miércoles. 10.08.2022

¿Lo escuchan? O, con su permiso, corrijo a Rivera. ¿Lo ven? Es la fotografía de Messi consolando a los chavales del Ajax el día después de la final. Al menos la final que auguran las casas de apuestas deportivas, que desde esos bien lo?grados 635 millones de euros de beneficios que consiguieron en 2017 miran sonrientes por el retrovisor —habría que ser ingenuo para creer que el Liverpool sin Salah tiene opciones o que el Tottenham remonte en la caldera de Amsterdam—. ¡Qué imagen! El diosito blaugrana levantando del suelo a las víctimas de sus genialidades. Es tan idílica que vendería bastantes periódicos. Más difícil resulta adivinar los posibles titulares. Pero ya nos hemos adelantado en demasía al porvenir de 360 minutos de liturgia futbolística y, como implora Xuacu Pajarón, «estamos imaginando por encima de les nuestres posibilidades».

Lo que no es ficticio, ni pronóstico, ni suposición, es el mosquito amarillo que pica en todas las puertas y en todas las cabecitas. Sería una buena portada esa de Messi, como lo fue la que sacó El País el 24 de enero 2013 —cuando buena es sinónimo de multiplicar las ventas del papel—. En ella languidecía un pseudo Hugo Chávez hospitalizado. ¿El precio? La ácida crítica de la competencia, que no es poca; la credibilidad en entredicho; y un as en la manga que dio la vuelta al mundo como ejemplo de lo que no hay que hacer.

Resulta que el veneno amarillista impacta fuerte si es visual y aún estalla con mayor contundencia en la conciencia: un efecto que también se puede generar con un buen titular. Y en León nos hemos coronao’, que decía Paco Tous, a base de titulares.

Este en concreto lo escribió un gallego de Baiona en el periódico nativo digital que Pedro J. Ramírez fundaba en 2015 —aclaración para quienes llegaron a pensar que El Español era un medio de fake news o bulos—. «La reina de la burundanga: una adicta al póker que drogaba a familiares para robarles en León». ¿El precio? Que se lo pregunten a la madre de Natalia, quien, por cierto, ya ha atendido a «los de la tele». No pretendo victimizar a nadie. La justicia será resolutiva. Pero sí reflexionar sobre el camino que toma este «boom journalism» correcaminos gracias a titulares provocativos y todoterrenos cortesía de Internet. «Drogar», «robar», «burundanga», «póker» y «adicta» en una misma frase. Escribimos para ser los más leídos y a veces olvidamos la repercusión de nuestras palabras. Sobre todo cuando alcanzan cierto nivel de difusión. ¿Habrá algún Vaquilla por la península frotándose las manos con la ilusión de perfeccionar la técnica de la burundanga? En seis meses veremos si hay nuevos casos. Lo que se puede ver hoy es cierta inmunidad al sensacionalismo. Tragamos con todo, sin escrúpulo ni filtro alguno, y lo peor de ser tan ‘tragaldabas’ es que el hábito alimenta la voracidad, retorna en vicio, y, éste, ya es insaciable.

Un ‘buen’ titular
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