sábado 18/9/21
Aprendices de pastor

La trashumancia hace escuela en Picos de Europa

Después de tres décadas sin ver las merinas en Picos de Europa, un rebaño extremeño se alimenta en Pandetrave, limpia los puertos invadidos por la maleza y es la escuela viva de un oficio milenario para jóvenes en busca de experiencias en la naturaleza.
Daniel, estudiante de 21 años de Murcia, es uno de los jóvenes becados por el programa operativo Ovinnova. marciano pérez

Cuando la niebla se levanta del valle de Valdeón, las ovejas enfilan el camino al puerto de Pandetrave. Las merinas de Llerena, Badajoz, son tan nuevas en la montaña como los becarios que este verano tientan el oficio de pastor en el parque nacional de Picos de Europa.

Las ovejas son el atractivo mañanero para los turistas que suben y bajan por el camino de los Lebaniegos. «Treinta años llevábamos sin verlas en Picos», dice entusiasmado el guía turístico. El rebaño rasga la soledad del paisaje y su movimiento por las empinadas laderas empuja hacia el cielo las últimas nubes, que atan como una cinta el pico de la Silla.

—«¿Habéis visto a unas ovejas por aquí?», pregunta un joven que camina solo por la senda.

—Vamos en su busca.

Es un joven murciano, cuenta, que está de becario con el rebaño trashumante, al mando de José Morgado Galet. Venía de pasar la noche en el hospital. No por el ataque de un lobo, sino por la picadura de una víbora. Daniel es uno de los 12 aprendices de pastor —cuatro en León— que este año se acercan a las entrañas de un oficio tan olvidado como poco valorado por la sociedad.

Estudiante de psicología en fase de reflexión, encontró la oferta del grupo operativo Ovinnova en internet y le pareció una oportunidad de acercarse a la naturaleza y alejarse de los riesgos del covid. Tras casi un mes con el rebaño y los otros pastores puede decir con conocimiento de causa que es un oficio que «tiene bastante más lío del que se ve por fuera».

Requiere, dice, de «un trabajo constante y un sentido especial para saber cuándo actuar». No tiene nada que ver con el trato con mascotas. «Hay que trabajar con el colectivo de las ovejas, entenderlas en su conjunto», explica. Y dice que no le salen las palabras porque los medicamentos, y posiblemente el susto de la víbora, le han dejado un poco mareado.

Desde Alicante ha subido hasta Picos de Europa Enrique Jiménez Brotons, de 36 años y en paro a causa de la pandemia. «Fui subdirector en un hotel y auditor de calidad en una compañía de alquiler de coches. Viajaba mucho. Con la pandemia se paró todo, primero estuvimos en un erte y luego un ere. Me interesé por el adiestramiento canino y de ahí llegué a la escuela de pastores», relata.

Dice que está aprendiendo mucho del oficio, del manejo y del cuidado del ganado, y destaca «los beneficios que tienen (las ovejas) para la prevención de incendios y cómo esparcen las semillas» en la enorme contribución que la trashumancia hace a la biodiversidad del planeta. Más allá de las lecciones que se pueden aprender en cualquier manual de la trashumancia, ha asistido con asombro al parto de alguna oveja y lo que conlleva: cargar con el cordero hasta la majada y ponerle a mamar con la madre.


Las ovejas en su camino al nuevo pastadero, sobre la vista de Santa Marina de Valdeón. MARCIANO PÉREZ

El pastor mayor es exigente. Consciente de que es el director al frente de esta escuela al aire libre que tiene tras de sí la sabiduría transmitida en su casa de generación en generación. José Morgado Galet es extremeño de Torremocha (Cáceres). Está al frente del rebaño de 950 ovejas de Llerena que desembarcó en Picos de Europa el 1 de julio. «Yo vine el 28 de junio, después de acompañar a mi hermano 34 días andando con su rebaño de 1.200 ovejas hasta Salamón», cuenta. «En mi casa fueron pastores mi abuelo, mi bisabuelo y mi padre y mi hermano ha hecho la trashumancia andando y de todas las maneras», apostilla José.

Enseguida se dio cuenta de que «llevan muchos años sin venir las merinas por aquí». Retamas y escobas se han ido comiendo los milenarios puertos. «Tanto se ha cerrado que ahora necesitan ovejas» para que los limpien. También ha visto bastante desidia en cordeles y vías pecuarias que en tierras extremeñas «están señalizados».

El chozo lo encontraron sin agua y sin luz, aunque en pocos días se solucionó y el servicio de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León instaló una ducha de agua que se calienta con una placa solar, aunque a 1.800 metros de altitud y a las diez de la noche cuando llegan a la majada siempre está fresca. Por lo demás, dormir durante tres meses en una tienda de campaña —es el habitáculo del pastor mayor y uno de los aprendices— y comer de lata, embutido y queso convierten a las cenas de patatas con arroz y bacalao en un manjar exquisito.


Manejar el rebaño, en el monte o en la dehesa, requiere de destreza y paciencia. MARCIANO PÉREZ

La escuela itinerante y viva de la trashumancia es una escuela de una cultura milenaria que ha quedado sepultada por la vida que convirtió la modernidad en la desconexión en los ciclos de la naturaleza y la vida delante de un ordenador. En Pandetrave, muy por encima del mirador al que se asoman decenas de turistas cada día, no hay cobertura. Los pastores, aprendices y veteranos, suben a un alto por la noche para mirar los Whatsapp,

«La experiencia es dura por la dificultad del terreno y las condiciones de vida, aunque tener luz y agua es un privilegio, y porque estamos incomunicados de nuestras familias y seres queridos», pero compensa, admite Enrique.

Alfredo Campos es el otro pastor contratado para la estancia de este rebaño de merinas que a mediados de agosto se mudarán a la zona de La Ercina. «Trabajé en Madrid desde 1991 hasta 2009, estaba de peón carretillero y nos mandaron al Fogasa». Nunca había subido tan arriba a pesar de ser de la zona, se arregla con poco y tiene la paciencia necesaria para estar las 24 horas en compañía de las ovejas. Lo que más le ha sorprendido es la maleza: «No me extraña que haya incendios», comenta. Desde 2018 probó con el pastoreo en verano.


Dani, José Morgado, Alfredo y Enrique con el rebaño. MARCIANO PÉREZ

Fredi, Kike, Dani y José hacen equipo con la media docena de mastines y Lazy, una collie preñada, que es «una excelente carea», y Yuri, un cachorro de apenas tres meses que no se cansa de andar. Es de raza de trabajo australiana.

Las ovejas dicen que son descendientes de las hidalgas, el reputado linaje de Luna que se ha multiplicado a lo largo de cientos de años de trashumancia entre León y Extremadura. Para el rebaño, pese a sus ancestros, es tan nuevo pastar en un puerto de alta montaña como para los aprendices de pastor el oficio cuyas enseñanzas están en peligro de extinción.

El proyecto operativo Ovinnova, una iniciativa apoyada por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente, impulsa la trashumancia como un modelo de aprovechamiento sostenible de los pastos en las dehesas y los puertos en invierno y en verano.

Con la Fundación Monte Mediterráneo como líder vertebra un centro de gestión norte-sur para poner en contacto a los ganaderos de Extremadura con los puertos del norte y apoyar logisticacamente y con nuevas tecnologías la trashumancia.

La trashumancia hace escuela en Picos de Europa
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