martes 24/5/22

El epígrafe del presente artículo me ha sido inspirado por dos voces de la investigación acerca del personaje en cuestión, cuyos nombres precisaré enseguida. Antes de llegar a ellas, pienso que el observador crítico que interrogue el alcance de las técnicas de comunicación que nos envuelven, se percatará de que, aprovechando lo que hoy se llama «redes sociales», una gran mayoría de los que difunden sus mensajes han creado falsos mitos, sin aclararse bien de la importancia que ha tenido, que tiene y tendrá el mito en la historia del pensamiento universal. Según lo dicho, Bill Gates se ha convertido en un gran foco de atención en los medios de comunicación. En los diversos estudios existentes sobre él encontramos dos grupos: 1) el de los que resaltan, entre otros, los aspectos biográficos, tales como Bill Gates et la saga Microsoft, un documental realizado por Stéphane Malterre, Bill Gates et la saga de Microsoft, el libro de Daniel Ichbiah, etc. 2) El de los que siguen una investigación sistemática de su actividad, como L’art de la fausse générosité, la Fondation Bill et Melinda Gates, récit d´investigation, de Lionel Astruc, postface de Vandana Shiva, las publicaciones de la revista Lancet y, sobre todo, las del equipo de periodistas del diario británico The Guardian que debe ser, probablemente, el medio de su género en el Occidente que cuenta con más especialistas en el tema, entre cuyos/as colaboradores/colaboradoras aparecen: Ian Birrell, Simon Bowers, Emma Howard, etc.

El joven Gates inicia su tarea uniéndose a uno de sus compañeros preferidos, Paul Allen, realizando ejercicios de cálculo y de razonamiento para asimilar mejor «los pequeños programas en lenguaje Basic» que sus profesores les proporcionan. Allen descubre la existencia de un microprocesador, el 8008, que les permitirá fabricar un miniordenador, fundando su primera sociedad y desarrollando un programa particular de análisis de la circulación viaria proporcionándolo a los Estados de Maryland y de la Colombia Británica (Canadá). Con este incentivo, Bill entra en la universidad cuando su amigo Paul estaba ya trabajando en una empresa informática. La creación de Altair por la sociedad Mits, a principios de 1975, les brinda la oportunidad para desarrollar el primer Basic 8080, para el nuevo ordenador cuya venta a usuarios es realizada mediante la empresa creadora… Unos meses después, en julio de 1975 Gates y Allen fundan Microsoft y, tras el desencuentro con Mits, Gates recurre a una estrategia personal, a la patente de la invención y, con ella, da guerra a las demás empresas de programas informáticos e incurre abusivamente en la «violación de la ley de la libre competencia». Llevado a los tribunales, el proceso dura cuatro años, en 2002, no sólo es declarado culpable sino también el juez decreta «el desmantelamiento de Microsoft», cuya pérdida en la bolsa alcanza hasta un 30%. La imagen de Gates se ve muy afectada, se debilita. Pero, se salvará misteriosamente «al obtener una solución amistosa que le permitirá retomar sus actividades» y lanzar el Windows. Con este nuevo éxito, crea la Fundación Bill y Melinda Gates (Stéphane Malterre-Daniel Ichbiah, La saga (de) Microsoft). Es el comienzo de lo que yo he llamado el señuelo filantrópico de Bill Gates. Su propaganda se centra en varios ámbitos: la educación por la innovación, la mejora de las tasas del éxito en las universidades, la sanidad, la erradicación del paludismo y la reducción del número infecciones por el VIH, la previsión de una vacuna ahí donde es urgente erradicar el polio y la agricultura. Por esta vía irrumpe en 45 países africanos… En un artículo que, con el título de: Gates -A benevolent dictator for public health? Gates, ¿un dictador benévolo para la salud pública?, las investigadoras, Alanna Shaikh y Laura Freschi (del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo, Universidad de New York), testifican en septiembre de 2011, en Alliance Magazine, que ya es habitual «leer un artículo sobre un proyecto relacionado con la sanidad subvencionada por Gates, publicado en un periódico financiado por Gates, escrito por un periodista que ha seguido un programa de formación sostenido por Gates, apoyado exclusivamente por los datos proporcionados y analizados por los científicos ayudados por las subvenciones de Gates.» Este es el círculo de dependientes o de servidores, a partir del cual debe extender su campo delictivo a otros continentes. No obstante, después del varapalo de los Estados Unidos, Lionel Astruc (L’art de la fausse générosité, 45-47, 49-50) advierte que las actividades ilegales del Microsoft fueron condenadas, en 2004, por la Comisión europea, con una multa de 497 millones de euros. Su incidencia en la ilegalidad abrió un nuevo frente, el del tráfico de divisas y su colocación en los grandes paraísos fiscales, con unas operaciones que causaron pérdidas de 4,5 billones de dólares en impuestos al Tesoro americano y, en Europa, 103 millones de libras al Tesoro británico.

