martes 02.06.2020

Un lugar sin tóxicos

León tiene un espacio libre de tóxicos. Es el único de Castilla y León y uno de los pocos de España a los que pueden ir las personas con Sensibilidad Química Múltiple. La arquitecta María Cornejo apuesta por otra forma de vida sin wiffi ni aditivos ni fuentes químicas. «No estamos locos, vivir así es posible», dice
Un lugar sin tóxicos

carmen Tapia | LEÓN

Bicarbonato, vozka y vinagre para limpiar y desinfectar. «Que no estamos locos, que se puede vivir así». La arquitecta leonesa María Cornejo ha diseñado un espacio único en Castilla y León y uno de los pocos de España libre de agentes tóxicos y corrientes electromagnéticas. En La Casa del Arzipreste pueden alojarse las personas con Sensibilidad Química Múltiple (SQM). La mitad de los clientes que buscan este refugio sufren problemas graves de salud si están en contacto con sustancias químicas. Es la enfermedad de las ‘personas burbujas’, reconocida por las autoridades sanitarias en España en 2014.

En la casa de Requejo de Pradorrey no hay wiffi —a no ser que la persona que se aloje lo pida expresamente—, los alimentos son ecológicos —tienen su propia huerta—, las sábanas y toallas están lavadas con productos ecológicos y puestas a secar al sol, no se planchan, no hay microondas, televisión ni aparatos que emitan ondas nocivas, y toda la información turística de la zona está en libros.

«Esto ya funcionaba en Estados Unidos hace treinta años», asegura Cornejo, especializada en arquitectura biológica y estructuras antiguas. «Es la marea de comer, vivir y experimentar de antes», asegura.

La casa rural ha sido el laboratorio de prueba de esta arquitecta leonesa. «He probado materiales y de la zona como el barro, ripio, barro y paja. Tenemos el único tejado de centeno de la zona, centeno que hemos plantado nosotros».

María Cornejo en las despensas en las que conserva todos los productos naturales. JESÚS F. SALVADORES

Las personas que padecen SQM sufren un auténtico calvario que les obliga en la mayoría de los casos a vivir confinados en su hogar y a ponerse mascarilla las escasas veces que salen a la calle. «Lo peor es que todos los días nos metemos para el cuerpo químicos y aditivos sin darnos cuenta y el riesgo es la acumulación. ¿Por qué hay tantos niños celíacos o con hiperactividad?. La razón está en la alimentación y las ondas electromagnéticas». Un mensaje que repite con insistencia «porque lo que más me interesa es concienciar. Concienciar de que es posible alimentarse con productos biológicos, «no es más caro, al contrario, simplifica mucho. No es necesario comer carne todos los días, con dos o tres veces al mes es suficiente siempre y cuando esa carne tenga todas las garantías. No es necesario comer dos kilos de tomates a la semana. Come uno, pero biológico, libre de químicos. No es necesario beber leche y menos desnatada. No es necesario protegerse la piel con cremas de pantalla total; ponte un bueno gorro y cúbrete la piel si tienes que salir a las horas punta. Para beneficiarse de la vitamina D hay que tomar el sol 20 minutos al día, diez por la mañana a primera hora y otros diez a última hora. Eso sí, en pelota, sin crema».

La casa tiene hoy dos huéspedes, Nayara, de Brasil, y Chiara, de Italia. Dos estudiantes de erasmus que buscan «el silencio y estar en un lugar sostenible en el Camino de Santiago». Encontramos a las dos jóvenes pintando parte de la cocina. El trabajo forma parte de otro de los proyectos de este espacio. «Sólo pueden pagar 20 euros por noche así que hacen algún trabajo para pagarse la estancia», explica Cornejo.

En esta casa, de 1774, también se imparten talleres y cursos intensivos en los que se enseñan pautas saludables de alimentación, higiene y limpieza.

En la despensa solo se conservan productos naturales, de comercio justo o en conservas preparadas en la cocina de la casa rural.

Iablena Petrova limpia la cocina de la casa con bicarbonato y vinagre. JESÚS F. SALVADORES

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