domingo 16/5/21

Auge de la poesía leonesa

Siempre he dicho que las tierras de León, áridas como son, hacen que el pensamiento se proyecte no sobre el entorno austero, sino que se aleje para deleitarse en la poesía, la escritura y el tan infravalorado, actualmente, periodismo, como una forma de desarrollo inevitable de los eruditos que son semillero entre nosotros.

Si echamos la vista atrás nos encontramos con la revista Espadaña (1940-50) que fue el germen de la Escuela Leonesa de Poesía. Desde entonces van acomodándose en las letras leonesas nuevas generaciones de poetas que podemos adscribir a determinadas tendencias y que podemos separar por zonas: León, Astorga, Villafranca, La Bañeza. Hoy quiero comentar el libro de Isidoro Álvarez Sacristán, jurista de reconocido prestigio, escritor y poeta, que recientemente ha publicado Circum, (Edilesa 2020). Se trata de un poemario que hay que añadir a una veintena publicada en los últimos años.

El autor nos transmite como justificación de su obra, afirmación siguiente: «Ante todo derredor resiste la luz del hombre». El poeta sitúa «el hombre en su círculo, rodeado por la ambición y la lujuria y como contrapeso la bondad y la humildad… es el rodeo del intelecto y la conciencia». Es su alrededor, pero en este círculo de anillos concéntricos aparece la duda, enramada con la tristeza, mientras presente y pasado danzan un sin sentido, que dispara al alma fuera para dirigirse a las galaxias y los dioses.

Aborda unos aspectos concretos de su alrededor, del poeta vivo: la Amistad, la Familia, Literatura y Política, que se plasman en treinta y cinco perspectivas para cerrar el círculo, que define la circunstancia del hombre, armonizando los sentimientos con la misma naturaleza de las cosas, por medio de un lenguaje creativo, es el «Arte de la memoria» que diría el laureado poeta Antonio Gamoneda, esa memoria que: «Es la que posibilita la palabra coherente y adecuada». En este contexto, Álvarez Sacristán, nos presenta la amistad y toma posición con su oponente la Traición:

«La fidelidad es tan hermosa/ que no marchita las ideas/ ni se esconde en las sombras/ enredadas de avaricia. / La Fidelidad es medio corazón. / Y como opuesto,/ … asoma la traición, y entonces./ la amistad se va diluyendo en la falacia/ …las palabras fueron acuchilladas/…la sangre común quedo teñida/ de la toxicidad de la ideología…».

Las circunstancias que condicionan nuestras vivencias enraízan la amistad humana desde Aristóteles con la belleza, con la necesidad de esa belleza para el desarrollo humano. La filosofía como la poesía analizan al hombre y lo que le circunda, para crear la belleza y el ideal de superación que hace mejor nuestra existencia, así llega el poeta a las raíces familiares y en lo más íntimo: la madre «cuyo beso es una eternidad» así que «…lo que ama una madre es un alma enmascarada/. La madre/ cuando llora es que ama…/ el cordón de la madre es una invisible dimensión /que no se muere nunca»/. Porque en realidad, y sobre todo lo que rodea al poeta «…La madre es el manto eterno de los cielos…» y justo al lado la esposa: «…Una esposa/ es el alma de las virtudes/. La esencia de los pensares invisibles, acertijos de las mañanas/ y el susurro entre el mimo a voz abierta/ del crepúsculo…». Y así como el anillo simboliza la alianza, las arras representan el acto de compartir, en adelante todo, es una mano hacia el futuro y es por lo que «…Unas arras nunca se hipotecan, ni se extravían. / quedan amarradas a las huellas y arden de pureza/ cuando la voz senil nos dice adiós./ Lo que ha sido explosión se hace reposo…». Y es que la esposa «…aparece como el alba…». Poesía de clara inspiración mística, en este apartado de familia, el poeta desnuda el cobijo de sus vivencias, que entronca con la tradición espiritual: «...naciendo de dos almas una estela/ que resplandece en las eternidades». De modo que en su libro De rerum anima nos aclara: «Quien creó el alma supo hallar la claridad de las especies y la llave del paraíso». Y mediante la palabra se cimenta la cultura a través de la literatura: «…Un orador es un libro de mil páginas, que se comprime/ y envuelve al aire de acentos y pasiones/. Amar la poesía es llevar la música a los hogares/. Porque la poesía es: ‘el alma de los caballeros’».

La mirada de Álvarez Sacristán sobre la política, es sobre una actividad que construye, pero que plantea dudas: «...El pueblo no se esconde nunca,/ pecho al viento, erguido el lábaro/ y detrás las mesnadas de la libertad…». En resumen, Álvarez Sacristán junto con otros intelectuales coetáneos, renueva aquel espíritu de Espadaña, que marcó un compromiso ético, social y crítico. Estos nuevos creadores brillan con luz propia en el panorama de las letras españolas.

Auge de la poesía leonesa
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