Diario de León

Un año de gobierno de coalición: el primero de la democracia

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Salvador Vidal Varela | Senador PSOE León
León

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Decía el gran Olof Palme que todos los gobiernos son una coalición entre el Ministerio de Hacienda y los demás ministros que componen ese ejecutivo.

Se cumple el primer aniversario del primer gobierno de coalición de esta era democrática, un gobierno al que distintas fuerzas conservadoras tildaron de ilegítimo en su origen y al que siguen llamando social-comunista a modo de insulto. A él le ha tocado gobernar el año de la mayor pandemia desde hace un siglo, la cual ha demostrado la necesidad de un Estado del Bienestar potente que invierta en ciencia, investigación, atención a los mayores, etc, tras una década de deterioro de los servicios públicos que dejó claro que España no estaba preparada para afrontar una crisis tan dura.

Se trata de una coalición entre dos fuerzas progresistas, con sus parecidos y con sus diferencias. Una nueva fórmula decidida por los votantes que viene para quedarse tiempo, Debemos aprender a convivir con ella, cuanto antes mejor. Las partes implicadas debemos procurar que salga bien, que sea positiva y beneficie a la ciudadanía.

Muchos han sido los agoreros que han gastado su tiempo y el de sus votantes anunciando su fin, sin darse cuenta que esos anuncios contribuían a dar más fuerza y cohesión al mismo. Muchos han sido los calificativos usados contra él por los partidos de derechas que siguen apelando a su ilegalidad por proceder de una moción de censura, omitiendo su carácter constitucional y su ratificación por los votantes a lo largo de 2019 con la victoria del PSOE en cinco procesos electorales. Lo hacen como si la certificación de legitimidad la expidiera una élite, como si los españoles se equivocaran por no votarles.

Cuando esto sucede, se erosiona el concepto de «democracia» hasta dejarlo sin contenido. Se daña también el concepto de «patria», como si éste, la bandera, la lengua o la propia Constitución, formaran parte de su patrimonio privado. Siguen autodenominándose constitucionalistas, excluyendo a los demás que lo son desde que entran en la rueda electoral y acatan la norma básica. Sucede cuando no ganan en las urnas. Es un estilo primario, propio del instinto animal de conservación de la especie que hasta el primer homo sapiens sustituyó por la razón y la palabra. Se asientan en la hipérbole, pierden el sentido de Estado que se les supone, crispan y polarizan a las sociedades, sobreactúan hasta caer en el ridículo, bloquean el funcionamiento de los órganos constitucionales, en definitiva, hacen difícil la convivencia. No le sigamos el juego y llamemos a las cosas por su nombre: gobierno de coalición, sin más.

Este ejecutivo hace política cada martes en el Consejo de Ministros. Así han salido del legislativo leyes en materia de medio ambiente, medidas sociales contra la pandemia, impuestos progresivos y justos, normas sobre eutanasia o de reforma educativa, etc. Ese es el trabajo de ambos poderes, lo otro es distraerse.

Nuestro Gobierno de coalición, el de todos, defiende el interés general y sigue centrado en tres prioridades. La primera, la pandemia y afrontar el problema social y económico generado: lucha contra ella con recursos y medidas sociales, pensiones dignas y garantizadas, salario mínimo interprofesional, ingreso mínimo vital, igualdad real, economía digitalizada, transición justa, agricultura y cuidado del medio natural para fijar población y combatir la emergencia climática, etc.

La segunda, la Unión Europea: tras la reciente pérdida de un miembro importante, debe ser revisada para poder seguir siendo el motor económico mundial como lo es en derechos y en calidad de vida. Además, debe buscarse un método consensuado para que esos países cuyos gobiernos están inmersos en la vorágine neofascista, regresen por convencimiento a la senda democrática, condición indispensable para estar en este club, cuya pertenencia a él es voluntaria pero que exige cumplir las obligaciones para ejercer los derechos.

Y, por último, el secular problema territorial con Cataluña en el epicentro de la discordia. La pluralidad debe ser el orgullo de un Estado y no una traba para entenderse, pero los últimos gobiernos catalanes han creado un conflicto doble, político y de convivencia. Anteriores gobiernos estatales soslayaron y azuzaron ese conflicto por intereses espurios. Este Gobierno ha tendido puentes hacia su solución y tras las próximas elecciones autonómicas, con tiempo y paciencia marcará la ruta que conduzca a su solución en cuanto quieran las partes implicadas. Así de complejo y así de simple, cuestión de voluntad.

Y en esa línea estamos los socialistas leoneses. Defendemos las inversiones necesarias para el progreso de León, con el fin de superar la gestión de abandono del PP estatal y la desidia del gobierno autonómico, que han situado a esta provincia en los puestos negativos de todos los índices estadísticos: despoblación, envejecimiento, paro, renta per cápita, fuga de jóvenes, etc. No toca ahora lamentarse por la leche derramada apelando a localismos trasnochados solucionadores de casi nada, toca trabajar cada uno en su parcela para lograr una buena cosecha de inversiones y proyectos para León, con dinero nacional y europeo, con consenso de todos los agentes implicados, tal y como recogen los presupuestos recién aprobados.

En fin, muchos son los retos del Gobierno, que además es de coalición, característica que debe ser una ventaja para llevar a la práctica las prioridades citadas. Y eso es la política, el gobierno de la polis de forma civilizada, humana, social, como indica nuestra Constitución. Lo contrario es la caverna. En fin, de nosotros depende, de todos digo…

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