domingo 22/5/22

DL2P26F2-19-23-32-3Hemos vuelto, otra vez, a la misma ansiedad que vivimos en episodios como la gripe aviar o el ébola. Como entonces, la emergencia de un proceso infeccioso nuevo producido por el virus Covid-19 perturba a esta aldea global y es deber de todos, autoridades sanitarias, expertos y ciudadanos, llevar a cabo la mejor gestión, sin alarma, con información veraz y pausada, haciendo de la población un colaborador activo, positivo y prudente.

El nuevo virus pertenece a una familia (coronaviridae), denominados así por la apariencia de corona solar que ofrecen las proyecciones o espículas de proteína que surgen desde la envoltura, capaces de producir numerosas enfermedades en mamíferos, incluido el hombre, y aves: procesos respiratorios, gastroentéricos, hepáticos, incluso nerviosos, de distinta gravedad. En la actualidad se han descrito más de 30 especies de coronavirus, siendo las que afectan a mamíferos y el hombre las de mayor interés. Una característica importante de estos virus es una elevada frecuencia de recombinación que origina cambios genéticos que, en la práctica, les permite evolucionar a virus nuevos, que se adaptan rápido a hospedadores diferentes y a nichos también nuevos, facilitando el «salto» o la transmisión entre especies animales o al hombre.

Además de producir enfermedad en muchas especies (perros, gatos, cerdos, mapaches, perros-mapache, ratones, ratas, vacas, caballos, civetas o hurones), una cuestión de gran interés, apunta a los murciélagos como su origen ancestral, dependiendo después, para el salto de especie, de muchos factores condicionantes, como los sistemas de explotación animal, no industrial, con estrecho contacto humano, su consumo como alimento, los famosos mercados «húmedos» asiáticos que incluyen animales salvajes vivos, etc., con algunos hechos clave; por un lado, que los murciélagos son mamíferos voladores y algunos migratorios, lo que facilita la difusión de estos virus y, además, su forma de vida en grandes colonias de individuos facilita un contacto estrecho entre ellos. Además de esto, pueden actuar como reservorios persistentes de estos virus debido al control de la inflamación y de la respuesta antiviral propia y, cuando se rompe, liberan al ambiente, grandes cantidades de virus, que facilita el salto de especie, al hombre, si éste se encuentra disponible en su vecindad, o a otros animales. A ello se suma, además, que estos virus pueden utilizar receptores de células de los tejidos respiratorio o intestinal, lo que facilita la infección y, después, la capacidad de evolución-adaptación, hace el resto.

Antes de ahora, con este origen probado en los murciélagos, se describieron dos brotes epidémicos de coronavirus, el SARS-CoV (Síndrome Respiratorio Agudo Grave), en 2002-03, que produjo 8.098 casos y 774 fallecimientos (un 9,8% de letalidad) y, todavía, en 2012, el MERS-CoV (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio), con una tasa de mortalidad del 34%, que ha producido hasta ahora 2.506 enfermos. En ambos casos, intervinieron entre el hombre y los murciélagos, sendos hospedadores intermedios, civetas y camellos. En la epidemia actual por Covid-19 se han superado ya los 82.500 casos, con una letalidad del 3,4% en China y del 1,3% en el resto de países, indicio de su menor virulencia. Parece así, que estamos ante un proceso nuevo, pero similar, con los murciélagos en el origen y el pangolín, como intermediario entre aquellos y el hombre. Conocer estos extremos es de importancia capital en la vigilancia y prevención de estas zoonosis emergentes, una tarea en la que la participación veterinaria en la identificación de portadores, vigilancia, diagnóstico y control, es insustituible en el contexto de una sola salud, previniendo de situaciones que generen contagios y faciliten el salto de especie al hombre. El Covid-19 es otro nuevo coronavirus de extraordinaria capacidad de difusión, al que hay que oponer un frente común basado en normas higiénicas simples, pero muy efectivas, controlando la eliminación de virus desde los enfermos y la exposición de los sanos, para reducir los contagios.

La práctica de medidas higiénicas y evitar concentraciones no seguras y situaciones de riesgo, es lo apropiado, con especial cuidado en los pacientes más vulnerables. Si así se hace, seguramente pronto será historia, a lo que habrán contribuido también los nuevos antivirales y vacunas.

Una gestión sin alarma
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