viernes. 03.02.2023
A lgunos de nosotros todavía recordamos con estremecimiento aquel día 7 de diciembre de 1965. Asistíamos en la Basílica de San Pedro a una de las celebraciones solemnes que marcaban el fin de las sesiones del Concilio Vaticano II. Aquel día se aprobaron cuatro documentos, entre ellos la constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo. Pablo VI nos recordó el interés de la Iglesia por la causa y la suerte de la humanidad y repitió una vez más que es preciso amar al hombre para poder amar a Dios. Cuando ya estábamos rebasados por gestos evangélicos llegó la sorpresa más inesperada. De pronto se anunció que se levantaban las casi milenarias excomuniones entre la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa. Pocos pudieron contener las lágrimas de alegría. Sabíamos que unos días antes, en la basílica de San Pablo Extramuros, Pablo VI se había reunido con todos los observadores no católicos. En esa ocasión les había dicho: «La Iglesia católica romana -sois testigos de ello- ha demostrado su buena voluntad de comprenderos y de hacerse comprender. No ha pronunciado anatemas, sino invitaciones. No ha puesto límites a su espera, como no los pone a su ofrecimiento fraternal de continuar un diálogo que la compromete». Ahora, en la víspera de la clausura solemne del Concilio veíamos que no sólo no se lanzaban excomuniones, sino que se levantaban las antiguas que habían dividido a los hermanos. Han pasado ya más de cuarenta años. Algunos frutos de aquella siembra se van recogiendo poco a poco. En los funerales de Juan Pablo II, vimos recibir la comunión al hermano Roger de Taizé, que poco después sería asesinado. En el arco de pocos días de este pasado otoño tenían lugar tres encuentros que hace años parecían impensables. El Papa Benedicto XVI se ha encontrado en Istambul con el Patriarca Bartolomé I, con el que ha firmado una importante declaración conjunta. Y en Roma ha recibido la visita del arzobispo anglicano de Canterbury y del arzobispo ortodoxo de Atenas. Si estos encuentros de la jerarquía cristiana son otros tantos signos de paz y de esperanza, entre los cristianos de la calle ocurre de todo, aquí y allá. Hay relaciones de amistad y de hermandad sobre todo entre las antiguas denominaciones cristianas. Y hay signos de intolerancia por parte de los nuevos movimientos evangélicos y de las sectas que hacen del ataque a los católicos su pan de cada día. Del 18 al 25 de enero celebramos todos los años la semana de oración por la unidad de los cristianos. Es éste un buen momento para examinar nuestras actitudes con relación al espíritu ecuménico que el Concilio propugnaba. Es una buena ocasión para pedir al Padre celestial que haga de nosotros un solo rebaño bajo el cayado de un solo Pastor. Es una oportunidad de gracia para descubrir todo lo que nos une y dejar a un lado todo lo que nos separa. Es la hora de oír los ruegos finales de Jesús. Día 20, sábado: Convivencia vocacional «Mar Adentro» (León, Seminario Diocesano, 11 h.) Sesión de formación complementaria para Profesores de Religión (León, 10-14 h.) Día 22, lunes: Comienza Cursillo Prematrimonial (Santa María del Páramo, Salón parroquial) Comienza Cursillo Prematrimonial (Ponferrada) Día 24, miércoles: Memoria de San Francisco de Sales, Patrono de la Prensa escrita Formación permanente para sacerdotes (La Nora del Río) Día 25, jueves: Fiesta de la Conversión de San Pablo Termina el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos Día 26, viernes: Fiesta de Santo Tomás de Aquino (Astorga, Seminario Diocesano, 11 h.) Formación permanente para sacerdotes (Ponferrada)

Un solo rebaño