lunes. 28.11.2022
Las enfermeras mártires de Somiedo

Subida a Somiedo

Las enfermeras de Astorga llegan a Somiedo el 18 de octubre. Cada una es destinada a una compañía. Por sus cartas se conocen las necesidades y el ambiente que reinaba entre las tropas en vísperas de la tragedia, que ocurre una semana después.
Llegada al Puerto de Somiedo. 18 de octubre de 1936. FONDO UNZIETA GULLÓN

Por fin llega la oportunidad tan esperada. De los altos de Somiedo, donde hay un destacamento militar de vigilancia y control de los vecinos asturianos, y de los revoltosos de las cuencas mineras que no acaban de someterse a los nuevos designios nacionales, llega una petición que va a llenar de alegría a estas nuevas enfermeras que tantas ganas tienen de atender a los heridos, y muy especialmente a Pilar Gullón que lleva tiempo pidiendo a las autoridades una implicación mayor que la de coser y tricotar para el ejército. Desde el Puerto de Somiedo solicitan el envío de tres enfermeras para atender, en el hospitalillo que han montado, a los heridos de los pequeños y esporádicos enfrenamientos que se producen con los insumisos.

Este hospitalillo que ha organizado el Comandante Berrocal, en la misma casona (la más grande del pueblo) donde ha establecido la Comandancia, lo dirige el joven médico Luis Viñuela Herrero, un joven de León con la carrera recién acabada. Aunque este destacamento no está en la línea del frente, se producen escaramuzas y refriegas con los milicianos que defienden la República y surgen más heridos de enfermería de los que en principio se pensaba, así que el médico Viñuela necesita ayuda.

Las jóvenes astorganas, recientes enfermeras, llevan ya un tiempo trabajando en dos hospitales de sangre de la ciudad asistiendo a los heridos que llegan a Astorga de los distintos frentes. La necesidad y la urgencia de sus servicios las ha familiarizado con los primeros auxilios y las ha habituado a ser diligentes en esos menesteres.

El presidente de la Cruz Roja de la ciudad, el doctor Julio Matinot, hace una convocatoria entre estas enfermeras, que ya tienen cierta experiencia. Se necesitan tres voluntarias para subir a las montañas de Somiedo. Seis son las enfermeras que se ofrecen voluntarias. Tres de ellas son las hermanas Gullón y la prima Octavia, para ellas es el momento clave que estaban esperando. Ya estaban implicadas en los hospitales de la ciudad pero quieren implicarse aún más en eso de ayudar a salvar a la patria y lo de estar en un hospitalillo de campaña, en un destacamento militar, les parece de mucho más compromiso con la causa. Se decide que subirán, en primer lugar, Pilín Gullón, Octavia Iglesias y Olga Monteserín. Se acuerda también el hacer relevos de las enfermeras cada cierto tiempo. El día 18 de octubre salen para Somiedo las tres enfermeras. Les acompaña la madre de Pilín. Llegan al Puerto de Somiedo el domingo 18, allí las están esperando para celebrar con ellas una solemne misa de campaña. Ese día nos deja un importante reportaje gráfico, que no volverá a repetirse.

Su salida hacia las montañas era anunciada por el Pensamiento Astorgano el día 17 de octubre. Titulaba así: «Enfermeras al frente. Con destino al frente de Somiedo saldrán mañana, como damas enfermeras de la Cruz Roja, las distinguidas señoritas astorganas Pilín Gullón, Octavia Iglesias y Olga Monteserín. Deseamos un feliz viaje a tan abnegadas señoritas».

Allí se instalan las tres. Pilín cuenta en alguna carta a su madre y hermana cómo se organizan.

«Querida hermana Maca: como verás por Octavia (carta) estamos aquí muy bien, y contentísimas, pues todos son muy simpáticos.

Me levanto, asómbrate, a las siete de la mañana, y dormimos Olga y yo juntas y dormimos las dos muy bien, además en eso de las mantas somos iguales pues tenemos cinco mantas…

Por la mañana después de desayunar pasamos consulta, luego a las doce tenemos que dar el rancho o si no hacer un ponche o lo que vayan a tomar.

