lunes. 28.11.2022
HABILIDADES CANINAS QUE MEJORAN LA SALUD MENTAL

Sonrisas que sólo arrancan los perros

Cerca de 40 personas que viven en la residencia de la Fundación Alfaem participan en el programa ‘Proyectando sonrisas. Mi nuevo compañero’ que usa perros entrenados para potenciar la motivación, la expresión afectiva y las habilidades de ocio en pacientes con dificultades de socialización y cognitivas..
Zuri se encariña fácilmente con la gente. MARCIANO PÉREZ
Zuri se encariña fácilmente con la gente. MARCIANO PÉREZ

Zuri, un tranquilo y meloso husky siberiano, y Ada, una inquieta border collie, son la pareja canina que más sonrisas han arrancado en las últimas semanas a las personas con discapacidad mental que residen en el centro especializado de la Fundación Alfaem.

Personas que apenas se relacionan con sus compañeros, con poca capacidad para centrarse en una tarea o con escasa motivación para salir de la rutina esperan con ganas la llegada de Zuri, aunque en realidad quien les visita ese día es Ada, más pequeña y más movida. Pero igual de cariñosa y muy espabilada a la hora de recoger los premios que todo el mundo quiere darle por sus hazañas.

A Ada se le da muy subirse de un salto en las espaldas del entrenador y encaramarse a su pecho. Le encanta dar lametazos, los besos perros, y parece una danzarina cuando hace la vuelta completa a la orden de ‘back’. Ada relaja y abre el ambiente de la sala en menos de cinco minutos.

Zuri es especialista en hacerse el muerto y en dar la pata para saludar, algo que Ada aún no ha aprendido, o no va con su carácter.

Solo hay una cosa que a Ada no le gusta: «Que le cojan la cola», advierte Izam Zufiaurre, monitor de Educadog. Saber cómo tratar al animal y respetar sus ‘gustos’ es otra parte de las habilidades relacionales que se adquiere con el contacto canino.

«A los perros no hay que acariciarles cogiéndoles de la cabeza, porque se asustan. Imagínate que vas por la calle y se te echa alguien encima acariciándote la cara», explica.

En el ámbito de la salud mental, las intervenciones asistidas fomentan la motivación, la participación, entrenan la paciencia frente a la ansiedad, el trabajo en equipo y también la memoria.

El monitor propone jugar al bingo con Ada. Reparte unas tarjetas entre las personas que participan para que anoten las habilidades de la perra. Saltar sobre la espalda, hacer giros sobre sí mismas u ochos entre las piernas del monitor... Todo el mundo presta atención.

«Sólo me queda uno», dicen tres de los participantes con emoción. En realidad, nadie está pendiente de ganar aunque el monitor se ocupa de que se concentren en el juego y anoten las destrezas que hace la estrella de la sala.

Las personas están entregadas al disfrute. «El perro es elemento de motivación en sí mismo, factor sorpresa», dice el entrebador. Las carcajadas sonoras de Esther son el grado más elevado de emoción. Pero la sonrisa tímida de Silvia se valora como un triunfo enorme por sus terapeutas. «Es una persona que está muy aislada, prácticamente no se relaciona con nadie, lo que más le gusta es escuchar música», explica Gloria. De hecho, Silvia necesita levantarse y salir antes de que termine el juegue. Tiene sus tiempos. Por las ventanas que dan al patio se asoman las miradas curiosas de otras personas residentes que hoy no tienen sesión.

La relación con los perros desarrolla mucho la empatía, algo que a las personas con discapacidad por enfermedad mental necesitan especialmente, como apunta Vanesa Granja, directora de la residencia que gestiona la Fundación Alfaem. «Con estas intervenciones vemos relajación y sonrisas que son fáciles de arrancar a algunas personas», explican. Incluso quienes no son dados al contacto físico permiten que el animal les toque y les lama. «Están como en paz», dice la terapeuta ocupacional.

El centro se plantea ampliar el proyecto a una terapia canina más profunda con determinadas personas. Los buenos efectos de las cualidades caninas sobre las personas con discapacidad por enfermedad mental los vieron en el centro cuando hace unos meses empezaron a hacer salidas a la Protectora de Animales de León.

«Íbamos una vez a la semana y veíamos que había personas con un aplanamiento afectivo que a través del contacto con los animales mostraban sonrisas», explica Granja. Incluso llegaron a pedir una mascota para la residencia...

A partir de esta experiencia se pusieron en contacto con Educadog, un colectivo especializado en el entrenamiento de perros para intervenciones asistidas con personas mayores con alzhéimer y con diversidad funcional. Así surgió el programa Proyectando sonrisas. Mi nuevo compañero en el que participan cerca de 40 personas del centro residencial en grupos de diez.

Zuri se encariña fácilmente con la gente. MARCIANO PÉREZ

Con una subvención de 2.117 euros de la Concejalía de Familia y Servicios Sociales de León, que dirige Aurora Baza, se han financiado 18 sesiones y la adquisición de 10 tablets para estimulación cognitiva mediante el uso de nuevas tecnologías. «Hay personas reticentes a participar en actividades y a través del uso de los programas instalados su participación ha aumentado», explica Granja.

Educadog tiene programas de terapia canina y actividades asistidas con los animales que entrena en su escuela de Villaobispo. En el caso de la residencia de la Fundación Alfaem se ha optado por la segunda modalidad debido a la duración del programa. Los perros exhiben las destrezas que han adquirido tras mucho tiempo de entrenamiento. «Un perro necesita sobre dos años de para salir a sesiones reales, supone mucho esfuerzo», comenta Zufiaurre.

Sonrisas que sólo arrancan los perros
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