viernes. 07.10.2022
pueblos
«En las zonas rurales pueden pasarse días, semanas o meses sin cruzarse a nadie».DL

Asoma ya el final de 2020, ese que parecía que nunca iba a llegar. Si la Nochevieja del año pasado nos hubieran explicado lo que estaba por venir, nos hubiéramos echado unas carcajadas. Y no, no ha sido un año de risas, ha sido un año de miedo, de desconfianza, de incertidumbre, de añoranza... Sentimientos que todos unidos dan lugar a sensaciones difíciles de explicar. Hay mucha gente que no se acostumbra a esta obligación de mantenerse aislado, de minimizar el contacto social (solo hay que ver las noticias para darse cuenta de la cantidad de inconscientes que piensan que esto «no va con ellos»).

Pero hay otra gran parte de la sociedad a la que el aislamiento obligatorio le está llevando a un exceso de introspección y, como todos los excesos, no es positivo. En las ciudades, solo salir a trabajar o a comprar implica seguro cruzarte con gente y facilita intercambiar alguna palabra con amigos o conocidos (si logramos conocerlos debajo de las dichosas mascarillas).

En las zonas rurales, pueden pasar los días, semanas e incluso meses sin cruzarte con nadie. Sanitariamente sin duda es una ventaja, pero emocionalmente las consecuencias de esta soledad forzada están aún por descubrirse. En los centros de atención primaria de las zonas rurales se han disparado las consultas solicitando ayuda psicológica para sobrellevar la situación, sin recibir respuesta.

Este tipo de atención se considera de segunda necesidad, no prioritaria en condiciones normales por lo que en la situación de alerta sanitaria que estamos viviendo, ni siquiera se contempla la posibilidad de atenderla. Y es una pena, porque la salud física está íntimamente relacionada con la salud emocional, formando la ahora famosa «salud integral». Está demostrado que una enfermedad física es mucho menos agresiva cuando la vertiente emocional es fuerte y robusta. Es decir, nuestro organismo es un ecosistema en el que todos los elementos están íntimamente relacionados.

Si uno falla, acaba fallando el conjunto. Igual que el planeta, un aleteo de una mariposa en Sri Lanka, puede provocar un huracán en Estados Unidos. Un derrame de productos químicos es Rusia puede transformarse en una nube de lluvia ácida en España. Sin duda son tiempos difíciles para todos, miremos la situación por donde la miremos, pero debemos aprovechar para pensar, reflexionar, fijarnos microobjetivos que nos lleven a la consecución de metas ambiciosas. Traslademos esta idea a nuestra Salud y también al cuidado del Planeta. Todo va de la mano.

Somos un ecosistema
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