domingo. 29.01.2023
AL PP le gustaría que todos los ministros fuesen como Bono. No, me quedo corto: le gustaría que fuesen como Bono todos los dirigentes socialistas, empezando por Maragall y Patxi López; todos los «barones»; todos los militantes del PSOE. Es decir, le gustaría que todos dijesen «más España» y se llenaran la boca de patriotismo español y la unidad indisoluble de la nación en cada uno de sus discursos. Como eso no parece posible a corto plazo, el PP aprovecha con astucia la existencia y el tono del ministro de Defensa para demostrar el carajal ideológico de un PSOE a punto de saltar por los aires, con el corazón de sus militantes partido entre la sensibilidad autonómica y la representada por José Bono. Lo hemos visto hace dos días, con motivo de la Pascua Militar. Habló Bono, y Gabriel Elorriaga salió desde el PP a decir que no nos hagamos ilusiones: frente a un ministro que defiende la Constitución y la idea nacional, otros muchos dirigentes parecen próximos a los nacionalismos periféricos que nos comen la sangre de la bandera. La conclusión podría parecerse a ésta: si Zapatero q uiere merecer el diploma de patriota, tiene que desprenderse de todos esos dirigentes que anteponen su comunidad a la grandeza unitaria de la nación. Es una habilidad táctica para infectar las heridas del adversario. Elorriaga, como cualquier otro portavoz del PP que hubiera hecho esa aportación al análisis de la situación, se ha quedado feliz después de su declaración. No habrán faltado los pelotas de turno que le habrán coreado: «Les has dado en la línea de flotación». Y varios medios informativos ha seguido esa corriente, que entienden efectiva para deteriorar la imagen pública del gobierno: todos aquellos que fustigan al poder político denunciando su debilidad ante el Plan Ibarretxe o los papeles de Salamanca. A todos ellos habría que decirles desde el respeto y el cariño: tienen ustedes toda la razón; el PSOE es un carajal en torno a la idea de España. Pero, quizá por serlo, es el único partido que se puede permitir soñar con arrancarle del gobierno a Ibarretxe en el País Vasco; es el único que ha apartado del gobierno a los herederos de Pujol en Cataluña; y es el que ha conseguido apartar del gobierno español a un equipo que presentaba la mejor gestión económica de la historia. ¿Quiere decir algo esto? Sí: que seamos serios; que este país es muy complejo; que no se controla con un simple «viva España»; y que es la suma del espíritu de Bono y de la incómoda posición de Maragall y Patxi López. Si la relación con Cataluña, por ejemplo, dependiera de la fuerza que allí tiene el Partido Popular, mal futuro tendríamos por delante. Estaríamos suspirando por alguien como Maragall.

Bono, el PP y una cierta idea de España
Comentarios