domingo 20/9/20

TRIBUNA | Y ahora Zapatero dice que Otegui sí: qué bien

Es como si tuviéramos una enfermedad crónica incurable. No nos libramos de ella, hagamos lo que hagamos. Y no es por falta de ganas. Loco me voy a volver de seguir así. Algo tiene que estar pasando en nuestro interior para que escuchemos opiniones como ésta de Zapatero con relación a Otegui, y nos quedemos tan tranquilos. Es cierto que nuestro carácter es un poco diferente a lo conocido por Europa, pero esto está pasando ya de castaño oscuro. O sea que Zapatero dice, si no he entendido mal, que la participación de Otegui en estos tiempos pasados, ha sido poco menos que fundamental para el final de ETA. Eso entre otras cosas. De modo que «a la trágala» se quiere imponer a la ciudadanía las bondades de ese criminal llamado Otegui. Era de los nuestros y no nos dábamos cuenta. Menos mal que Zapatero nos lo ha aclarado.

 

De todas formas nunca se ha distinguido, dicho sea con todo respeto, por hacer las cosas, en general, de forma coherente. Cuando se tiene tantas ansias de poder suelen ocurrir estas cosas. Y tenemos que vivir con ellas. Le dejaron un silla, ¿recuerdan? Para una reunión del G-20 y le pusieron para tirar un córner, se presentó en plan gótico con sus hijas, en una visita al presidente Obama. Todo eso que se sepa. Habrá más cosas. Bueno, pues este buen señor, ahora tiene interés, y así lo declara, en demostrar que la acémila Otegui ha sido muy importante en la desaparición de ETA. Al revés te lo digo para que me entiendas.

 

Utilizando un poco el sentido del humor que tanta falta nos hace, podríamos decir que nuestros políticos, cuando no tienen nada para enredar, se lo inventan. Pero siempre mal. ¿Quién dijo aquello de que ‘no aciertan más que cuando se equivocan’? Estaba en lo cierto.

 

Un país que en cuatro años celebra cuatro elecciones generales, que cuando tiene que negociar para conseguir una investidura, tarda lo inimaginable, que cuando quiere aplicar la ley en Cataluña no se le hace ni caso y nunca pasa nada, es un país que no va bien. Por mucho viaje que haga el presidente en funciones y por mucha campaña subliminal que se ponga en marcha.

 

San Ignacio de Loyola, que era un adelantado a sus tiempos, puso en marcha los ejercicios espirituales porque consideró que cuando un cuerpo y sobre todo una mente están cansados, y tienen problemas, conviene parar, detenerse y ponerse a pensar en profundidad sobre el tema determinado que, por lo general, suele ser un problema. Esa es la cuestión. No debía estar muy equivocado el jesuita cuando, tomando su ejemplo y a partir de él, en nuestra era moderna han ido apareciendo cursos, talleres, reuniones y escuelas que hacen eso, muy mejorado y actualizado. Ahora lo llaman máster.

 

Nuestro país no tiene uno, tiene varios problemas y, por cierto bastante graves. Hay que ponerse serio y hay que ponerse a pensar. Bonita palabra pero de escasa práctica. No hay otra solución. La gente, las personas, pueden entenderse siempre hablando, conversando y, claro, llegando a acuerdos. Y justo eso es lo que no estamos haciendo. ¿Cómo van a ir las cosas? Pues muy mal. Eso es lo que está ocurriendo. Eso es lo que estamos viviendo. ¿Y quién es responsable? Naturalmente el de enfrente. No se concibe otra alternativa. Pues como dicen los del cambio climático, aún estamos a tiempo. La solución a lo que está viviendo nuestro país no hay que buscarla fuera. La tenemos junto a nosotros. Es una actitud. O nos ponemos en marcha y ganamos o se nos enquistará el problema y costará Dios y ayuda arreglar el desaguisado.

 

En todo caso, personajes como en inefable Zapatero flaco favor hacen a su país, que es el nuestro, haciendo ese tipo de declaraciones. No sabía yo que se llevaban tan bien Zapatero y Otegui.

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