jueves 20.02.2020
Con los más necesitados

«A esta sociedad con tanto desafecto a lo colectivo le hacen falta caricias»

Entrevista a Javier Baeza Atienda, cura de la parroquia San Carlos Borromeo de Entrevías. 
Javier Baeza Atienza estará hoy en León para participar  en las II Jornadas de Educación Social de la ULE. DL
Javier Baeza Atienza estará hoy en León para participar en las II Jornadas de Educación Social de la ULE. DL

Le llaman el «cura rojo» porque siempre está al lado de los más necesitados. Su parroquia en Entrevías (Madrid) es el refugio de familias desahuciadas, mujeres maltratadas, inmigrantes sin recursos... «Este mes he cobijado en mi parroquia a cuarenta personas que no encontraban un techo en la capital de España». No tiene buenas relaciones con la institución eclesiástica y no lo oculta. Les achaca exceso de poder y de ponerse al lado de los poderosos. Javier Baeza Atienza está hoy en León para hablar de afectos y de La importancia de educar con y en el afecto, una conferencia dentro de las II Jornadas de Educación Social organizadas por la Universidad de León para abordar la gestión de las emociones. Tras la conferencia, la jornada seguirá por la tarde a las 16.00 horas con una mesa redonda con la participación de educadores y profesores que reflexionarán sobre las Diferentes emociones a lo largo de la carrera profesional del educador social. La jornada, de carácter bianual, tiene como objetivo dar a conocer al alumnado del grado en Educación Social la importancia del trabajo desarrollado por diversas entidades sociales. Además de la conferencia y la mesa redonda, la jornada cuenta con una zona de stands con la participación de una treintena de asociaciones de la provincia, el Ayuntamiento, la Diputación de León y la Gerencia de Servicios Sociales.

—¿Vivimos ahora en una sociedad menos afectuosa que antes?

—Mi experiencia es la de la exclusión social, donde los afectos son fundamentales. El momento actual es diferente. Tenemos herramientas útiles como las nuevas tecnologías, que también pueden provocarnos aislamiento. Estamos construyendo una sociedad atomizada con individuos que, aunque geniales y generosos, viven en un desafecto colectivo. Me parece que cualquier intervención educativa pasa por el encuentro personal, colectivo, asambleario y comunitario.

—¿Hiperconectados y aislados?

—Una sociedad líquida, en la que las relaciones son de usar y tirar, ficticias. La gente joven cuenta el nivel de amistades desde los ‘me gustas’ en Instagram o seguidores en twiter. Las redes sociales no pueden ser la medida de las relaciones personales y los afectos. Si no ponemos límite vamos a una sociedad despersonalizada que nos lleva a posicionamientos políticos de rechazo al otro, y eso ya lo estamos viendo.

—¿Cómo educar a los políticos en los efectos?. Sufrimos un ambiente crispado en la política, en la sociedad, los programas de televisión...

—Cada vez hay algo que se rechaza más. El diálogo es fundamental para cualquier intervención educativa. Machado decía ‘¿Tu verdad? No, la verdad ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela’. Quizás hoy todo está atravesado por ese partidismo —la palabra politización es hermosa y hay que recuperarla— de todo que hace que estemos viviendo una sociedad sectaria en la que los pronunciamientos no son buenos o malos sino que depende de quién los defienda. Eso construye una sociedad atomizada en la que sólo tenemos relación con las personas que nos aplauden y bailan el agua.

—Este tipo de relación y sociedad ¿a quién beneficia?

—A los sectores sociales e idiológicos que están pertrechados y creídos de razón y que piensan que la verdad es su realidad. La realidad es compleja y diversa como para que una sola mirada sea la única posible. Creo que beneficia a todos esos grupos sociales o políticos que piensan que su lectura. Cuando alguien concluye que su mirada es la única posible no sólo rechaza otras miradas sino a otras personas.

—¿Es un rechazo ideológico?

—No sólo. Hay ideologías que son rechazables, las que promueven al odio a las personas y la deshumanización. Hay ideologías rechazables, pero no personas rechazables, aunque tengan una determinada ideología.

—O sea, nos conducen a una sociedad fascista.

—Más deshumanizada. Se establece la guerra por un interés particular.

—¿Estamos en ese camino?

—Volverá a imperar la ley de la selva o la ley del Oeste. El que más poder económico, influencia política o más vocifere en las tertulias, supuestamente por su saber y su ciencia, impondrá su verdad

—Y la Iglesia ¿qué papel debería jugar que no está jugando?

—La Iglesia tendría que jugar un papel más evangélico. Anteponer la vida de los últimos, la de los pobres, a todos los devaneos ideológicos que responden más a una coyuntura política que a una ocupación y preocupación por la vida de los últimos.

—Lo hace Cáritas. ¿Es suficiente?

