lunes 1/3/21
Vacunación en las residencias de mayores

«La vacuna es el principio, no el fin»

Atención Primaria completa la primera dosis de la vacunación en 150 residencias de mayores de la provincia
Ricardo de Paz, con 100 años, se acercó a vacunarse por su propio pie y no sintió ni el pinchazo. MARCIANO PÉREZ

Todas las residencias de mayores de León tienen la primera dosis de la vacuna contra el covid. Los equipos covid de vacunación completaron ayer la primera fase para la inmunización de 9.242 personas en 150 centros geriátricos, entre residentes y personal.

Hoy comienza en León la vacunación del personal sanitario en los centros de salud de León (28) y del Bierzo y también en el hospital ponferradino.

La residencia Santo Martino, de León capital, fue una de las que cerró ayer el ciclo. Un total de 68 residentes y 47 trabajadores se vacunaron al mediodía. «Os digo lo que digo en todas las residencias. Esto no es el fin, es el principio», advirtió la enfermera de la Gerencia Atención Primaria de León, Lidia López.

Aún a riesgo de ser «pesada», insistió: «No se pueden relajar las medidas de seguridad, porque la inmunización no se produce hasta siete días después de la segunda dosis», recalcó. «Estamos metiéndole al cuerpo la receta de lo que tiene que hacer para defenderse, pero lleva un tiempo», comentó.

El inicio de la vacunación en el colectivo de más riesgo y que más ha sufrido la pandemia —el 40% de la mortalidad es de personas mayores— ha sido recibida con buena aceptación. Más del 90% de las personas a las que se le ha ofrecido se han vacunado. La cifra es más elevada entre residentes que entre el personal que trabaja en estos centros. La segunda ronda de la vacuna se iniciará a partir del próximo miércoles en las residencias que fueron vacunadas el 30 de diciembre.

Con esperanza
«A ver si pasa esto y podemos hacer una vida casi normal. Nos ha cambiado la vida»

Antes de comenzar con los pinchazos, una llamada rutinaria pero imprescindible. La enfermera avisa al médico asignado para que esté disponible ante la posibilidad de que surja alguna emergencia. A mano, el aparato para tomar la tensión y el equipo de emergencias.

Josefa González, natural de Villasinta de Torío, fue la primera en ser vacunada en la residencia Santo Martino de León. Esperaba paciente mientras el equipo covid preparaba las dosis. Seis por cada vial desde esta semana después de que la Agencia Española del Medicamento autorizara esta dosificación (inicialmente se sacaban cinco dosis por vial y si sobraba no podía aprovecharse).


Arantxa Balas, trabajadora social de Santo Martino. MARCIANO PÉREZ

«A ver si pasa esto y podemos hacer vida casi normal», comentaba Josefa. «Yo no cogí la enfermedad pero da miedo porque hay muchos que los cogieron». Lo más duro de la pandemia ha sido no poder salir a la calle. «Nos ha cambiado la vida. Antes tenía libertad para salir a pasear y tomar un café, y hacíamos cosas. Ahora nada». También le duele la limitación del contacto de la familia. «Ha sido la única Navidad de mi vida, en 76 años, que no he podido celebrarla con mi familia. Sin poder abrazar a los nietos, ni a los hijos», lamentaba.

«La encerrona no es buena, la libertad está ahí fuera», comentaba Rogelio, un cura oriundo de La Mata de Curueño, que a sus 93 años (y medio) ve la vacuna «como un mal menor». «Deberíamos vacunarnos todo el mundo, por el bien general, no por el bien particular porque cada día hay más contagios», comentó el sacerdote, más aficionado a leer el periódico que a fijarse en lo que sale en la televisión. Entró hace un año en la residencia, cuando el virus parecía amenazar solo China y lo lleva con paciencia.

A contracorriente
La tercera ola ha pillado de lleno el inicio de la vacunación, limitada por las dosis de las vacunas

Ricardo de Paz, un centenario que se acercó por su propio pie a la sala donde se realizó la vacunación, marchó con la misma alegría que entró. «No he sentido nada. Me han puesto muchas vacunas», comentó el hombre, oriundo de Sahagún. «No he tenido ninguna enfermedad, nunca, nunca jamás», recalcó. Con muy buena memoria recuerda la proclamación de la II República en Sahagún, «el primer sitio donde se declaró: fuimos a la plaza a cantar ¡Viva la República!. Allí estuve yo».


Josefa González, de Villasinta, la primera en vacunarse. MARCIANO PÉREZ

Y tampoco se olvida de los seis años que se chupó de mili después de que le reclutaron para ir al frente a los 18. «Me tocó Cataluña, el Ebro y después Toledo cuando el Alcázar y cuando la guerra mundial nos pusieron en las frontera con metralletas para que no pasaran», recuerda.

La esperanza de que la vacuna reduzca los contagios también se manifiesta entre el personal. «A ver si podemos llevar una vida más normal, sobre todo para los abuelos que son los que llevan la peor parte. Nosotros entramos, salimos, vamos a nuestras casas», señalaba Arantxa Balas, la trabajadora social del centro.

La residencia pasó la primera ola sin contagios. Los tres meses de confinamiento «fueron lo más duro, sin ver a sus familiares», comenta. Cuando se volvieron a abrir las visitas, aunque restringidas, «algunos hasta mejoraron». El uso de las videollamadas han sido una novedad y el nexo de unión con las familias a través de las pequeñas pantallas de los móviles y de las tabletas. La segunda ola fue dura por los contagios y la continua reorganización del centro para realizar los aislamientos. La tercera ola ha pillado de lleno este proceso, que está más condicionado por la limitación en las vacunas que por la disponibilidad de los equipos, que trabajan a destajo.


Luis Prieto, otro de los residentes que recibió la vacuna. MARCIANO PÉREZ

«La vacuna es el principio, no el fin»
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