Pilín comenta en la carta lo bien que le viene el chaleco de piel que se ha llevado, por el frío que hace, pero necesita una capa y encarga que se la manden.

«Cada una de nosotras estamos destinadas a una compañía. Octavia a la 1ª Compañía de 3er Batallón y su Capitán se llama Farcinio. Olga a la Plana Mayor, y yo a la 1ª Compañía del 4º Batallón que su Capitán es Nonides. Aquí están Blanco y el hermano de Consuelo la boticaria. Esto te lo estoy escribiendo a la luz de una vela. La luz es lo que más extraño y nos traemos cada jaleo con las velas, las linternas y las latas de aceite que es una juerga.»

«Os pongo estas letras más porque la brigada no se marchó hasta hoy por la mañana y ayer por la noche os pusimos la carta.» «Se nos había olvidado deciros que nos mandéis 12 o 14 sábanas de las que hicimos en casa pues nos hacen bastante falta para la enfermería. También mandar de casa de Octavia novelas entre ellas las del Debate para los enfermos, y mandarnos cinta de la bandera que nos piden y no tenemos. No os olvidéis de que aquí estamos todos muy pobres y se hay algún alma caritativa que nos quiera mandar algo se les agradecerá en el alma. Adiós y que repito que estamos todas contentísimas y que todo el mundo nos trata con mucho cariño y están pendientes de nosotras. A Olga que le manden también caramelos y mantecadas, que nos mandéis con las sábanas las fundas. A todos recuerdos y con un ¡Viva España y el Ejército! Se despide vuestra hija y hermana PILIN»

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Paco Zamarreño, el comandante Berrocal, Octavio Iglesias, Pilar Yturriaga, Pilín Gullón, Olga Monteserín, Berta Zamarreño, Julio Matinot. FONDO UNZETA GULLÓN

El lunes día 26 de octubre (horas antes de ser hecha prisionera) Pilin escribe con mucho entusiasmo a su hermana Maca haciéndole, encarecidamente, multitud de encargos sin sospechar, ni imaginar siquiera, que el destino podría tener preparado un giro dramático para su vida, su fusilamiento tan sólo unas cuantas horas después. Le pide prendas de abrigo, ya había empezado a nevar en las montañas, también le encarga telas, pinzas para la enfermería, lanas… «Maca, por Dios, que no se te olvide nada de lo que te pido y a ver si aciertas con todo», le dice no fiándose mucho de la eficacia de su hermana. «El jersey que traje lo estoy haciendo para el Ordenanza del Comandante que es un chico de Valladolid muy simpático».

Comenta con alegría que le ha llegado la esperada capa de enfermera y que piensa estrenarla el próximo domingo, domingo que nunca llegará y capa que nunca estrenará.

Estaba previsto por el Comandante Berrocal y la Cruz Roja astorgana que las enfermeras harían relevo cada semana. Pero en la Comandancia estaban muy contentos con la actividad de las tres primeras enfermeras, con su trabajo y su talante alegre y dispuesto, por lo que al Comandante no lo pareció oportuno que se produjera el cambio previsto y así se lo comunicó a Matinot. Tampoco a ellas les hacía ilusión dejar aquel puesto en el que ya se habían hecho a las circunstancias y se encontraban a gusto y felices con su trabajo. Pilín le comenta a su hermana en la carta: «Dime el efecto que os ha hecho a todas lo que os dijo Aragón (José Aragón, secretario de la Cruz Roja local) de parte del Comandante, que dijo que no quería relevo; nosotros por nuestra parte encantadas con esa decisión.»

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Misa de campaña en el puerto de Somiedo el mismo día de la llegada. FONDO UNZIETA GULLÓN

«Cada día nos toca a una estar de guardia, a mí me tocó el domingo (día 25) y lo estaré el miércoles (día 28)». Esta guardia prevista ya no la pudo realizar pues ese día 28, o acaso el 27 por la noche, las fusilaron a las tres.

«Octavia está enfadadísima por no haberla escrito su madre. Devuelvo una tartera, no mandarme más sábanas. Adiós.» Así termina su última nota del día 26 de octubre de 1936, algunas horas antes de que las tres fueran tiroteadas.

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