martes. 31.01.2023

La única verdad incontestable y compartida de lo que está pasando aquí es que nadie sabe como va a acabar esto. Se divisan más hooligans que hombres, o mujeres, de Estado. Pedro Sánchez avanza apoyado por hooligans de su proyecto de llegar a Moncloa, a los que se les nota, ante los micrófonos, el enfado por la jugada oportunista de Pablo Iglesias, especialmente a César Luena. Susana Díaz tiene los suyos, últimamente más contenidos después de la salida en falso del último Comité Federal. Daba grima ver al presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano Garcáa Page, marcándole líneas rojas a Sánchez ante Podemos, cuando él gobierna por la gracia de los que niega. Y esa declaración de que «recogeremos firmas en las bases del partido contra la actual dirección», equiparaba a los barones socialistas con una comunidad de vecinos de cualquier calle de España. «Un penoso espectáculo», como dijo Paxti López.

Pero hay más: ahí están Pablo Iglesias y sus presuntos ministros, ex Jemad incluido, hooligans como son del márketing y de la sobreactuación. Y poco más, de momento. No se sabe de sus propuestas de programa en serio y «sólo de repartirse, ante todo, los sillones», como ha denunciado Albert Rivera. Cualquier observador atento sabe descubrir que la propuesta de coalición de Pablo Iglesias es apostar a que no salga bien y tiene como principal objetivo quebrar definitivamente a los socialistas, aunque ya solos se aplican a ello con eficacia. Como dijo Rubalcaba, «lo de asaltar los cielos» de Pablo Iglesias era «asaltar Ferraz». Y puede conseguirlo. Pero a los ciudadanos eso no nos cambiará la vida. A él sí, porque en el fondo pretende el bipartidismo que tanto combatió, sólo que con PP-Podemos. O quién sabe si Ciudadanos-Podemos, si el PP sigue ofreciendo respuestas desconcertantes ante cada reto. Proponer a Celia Villalobos como vicepresidenta primera del Congreso, después de haberse pasado el último debate de la nación jugando con el ipad en la tribuna mientras hablaba Rajoy es incomprensible. Y hooligan del uso inoportuno de la palabra como es, a la que pudo, sacó lo de las rastas y los piojos.

La jugada de Mariano Rajoy de dejar pasar la bola para que jueguen otros, en la confianza de que se estrellen no se decidió en horas, después de escuchar a Pablo Iglesias. Simplemente le vino bien ampararse en eso. Llevábamos algunos días comentando esa posibilidad, lógica porque los números no daban. Quienes lo contemplábamos, siempre en diálogo discreto con empresarios y políticos, como se exige en estas jugadas, fallamos en la segunda parte del pronóstico: pensábamos que Rajoy ofrecería el nombre de alguien de su partido para afrontar la investidura. O sea, lo de echarse al lado, como Artur Mas. Veremos si al final es así forzado por el malestar interno, ya que desde el viernes por la noche se acabó la paz en el PP. Han resucitado Esperanza Aguirre y otros críticos. Guardan silencio sepulcral los que aun pueden ser llamados a la sucesión, léase Soraya, Núñez Feijóo, Alfonso Alonso, Cristina Cifuentes, o algún Carles Puigdemont inesperado.

Entre tanto desconcierto, hay espacio para bromas y salidas de tono. Broma de mal gusto la de un programa de radio catalan que logró un breve dialogo entre el imitador de Puigdemont y el mismísimo presidente en funciones del Gobierno Mariano Rajoy en Moncloa. Admirable la flema y la educación de Rajoy ante los bromistas impostores, conteniendo su enfado. Sostenía Pepa Fernández en RNE que seguramente Rajoy ganó simpatías con el episodio. Muy probablemente, en linea con el cara a aara —él subió 0,5 puntos en intención de voto y Sanchez solo 0,2— y hasta 0,8 con el puñetazo inadmisible de los últimos dias de campaña. Es evidente que el presidente del Gobierno no está bien protegido ni en la calle, ni telefonicamente cuando está en su despacho. Pero esto no va de simpatía, sino de política, de ingenio, de generosidad y de responsabilidad. Y se ha puesto al Rey en situación incómoda. Volvemos un mes después, un mes perdido, allí donde estábamos. Aquí sobran hooligans en todas las casas, ya se ve, y faltan hombres de Estado. Atención: o mujeres.

Aquí hay mas hooligans que hombres de Estado
Comentarios