jueves 5/8/21
Nuevos sacerdotes

«No somos solterones, ya hemos ido a fiestas y tenido amores»

Tres nuevos sacerdotes se incorporan a la Diócesis de León. Daniele Coppola, Adrián González Villanueva y Thierry Rabenkogo Mbourou se ordenarán sacerdotes el día de San Juan en la Catedral de León. Los tres, de 30, 36 y 35 años, son vocaciones tardías. «Aquí no venimos a hacer carrera», dicen.
Adrián González, Daniele Copola y Thierry Rabenkogo, en la terraza del Saminario San Froián. F. OTERO

El obispo de León, Luis Ángel de las Heras, ordenará el 24 de junio en la Catedral a tres nuevos sacerdotes que se incorporarán a la ‘plantilla’ de la Diócesis de León. El leonés de Vega de Infanzones, Adrián González Villanueva, de 36 años, el italiano Daniele Coppola, de 30 años, y el gabonés Thierry Rabenkogo Mbourou, de 35 años tendrán a partir del jueves, el día de San Juan Bautista, el oficio de enseñar, santificar y regir las parroquias a las que sean asignados, un cometido que realizarán con otros 154 sacerdotes de la Diócesis de León, 68 en la ciudad y 72 en el ámbito rural, ocho menos que hace seis años.

Los tres nuevos sacerdotes son vocaciones tardías. «Hemos vivido la vida, asistido a fiestas, nos hemos enamorado, pero nada de eso nos llenaba y siempre había un vacío existencial», coinciden en asegurar.

Tres sacerdotes, tres vidas diferentes con distinta procedencia y costumbres que les ha conducido al final a un mismo proyecto sacerdotal en León dos en el seminario San Froilán y uno en el Redemptoris Mater. «Nuestro destino ahora depende del obispo».

Adrián González, leonés

Adrián González tiene 36 años. Amplía sus estudios en Salamanca, colabora pastoralmente en la parroquia de San Francisco de la Vega, San Isidro Labrador y San Froilán, además de otros tres ayuntamientos de Vega de Infanzones, su pueblo natal. «Llego primero para aprender, observar y analizar». Su experiencia pastoral le ha mostrado la necesidad de «volver a ilusionar a la gente, sacarla de esta dinámica de nostalgia que nos estanca». Es consciente de que la Iglesia cambia más lentamente que la sociedad «y lo hace de un modo distinto» porque «la sociedad introduce cambios muy rápido sin plantearse hacia dónde va. La Iglesia se plantea cada cambio, no nos movemos por modas. Antes de decidir cada cambio hay que contrastarlo con el Evangelio». Pero reconoce que hay que «acelerar un poco para adaptarnos, pero también la gente tiene que conocer qué es la Iglesia, lo que dice. Yo también era anti Iglesia, hasta que se me cayeron todos los prejuicios».

Llama la atención que un seminarista al que le falta una semana para ser ordenado sacerdote reconozca un posición previa contraria a la Iglesia, pero no es inusual. «Ir a fiestas y tener novias no implica no creer en Dios, pero llegó un momento en que me planteé la idea de Dios que yo me había construido y se me empezó a revelar uno diferente al que no pude resistirme, con un mundo con otros valores para cuidarse uno mismo y también a los otros. Yo he ido a fiestas y he tenido novias. Les diría a los jóvenes que sigan su camino, que vivan su vida pero que no cierren la puerta a Dios». En mi caso, como sacerdote «gano mucho más que a lo que renuncio, y se renuncia a muchas cosas».

Tres vidas diferentes
Un leonés, un italiano y un gabonés estarán en la ‘plantilla’ de los 154 sacerdotes de la Diócesis

Daniele Coppola

«La Iglesia ya se está renovando», interviene el siciliano Daniele Coppola, de 30 años de edad. Daniele estudia en el seminario Redemptoris Mater de León y colabora pastoralmente en la unidad pastoral de Villablino. «El papa ha hecho varios sínodos y se ha pronunciado entre otras cosas sobre ecología y la familia, que está muy atacada a día de hoy. En la sociedad hay muchos cambios, pero el corazón del hombre no ha cambiado en siglos y siempre necesita el amor de Dios. El mensaje es que Cristo nos ama con nuestras limitaciones. Lo que pienso transmitir en mi pastoral es que Cristo da sentido a la vida y al sufrimiento que tenemos».

