viernes 21/1/22

Hace unos pocos meses (4 de mayo) Isabel D. Ayuso obtuvo para su partido 65 escaños rozando la mayoría absoluta (69 en la Asamblea de Madrid). Triunfo memorable achacable a su tesón, firmeza y buen hacer, que los madrileños de toda la comunidad agradecieron dándole ampliamente su confianza.

Desde el primer momento, propios y extraños han tratado y siguen tratando de entorpecer su triunfo por todos los medios a su alcance. Que los comunistas (Más Madrid y Podemos) lo intenten está perfectamente señalado en el guión. Que Sánchez la menosprecie y humille es propio de un personaje que ha dado muestras más que suficientes de ofrecer un perfil de perfecto psicópata, sin embargo extraña más que sus distinguidos compañeros de Génova se aventuren por idénticos derroteros.

La misma noche electoral, una vez conocido el arrollador triunfo de la representante del Partido Popular, faltó tiempo para que tanto Casado como su alter ego Teodorín (el de la aceituna) tratasen de apropiarse de un éxito que era exclusivamente de Isabel Ayuso.

La presidenta de Madrid, con su estruendoso resultado, salvó de la ruina a un Casado que después del varapalo de Cataluña unos meses antes, estaba literalmente kaput. Dice un sabio refrán que de bien nacidos es ser agradecidos, sin embargo este dicho en política, más que extraño es inexistente. Casado y Teodoro no son una excepción al respecto.

Hace escasamente un par de meses, en la llamada Convención de Valencia, el presidente de los populares fue sacado a hombros como un líder en alza, con perspectivas de futuro más que halagüeñas, con un partido «unido como una piña». La realidad, siempre tozuda, se ha encargado de demostrar que una cosa es el deseo y otra la verdad que tenemos delante, pero que la estupidez nos hace ciegos y sordos.

No pasó lo mismo con el inquilino de La Moncloa, que también en la ciudad de la Malvarrosa, de las Artes y las Ciencias, fue entronizado como un verdadero Caesar Imperator. Pero en la casa socialista el vodevil era cierto, y ahí si que no había lugar a fisuras; mucho menos a una discrepancia aunque ésta fuese diminuta. Page el de la Puerta Bisagra, Lambán de la Pilarica y el canciller de Mérida, no osaron levantar, no ya la mano para argumentar algo inexistente, ni tan siquiera la vista más allá de la sombra de sus gorras-visera.

Sánchez es un campeón en su casa, y además con buenas o malas artes se lo ha currado (que dijera el castizo). Casado es un líder endeble que en el último año y medio ha cometido errores de bulto que posiblemente le pasarán factura en la próxima confrontación electoral. A saber: ha seguido manteniendo lucha sin cuartel con Abascal, cabeza visible de un grupo (Vox), que guste más, guste menos, tiene 52 asientos en el Congreso. Él, y su monaguillo lo ignoran olímpica y reiteradamente.

Como que también los de Abascal son apoyo inexcusable en autonomías de primer nivel (Andalucía y Madrid sin ir más lejos). Luego echó a Cayetana, que agrade más repugne menos a socialistas y comunistas, es/era punta de lanza de un PP ensimismado en mirarse el ombligo y en agachar la cabeza más de lo deseable. Puso a Cuca, que la pobre se esfuerza día a día, pero no da la talla. Al lado de Cayetana es comparar a Sergio Ramos (ya en el exilio decadente) con un Messi continuamente en alza.. Casado y Teo se han ido convirtiendo en personajes ambivalentes y por ello mismo reos de amplia necedad compartida. Ayuso va a dar la batalla; Juanma Moreno en Sevilla hará lo propio en su momento, y Feijóo no tiene ni que despeinarse, pues ya dejó suficientemente claro tanto en las elecciones del año pasado con mayoría de 42 escaños (sobre 75) como en el reciente Congreso del partido en Galicia, que allí nadie tose ni alza la vista más que él.

Allí, los chiquilicuatre de Genova (Esperanza dixit) están simplemente desaparecidos. Pero por contra, en Madrid, se empeñan una y otra vez en torpedear a una Isabel Ayuso que les ha salvado los muebles, porque los ilusos (aunque sea simplemente en apariencia), nos preguntamos: ¿los votos de Ayuso, son para Casado y Teodorín, o acaso se los regala, por ejemplo, a la médica y madre de Errejonín?

Es que esta derecha acomplejada y capulla no terminará nunca de aprender. Sánchez, con sus desmanes, intrigas, mentiras, derroches, connivencias envenenadas con lo más detestable del arco parlamentario y con sus tropelías sin cuento ni fin, tendría los días contados con una oposición seria, razonable y al margen de intrigas de niño consentido. La batalla de Madrid, de caer la pelota en tejado equivocado, hará de Sánchez un campeón en toda regla para desgracia de propios y extraños. Y ya llevamos experiencia sufrida de dos años interminables. Esperanza Aguirre, con tanta mili a la espalda, a lo mejor tenía razón; el tiempo nos sacará de dudas más pronto que tarde.

La batalla de Madrid
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