Mientras la junta directiva de la revista Lancet interroga «¿Qué ha hecho la Fundación Gates para la salud mundial?», aportando un balance totalmente negativo, la fundación cuestionada asume otro reto, que aquí llamo: señuelo ecológico.

Sin haber hecho nada en el terreno de la sanidad mundial, en esta ocasión el pomposo anuncio de las inversiones de su iniciativa que debían servir de modelo a las naciones para que empleen mejor sus recursos acaba en vanas promesas, lo que lleva a Ian Birrell, de The Guardian, a calificar sus tropelías, el 6 de enero de 2014, «como la suma hipocresía». Saltando las reglas de la ética profesional, confabula entre los grupos de presión cuyo objetivo es frenar cualquier medida encaminada a la lucha contra el fraude fiscal. Así, en 2015, destina cuantiosas inversiones a otras firmas, tales como la Caterpillar, una constructora «acusada de complicidad en la violación de derechos humanos en los territorios palestinos ocupados»; el «BAE Sytems, el gigante británico de exportaciones de armas»; las sociedades de explotación de combustibles fósiles, BP y Anadarko Petroleum «condenada recientemente a pagar 5 millones de dólares por polución»; la compañía minera brasileña Vale «que lleva la palma en el desprecio al medio ambiente y a los derechos humanos», los «Public Eye Awards, que se sitúan en la cima de las empresas más irresponsables». Todas las investigaciones llevadas a cabo por los especialistas de The Guardian revelan que la Fundación Gates ha invertido en 35 de las 200 sociedades que más emiten el CO2, entre las cuales se encuentran «las gigantes del carbón Anglo Americano, BHP Billiton, Glencore-Xstrata y Peabody Energy, así como las grandes compañías petroleras Shell, ConocoPhillips, Chevron, Total y Petrobas». De la misma forma, sus créditos activos han invertido en estas compañías mineras: Barrik Gold, Freeport McMoran, Glencore, Río Tinto y Vedanta; en las siguientes firmas agroalimentarias: Archer Daniels Midland, Kraft, MJondelez International, Nestlé y Unilever; en las sociedades productoras de sodas, tales como Coca-Cola, Pepsico, en la gran distribución con la cadena americana de venta al detalle Walmart.

Microsoft posee grandes intereses comerciales en África, donde ha instalado 22 oficinas en 19 ciudades en 14 países, y su red cuenta con más de 10 000 socios o empresas asociadas en todo el continente, habiendo multiplicado sus filiales partidarias de una política agrícola de dependencia masiva. A propósito, convocó una conferencia que trató de los mercados de las semillas para el maíz, el arroz, el sorgo, el «niébé», la yuca y la patata dulce en Etiopía, en Ghana, en Nigeria, en Tanzania y en Zimbabwe. Con ello, la Fundación Gates se propone controlar no sólo a África sino al mundo entero.

El 22 de febrero de 2021, concedió una entrevista a dos periodistas de «La Terre au Carré, perteneciente a la France Inter, para promocionar su libro, Cómo evitar un desastre climático, quien la haya seguido, se dará cuenta de las contradicciones y de las incoherencias de Gates en los temas fundamentales de su obra.

La activista e investigadora india Vandana Shiva denuncia que, a finales de los años 1980, Gates otorgó una falsa ayuda al Pendjab cuyo resultado fue catastrófico para toda la región, por eso el gobierno indio puso «fin a la primera planta comestible, de la berenjena BT, genéticamente modificada», debido a esta adversidad, Gates financió su implantación en Bangladesh con la ayuda del gobierno americano. Esta es la forma en que reactiva todos los proyectos fracasados que hacen perder tiempo, energía y medios en un momento en que «la crisis ecológica representa una urgencia vital.» Gates se ha liberado, se libera de muchas cargas de sus responsabilidades penales y fiscales, gracias a otras multinacionales y a los Estados neoliberales que, como él, tienden a la privatización de sus elementos y de sus funciones principales. Mientras que, en Alemania, en Francia o en el Reino Unido, su actividad es bien tachada como fraudulenta, en España sigue a sus anchas con alta estimación y propaganda en todos los medios.

Bill Gates, ¿un dictador benévolo para la salud pública?
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