miércoles. 10.08.2022

La reciente cumbre de la Otan celebrada hace unos días en Madrid se saldó con un balance francamente positivo en prácticamente todos los puntos que fueron objeto de debate, análisis y aprobación. De todos los pormenores de la cumbre, la adhesión de Finlandia y Suecia ha sido, sin lugar a dudas, el que más satisfacciones ha dado a todos sus socios, incluida Turquía, que había mostrado hasta estos días serias reservas a su ingreso. Al final, las delegaciones de los nórdicos y la eficacia más que probada del ministro turco de Asuntos Exteriores (Mevlüt Çavoso’glu), un hombre con un curriculum apabullante, terminaron de doblegar el brazo firme de un gobernante como Tayyip Erdogan, un hombre poco o nada a acostumbrado a que se discutan sus ideas y, menos aún, sus órdenes. Tratar con sátrapas como el presidente turco tiene sus riesgos y entraña dificultades sin cuento, tanto como hacerlo con el rey de Marruecos, por poner otro ejemplo válido y que es bueno traer a colación en este contexto.

El pasado martes día 5 se ha producido en el cuartel general de la Otan en Bruselas la firma de los protocolos de adhesión de Finlandia y Suecia por parte de los 30 miembros de la Alianza. El acto ha sido presidido por el Secretario General Jens Stoltenberg, el ministro finlandés de Asuntos Exteriores Pekka Haavisto y la ministra sueca del mismo ramo Ann Linde. El último paso que resta es la ratificación parlamentaria de los 30 miembros, paso que se considera, salvo imprevisto poco probable, de mero trámite. La incorporación de los dos países nórdicos-bálticos es de suma importancia para el futuro de la Alianza y refuerza todo el flanco Norte, una zona que hasta la fecha no gozaba de extraordinaria protección frente a la amenaza rusa. Como cabía esperar, el genocida ruso Vladimir Putin se ha revuelto como serpiente herida al ver cómo se desarrollaban los actos de Madrid más la incorporación de los dos países mencionados. Ha lanzado a sus perros de presa, el expresidente Medvédev, actual vicepresidente del Consejo de Seguridad y hombre fiel.

El otro sujeto de este tándem es el ministro de asuntos exteriores Serguei Lavrov. Ambos personajes tienen un perfil de lo más siniestro y forman parte del círculo íntimo del dictador ruso. En el caso de Medvédev, no ha escatimado amenazas sin cuento para todos los países, no ya solamente de la Alianza, sino del resto de Europa.

Sea como fuere, la cumbre de Madrid ha servido para dar un nuevo impulso a una organización que estaba en las últimas. Puede decirse que la guerra de Ucrania ha obrado de motor para fortalecer a Europa frente a un despotismo sin medida encarnado por un dictador sin escrúpulos. Al mismo tiempo, la Unión Europea sale igualmente muy favorecida de esta cumbre pasada, ya que ahora mismo, los países de Europa no pueden disociar la parte militar de autodefensa, de la asunción de medidas que han de compartir los 27 en vista de la crítica situación económica que ha provocado la invasión de Ucrania. Pero el reforzamiento de lazos entre todos los países europeos democráticos, más otra serie de socios a nivel planetario (Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Estado Unidos) conforma una nueva estrategia frente al imperialismo ruso y la puesta de perfil de China. Hay que añadir igualmente, otro número de países que entran dentro de la órbita de naciones libres, independientemente de sus políticas interiores; sería el caso de Emiratos Árabes y Arabia Saudí (frente a la amenaza iraní) o de Israel y Jordania. En el caso de Arabia Saudí o Israel, por diferentes razones, su alineamiento al lado de Estados Unidos y las potencias occidentales es primordial.

Las locuras imperialistas de Putin, amparadas en la sombra por el silencio cómplice de China, obligan a un reforzamiento de las alianzas entre los países libres

No existen dudas de que la guerra de Ucrania ha impuesto un nuevo orden mundial y en gran medida ha resucitado la guerra fría, que había tocado a su fin con la perestroika impulsada por Gorbachov (abril 1985) y la posterior caída del muro de Berlín (9 nov. 1989). Las locuras imperialistas de Putin, amparadas en la sombra por el silencio cómplice de China, obligan a un reforzamiento de las alianzas entre los países libres, fundamentalmente los asentados en Europa, si bien hay otra serie de ellos a lo largo y ancho del Planeta que participan de este temor a que el dictador ruso trate de imponer nuevas reglas al margen de cualquier atisbo de democracia.

La cumbre de Madrid, celebrada con pompa y éxito de organización incuestionables es el pistoletazo de salida para que los países amantes del orden social y la democracia marquen un nuevo futuro y al mismo tiempo muestren firmeza frente a la amenaza rusa. El papel de España empieza a cobrar nuevo brillo después de muchos años de estar al margen de cualquier decisión de política internacional en el ámbito de los países occidentales. La afrenta canallesca protagonizada en el desfile de las Fuerzas Armadas del año 2003 por el entonces líder socialista Rodríguez Zapatero al no honrar el paso de la enseña norteamericana, nos ha supuesto hasta estos días un durísimo castigo protagonizado especialmente por Estados Unidos. Durante el mandato de Donald Trump, este «apartheid» se vio repetido en diversas circunstancias teniendo a Sánchez como sufridor. Las circunstancias actuales devuelven a España al plano principal de la geoestrategia mundial. La base de Rota se ampliará, se refuerza en parte la de Morón de la Frontera y todo parece indicar que nuestras fronteras de la zona sur que limitan con el Estrecho van a ser tenidas en cuenta por las fuerzas de la Otan en el futuro inmediato. Sin mencionarlas expresamente, el nuevo protocolo firmado en Madrid supone un paraguas de seguridad para las plazas de Ceuta y Melilla que tan necesitadas están de apoyo y atención después de los últimos acontecimientos.

Bienvenidas Finlandia y Suecia al nuevo orden europeo
Comentarios