solidaria y la carrera, que apoyan 7.000 mujeres.

 

—Los hombres quieren participar en la carrera ¿por qué no pueden?

 

—Somos conscientes de que hay un porcentaje pequeño de hombres que tienen cáncer de mama, que nuestros padres, maridos y hermanos sufren con nosotras todo el proceso. Pero cuando se empezó esta carrera hace siete años éramos un grupo pequeño de mujeres, se creó como la carrera de la mujer porque quisimos que fuera distinta al resto de carreras que se hacen en España. Mi marido me acompaña, pero no los dejamos inscribirse ni le damos camiseta, pero pueden ir a apoyarnos.

«Sí, hay que ser valiente para superar un cáncer y reconstruirse el pecho»