Daniel entró en el seminario con 20 años. «Nunca me planteé ser cura», recuerda. «Tenía una vida de playa en Sicilia, no era un estudiante modelo, le tomaba el pelo al profesor del Religión, me piraba las clases siempre que podía, tenía una moto, independencia, amores y decepciones. El corazón siempre nos mueve a ser queridos por otra persona, pero a pesar de todo eso sentía un vacío existencial porque sólo tenía una alegría efímera». La luz de la vocación se le encendió en España tras su participación en la Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Madrid los días 16 al 21 de agosto de 2011, el último gran encuentro internacional presidido por Benedicto XVI antes de su renuncia en 2013. El encuentro reunió en la capital de España a miles de jóvenes procedentes de todo el mundo. Entre ellos estaba Daniele. «En ese encuentro había chicas que a mí me interesaban, pero decidí apostar mi vida a Cristo porque tenía preguntas existenciales a la que nadie me daba respuesta y decidí ser misionero y estar disponible para la gente. Lo que yo quería era sentirme querido como soy, con mis complejos y mis limitaciones. Así me quiere Jesucristo. En España he sido formado para esta misión». Y su misión no lleva asociada una idea de Iglesia triunfalista. «Ser cura es una vocación, no un imperativo ni una visión de trabajo porque si fuera así me decantaría por otros que tienen mucho mejor sueldo. Aquí no venimos a hacer carrera». Asegura que no le interesa tanto llenar las parroquias «sino salvar a las personas». Su planteamiento es «que las personas conozcan a Cristo para cambiar sus vidas para ser padres, madres, esposas... pero esta sociedad no se plantea ni eso. Nosotros nos damos a la parroquia. No somos unos solterones, como bien dijo el papa, nos damos a los demás».

Daniele se refiere a las palabras del papa Francisco en una audiencia en Roma la semana pasada en la que advirtió a los sacerdotes del peligro de «creerse más inteligentes» que el resto, lo que puede llevarles al aislamiento y a la crítica de los laicos, por lo que les advirtió del riesgo de convertirse en «solterones» que «cotillean». «Chismorrear es un hábito de los grupos cerrados, un hábito incluso de los sacerdotes que se convierten en solterones: van, hablan, cotillean...», alertó el papa.

Este siciliano que formará parte de la Diócesis de León defiende una Iglesia «primitiva» que ayuda a salvar a las personas. Pero ¿salvarlas de qué?. «De todo lo que impide que lleven una vida plena. A pesar de las dificultades de la vida se puede vivir con alegría. Yo no estoy aquí para cambiar a la gente, sino para salvarla».

Thierry Rabenkogo Mbourou

«Me bauticé con 14 años. Lo único que no quería era ser cura». Al gabonés Thierry Rabenkogo, de 35 años, la vida le ha mostrado un camino que nunca imaginó. «Yo estaba obcecado en que no quería perder libertad. Thierry colabora en la unidad pastoral de Sahagún de Campo y en la capellanía del Hospital de León. «La Iglesia no es un club en la que los miembros que están cumplen unos requisitos y ya está. La Iglesia es samaritana, una madre que se para e el camino para ayudar a levantarse. Es nuestra casa, nuestro encuentro con Jesús. Tendríamos que analizar cómo es la relación con esa madre a la que siempre se vuelve cuando hay dificultades».

Thierry Rabenkogo no creció en una familia practicante, «mi encuentro con Jesús surgió con una comunidad viva». Entró en el seminario con 27 años. «Los que hemos vivido la vida antes sabemos ya cómo es el mundo en la universidad, con los amores, en las fiestas...yo iba a campamentos todos los veranos y tuve tiempo de pensar en mi vocación, que exige un acercamiento y vida en la fe y un gran conocimiento personal».

Debido a las restricciones sanitarias aún vigentes, la ceremonia de ordenamiento en la Catedral de León el 24 de junio se retransmitirá en directo por el canal diocesano de Youtube. Las personas que asistan sólo podrán ocupar los puestos que estén distanciados en un templo con el aforo limitado.

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«No somos solterones, ya hemos ido a fiestas y tenido amores»