—Cáritas tiene su importancia pero la Iglesia va más allá de Cáritas. Tiene que ser toda la Iglesia la cumpla con esas líneas a las que el papa continuamente nos está llamando y que parece que no hacemos caso en la práctica, aunque lo citamos mucho, eso sí. El papa dice que tenemos que ser una Iglesia abierta, al servicio de los últimos. Cuando te pones junto a alguien tiene que ser para denunciar a aquellos que son causantes del malestar y del drama que vive mucha gente a nuestro alrededor. Mucha parte de la Iglesia tiene una ocupación importante con la vida de los últimos, pero a la institución le falta denunciar a los causantes de que haya tantos ciudadanos viviendo de manera tan calamitosa. Cáritas tiene su labor, pero la Iglesia se tendría que volcar mucho más en denunciar las causas de la pobreza.

—¿Y no lo hace?

—Creo que no. Tenemos una Iglesia que forma parte del poder. Hasta que no renuncie a las cuotas de poder a nivel político, económico y de influencia no será una iglesia transparente con el evangelio y no estará cerca de los pobres. Hay muchos compañeros que se están dejando la vida, pero la Iglesia como institución todavía es torpe a la hora de denunciar los causantes del drama que viven muchas personas en la sociedad.

—¿Quién es el causante?

—Hay un causante económico. Unos pocos tienen mucho y muchos tienen poco. Es España cada vez hay más diferencias. Eso provoca que haya un sector social con dificultades, no ya de vivir con dignidad, sino de sobrevivir. Toda esa nueva clase política y partidista que viene con un rechazo al diferente, al otro, son los corresponsables de que el odio y el rechazo a nuestros semejantes se vaya normalizando de una manera escandalosa. Eso puede acabar con un desastre social. Ya vemos como aumentan las agresiones a personas con diversidad sexual, cada vez se normalizan las barbaridades ideológicas contra las mujeres, los migrantes... Todo eso no puede ser la siembra de nada bueno en el futuro.

—Últimamente se escuchan continuamente frases como ‘los inmigrantes vienen a robarnos’, ‘solo llegan delincuentes’, ‘la mayoría de las denuncias por maltrato a las mujeres son falsas’... ¿qué le parece?

—Son mentiras y no es opinable. Es como si yo dijese que todos los diputados han robado. A lo mejor hay más de la mitad, pero no está demostrado, algunos incluso políticos incluso están en la cárcel. O digo que todos los curas son pederastas, o que los periodistas sois hacedores de las fake news. Las generalidades son falsas, intoxican y dificultan conocer la realidad de las cosas. Esos mensajes colaboran en establecer una sociedad del miedo donde cuesta acercarnos al otro. Lo educativo tiene que llevar a romper las barreras del miedo. Esos discursos echan humo para que pasen desapercibidos otros temas importantes. La sociedad tenemos que rearmarnos para colaborar e identificar la verdad o la mentira que nos despista de la verdad.

—¿Tiene buenas relaciones dentro de la Iglesia?

—Bueno... claro... dentro de la Iglesia... las tengo. También quería muchísimo a mi padre y el pobre estaba abducido por un canal de televisión que ni quiero ni me gusta. A mí me han salido los dientes dentro de la Iglesia, reconozco que hay gente valiosa, pero también reconozco que tenemos que cambiar mucho para que nuestra razón de ser sea cada vez más evidente. Jesús nunca requirió fe en él. Decía: «tu fe te ha salvado». Cuando la Iglesia reconozca la capacidad que tienen las personas de luchar por sus derechos, por recuperar su dignidad, entonces será una Iglesia más al estilo de Jesús. Tenemos que revisarnos y examinarnos y acabar con las cuotas de poder para estar más en el estilo de Jesús.

— ¿A cuántas personas atiende en su parroquia y cómo evolucionan las nuevas necesidades?

—En los últimos tres meses han vivido físicamente en la parroquia cuarenta personas que no encontraban sitio en la capital, Madrid. Se lanzan mensajes de que se ha salido de la crisis y esos provoca un sentimiento de impotencia y descalabro a las personas que no pueden sobrevivir, sienten impotencia y piensan que el problema es de ellos. Entramos en una situación de supervivencia, por eso calan los discursos del odio. Hay gente que no puede plantearse si puede renunciar o continuar con un trabajo mal pagado. Se enganchan a lo que sea. En los sectores obreros entra esa angustiosa necesidad de trabajar 12 ó 15 horas con sueldos bajos. No podemos pedirles a los trabajadores más vulnerables se sean defensores de los derechos sociales.

—¿Cuál es el afecto que más necesita la sociedad actual?

—La cercanía y la caricia. Faltan caricias. Nos relacionamos sólo desde las necesidades. Esa relación esta abocada al fracaso. Las personas son mucho más que eso. En este pequeño ventanuco que es la parroquia de Entrevías notamos que las caricias son el motor primario para luchar por la dignidad personal y colectiva.

«A esta sociedad con tanto desafecto a lo colectivo le hacen falta caricias»