viernes. 03.02.2023
Escribió el estoico Gandhi que la grandeza de una nación puede juzgarse por la forma en que trata a sus animales. Pues bien, el comportamiento miserable de España con respecto a los que Leonardo da Vinci definía como «la expresión más perfecta de la naturaleza», ha oscilado desde siglos atrás entre la crueldad, la abyección y la simple estupidez. Con recordar que la bautizada como fiesta nacional consiste en martirizar toros a los sones de rancios pasodobles, queda todo dicho. Nuestro país está a la cola de las naciones europeas en cuanto a protección animal, aunque en un arranque de buenos propósitos el Gobierno ha incluido el maltrato en el paquete de delitos objeto de la reciente reforma penal. Una normativa que pretende castigar con meses de cárcel a quien mate o lesione gravemente a un animal, mientras que el abandono queda excluido por el momento de las medidas sancionadoras. En fin, la ley debe tomarse con pinzas a la espera de comprobar sus mecanismos de funcionamiento, pero sin duda supone todo un avance con respecto a la burricie anterior. En León tenemos una buena piedra de toque para medir si, efectivamente, ha aumentado la sensibilidad social con respecto a las mascotas. Ahí permanece en el chalet de Fierro, a la espera de su forzado desalojo, una familia de unos treinta gatos que reclama el correspondiente rescate y un nuevo y confortable hogar. A este periódico han llegado cartas de distintos lectores lanzando un SOS en apoyo de la amenazada colonia, con una petición común de evitar la tragedia doméstica minina. Que San Antón, la Asociación Protectora y el simple pueblo llano les ayude.

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