martes. 31.01.2023
AFIRMAN que somos únicos en España, que no existe precedente de lo ocurrido en el Ayuntamiento de Villaquilambre. Tan inusitada situación ha llevado a los partidos políticos a solicitar el pronunciamiento de la autoridad electoral. PSOE y PP sostienen que lo que ha ocurrido en Villaquilambre es un fraude, ya que mantiene al frente de la alcaldía a una persona que perdió la cuestión de confianza a la que voluntariamente se sometió el pasado día 19 de diciembre. Alguien ha comparado la situación con lo ocurrido en la pasada legislatura en La Bañeza, también sin parangón en España. Pero no es así. En La Bañeza un concejal de la lista del hasta ese momento alcalde cogió la vara de mando al vuelo, cuando el secretario la pasaba por delante de su nombre y sin el consentimiento del resto de los compañeros de partido. En Villaquilambre, por el contrario, el pacto de familia funcionó, ninguno de los llamados a ejercer el cargo lo quiso aceptar, única razón por la cual continúa al frente del Ayuntamiento quien estaba obligado por ley a dejar la alcaldía. La Corporación de Villaquilambre, municipio próximo a la capital con una población de doce mil habitantes, está formada por ocho concejales de la UPL, seis del PSOE y tres del PP. Después de las últimas elecciones, fue elegido alcalde el candidato leonesista Lázaro García Bayón, con el apoyo del PP. Roto el pacto, García Bayón planteó la cuestión de confianza al pleno y los nueve concejales de la oposición, como parece lógico, le negaron su apoyo, se abstuvieron. Al no lograr el respaldo de la mayoría, automáticamente Bayón pasó a ser alcalde en funciones, a la espera de elegir al sucesor en el plazo de diez días, de acuerdo con lo establecido por ley. El pasado viernes se celebró el pleno. Ni UPL ni PSOE presentaron candidato a la alcaldía. El PP lo hizo de forma testimonial, ya que para ser elegido alcalde es necesario obtener la mayoría absoluta de los votos, algo que no podía ocurrir al no existir pacto alguno entre las fuerzas políticas. Consecuentemente, el alcalde tendría que ser el candidato de la lista más votada. Inhabilitado García Bayón, correspondía la alcaldía al siguiente de la candidatura leonesista. Pero ninguno de los siete concejales aceptó el mando. La ley, curiosamente, no prevé de forma expresa una salida ante esta situación. En 24 años de democracia municipal, no se había dado un caso similar que sentara jurisprudencia o que hubiera alertado a los legisladores para corregir la laguna jurídica. ¿Cabe la posibilidad de una convocatoria especial de elecciones en Vilaquilambre para salvaguardar el principio de que quien pierde una moción de confianza no puede seguir de alcalde? Habrá que esperar el pronunciamiento de la Junta Electoral. Los catedráticos de Derecho Administrativo de la Universidad de León, Francisco Sosa Wagner y Mercedes Fuertes, creen que el segundo de la lista más votada no puede negarse a ser alcalde sin renunciar al acta de concejal. De esta forma, también la provincia de León sería singular en algo más, tendría un alcalde por imperativo legal. Esta lectura contrasta con la tesis de quienes creen que la situación de interinidad del alcalde podría mantenerse sine día, es decir, hasta las elecciones municipales previstas para el año 2007. En todo caso, una mínima gobernabilidad exigirá de acuerdos permanentes del alcalde con al menos un concejal de la oposición. De otra forma, el Ayuntamiento vecino a la capital está llamado a convertirse en un circo. Con este preludio, nos adentramos en un tiempo de convulsiones políticas. Las elecciones del mes de marzo ya marcan la agenda. En el PSOE ni siquiera han querido esperar a que pasara el día de Reyes. El pasado viernes se reunió la Ejecutiva Provincial para poner en marcha el calendario de las nominaciones. Un trámite que los partidos políticos se aprestan a superar por exigencias de guión, exentos de fe en su propio trabajo. A nadie se le oculta que las listas electorales se confeccionan desde la cúpula, por más que se vista el mono de formas democráticas y de participación de la base. Así ha ocurrido siempre y así ocurrirá ahora. Rajoy y Zapatero dirán quiénes conforman las candidaturas de León, por más que entre los socialistas se hayan levantado voces críticas en contra de que el juez José Antonio Alonso sea quien encabece la lista al Congreso de los diputados. Se da también por seguro que el puesto número dos será para la repetidora Amparo Valcárcel, que se ha ganado la nominación a base de tesón y de un trabajo muy efectivo, sin duda como ningún otro parlamentario leonés, diputado o senador, pueda esgrimir en su favor. En la lista socialista al Senado ya se dan por seguros Canedo y Miguel Martínez, aunque aquí la disputa por el puesto no existe. El orden lo impone la primera letra del primer apellido. En el PP, pese al silencio de Mariano Rajoy -que en esto también parece querer copiar las maneras de Aznar- se da por seguro que la candidatura al congreso la encabezará Mario Amilivia. En su favor se esgrime una etapa de logros importantes en la alcaldía de León, así como el balance positivo de las últimas confrontaciones electorales. Quienes le apoyan recuerdan que Amilivia ha ganado las últimas tres confrontaciones electorales en el ámbito municipal (la pérdida de la alcaldía no es imputable al resultado electoral sino al cambio de actitud de la UPL en su estrategia de pactos), que ha sido también el único político que en una ocasión marcó el hito de conseguir la mayoría absoluta y que llegó a cosechar más votos para la alcaldía de los que obtuvo el partido en las elecciones generales en la capital. Nadie puede presentar mejores credenciales basadas en hechos, en resultados, y no en conjeturas. También aspiran a formar parte de la misma candidatura Juan Morano y el berciano Angel Escudero. El problema que se plantea en el PP es que nadie quiere ir de número tres, por si se registra el vuelco electoral en la provincia debido al efecto Zapatero. Si así ocurriera, el PP no sólo perdería el tercer diputado, sino que también se quedaría tan sólo con uno de los tres senadores que tiene en la actualidad. En todo caso, tendría plaza garantizada el catedrático Arvizu siempre y cuando no repita Amilivia como candidato al Senado. Está claro que Mario Amilivia ya tiene un aliado incondicional para sus aspiraciones a cambiar de cámara. ¿Y qué ocurre con la UPL? También habrá de despejar la incógnita en las próximas semanas. Se baraja como más acertada la posibilidad de no presentar candidatura. Se sospecha que el desgaste por esta actitud será menor al que sufirirá el partido ante la hipótesis de un mal resultado, previsiblemente sin antecedentes. Los motivos del pesimismo son la lectura del pacto municipal de León y, sobre todo, la bipolarización del voto que provoca la candidatura de Rodríguez Zapatero a la Presidencia del Gobierno. No cabe en esta ocasión que la UPL, como ocurre generalmente con los localismos de todo pelaje, pueda ser el refugio del voto cabreado o del indeciso.

¿Alcalde por decreto?
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