domingo. 27.11.2022

Lo mejor está por llegar. Es lo que, obligatoriamente, debemos plantearnos día a día los que nos dedicamos a la res pública. Y en esas estamos en la Ponferrada de 2022, por más que echando la vista atrás tengamos la tentación de pensar que (casi) cualquier tiempo pasado fue mejor. En esta semana se han cumplido ocho años desde que el planeta contemplara a Bradley Wiggins ofrecer su última exhibición sobre la bicicleta en la prueba contra reloj de los Campeonatos del Mundo de Ciclismo en aquella hermosa pugna con Tony Martin. Tres días después sería Pauline Ferrand-Prevot la que se llevase a Francia la carrera en Ruta Femenina, y el domingo 28 de septiembre de 2014 Michal Kwiatkowski se impuso en la meta de la Avenida de Asturias en un final apasionante. El maillot firmado por el campeón polaco que lucía enmarcado en una pared fue lo primero que retiró Gloria Fernández Merayo del recibidor de la alcaldía del Ayuntamiento nada más alcanzar el bastón de mando. Y en eso han estado primero aquel gobierno municipal y ahora el de Olegario Ramón, con el que comparte socios: en eliminar cualquier vestigio de lo mejor que le ha ocurrido a la ciudad en este siglo, que por otra parte es el mayor evento nunca celebrado en El Bierzo y que, por desgracia, no se repetirá.

El hecho de que no se vaya a repetir, por otra parte, tampoco debería ser un drama si tenemos en cuenta que poblaciones como Ponferrada no suelen acceder a la organización de acontecimientos de este calibre. Por eso mismo lo lógico sería, una vez que el municipio se lanzó y pudo culminar con éxito el reto, amortizarlo y recordarle al mundo cada dos por tres que la capital de un Bierzo de ciento veinte mil habitantes fue capaz de poner en marcha los que en su día fueron reconocidos como los mejores Campeonatos del Mundo del ciclismo contemporáneo. Pero eso sería tanto como reconocerle algún mérito a Ponferrada, y no en vano los que siguen nuestros comentarios saben que estamos gobernados por personas con un profundo carácter antiponferradino. Los que estuvimos, y estamos, en aquella batalla política ni esperamos ni queremos medalla alguna. Los que de muchas maneras se unieron a la extinta Fundación de Deportes en las tareas organizativas no aguardan tampoco ninguna recompensa económica que ni tuvieron ni desean. Pero es tremendamente injusto y de una deslealtad sonrojante que durante dos mandatos municipales se trate de sepultar el trabajo altruista de más de mil voluntarios. Como tampoco es de ley que no se agradezca a las firmas patrocinadoras su apuesta decidida por este territorio, que es lo que se hace cada vez que se miente diciendo que el Mundial se pagó íntegramente con dinero público. Ojalá los patrocinios hubiesen interesado tanto a los que niegan su existencia cuando la Fundación reclamaba a la empresa encargada de recabarlos una mayor implicación. Quizá si los dos partidos hegemónicos no hubiesen utilizado a esa empresa como ariete para vengarse de los que tratamos de limpiar un ambiente político que olía a cerrado y a cosas peores, se hubiesen puesto las pilas. Aquella venganza acabó con este alcalde, que lo era en 2014, y mis compañeros Emilio Cubelos, Sergio Gallardo o Marcos Díez haciendo de agentes comerciales de los Campeonatos del Mundo, y no puedo por menos que agradecer su apoyo a las empresas que, desoyendo no pocas presiones, patrocinaron el Mundial. A esa carrera, y los que estuvimos en ella no lo olvidamos, se unieron también las entonces consejeras autonómicas Alicia García y Pilar del Olmo. Lo hicieron con mucho más cariño por esta tierra que el que dicen profesar algunos que sólo quieren a Ponferrada para engordar su álbum de fotos en las redes sociales, y ellas pudieron conocer el alcance de la operación anti-Mundial que ya en 2013 era un hecho en algunas cloacas políticas en las que habitaban, curiosamente, miembros de aquellos partidos que anunciaron su apoyo «en lo bueno y en lo menos bueno».

Ocho años más tarde quedan cosas, sí, por más que a alguno le duela. El municipio ha visto desde septiembre de 2014 aumentar exponencialmente el número de visitantes, y no puede ser casualidad o resultado del cambio del horario en los museos, por poner un ejemplo de motivos absurdos que se han llegado a aducir. La imagen de la población más importante del Bierzo y del resto de la comarca se quedó en la retina de millones de espectadores en todo el mundo, y los que decidieron vivirlo in situ o los que vinieron a competir dejaron en nuestro comercio y hostelería un rédito de alrededor de 58 millones de euros, calculados en su momento por una consultora independiente. Sin embargo, a los dos últimos ocupantes del sillón de la alcaldía no se les ocurre otra cosa que mentar el coste económico que la prueba (la de menor coste que se haya celebrado con sus características en cualquier continente) tuvo para las arcas municipales. Y la verdad es la siguiente: ni Gloria Fernández Merayo ni Olegario Ramón han tenido que destinar un solo euro en sus respectivos mandatos para pagar nada relacionado con los Campeonatos del Mundo de Ciclismo. Ni siquiera sabemos para qué se utilizó el dinero que el gobierno que presidí dejó consignado en 2015 y los siguientes gobiernos se negaron a abonar.

La rentabilidad política es otra cosa, y esa no entiende de amor por Ponferrada. El Mundial se trató de judicializar y ni siquiera el hecho de no llegar jamás a juicio frenó a los oportunistas que fueron capaces de una feroz persecución política y personal con tal de manipular la opinión del pueblo para arañar unos votos. De hecho, dos años y medio después de que la justicia avalara la gestión de la Fundación de Deportes los Campeonatos del Mundo siguen sin recibir un trato justo por parte de aquellos que los denostaban bajo seudónimo para hacerse un hueco en el consistorio. Sin embargo no hay un berciano de bien que no se emocione al ver, ocho años después, la foto del pelotón mundialista volando al pie del Castillo. Ponferrada 2014 es lo que fuimos y lo que debemos aspirar a ser.

2014: Ponferrada, Mundial
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