jueves 20.02.2020

A buenas horas, mangas verdes de León y Castilla

DL11P4F1-18-01-16-5Como una bomba, ha estallado la noticia de la reivindicación de León como autonomía: León solo. La cosa no es nueva puesto que, desde hace años, la UPL y partidos como el Prepal han sido sus firmes defensores. Lo que más nos extraña, nos conmueve, es el hecho de que la iniciativa parta de quien, en la campaña electoral del 10-N y, anteriormente, del 28 de abril, no se había manifestado a favor de tal propuesta y ahora se haya erigido en su baluarte. En efecto, en España se dan una serie de fenómenos que hacen que las cosas fluctúen como les ocurre a los barcos con la mar picada. Es verdad, España no pasa por sus mejores momentos y, acaso, conviene ponerse a hacer cálculos de a quién salvar y a quién dejar a su suerte. Si en el Congreso de los Diputados aparecen regiones cuyos representantes son más bien localistas que universalistas, tal vez, podríamos pensar, con razón, que fuera mejor que los partidos de índole nacional desaparecieran para la mejor defensa de la anchoa o de la butifarra. Pero, por otra parte, todavía no ha llegado el caso de que sean únicamente los partidos localistas los que hayan ocupado totalmente el hemiciclo. Un hemiciclo, eso sí, que parece cada vez más orientado hacia los particularismos y las señas de identidad. Señas de identidad, a nuestro entender, metafísicas. En muchas ocasiones, impostadas. Hay razones de peso por las cuales conviene prepararse para saber de qué va este juego en el cual cada uno solo quiere salvarse a sí mismo, despreocupándose del resto. Mucho tendrán que explicar los partidos que antaño dominaban el arco parlamentario y que actualmente se hacen cruces cuando ven los resultados; al no haber cambiado la ley electoral, comprueban que formaciones que son mucho menos votadas consiguen mayor representación que otras con más.

No deja de ser curioso, como decíamos al comienzo de nuestra exposición, que miembros de un partido, como es el Partido Socialista Obrero Español, se decanten por el localismo, al menos en este terruño leonés. Por una parte, si lo que se pide es mayor capacidad de decisión de la región leonesa, a nadie le compete más exigirlo que a los políticos leoneses que, para exonerarse de su propia responsabilidad, buscan enardecer los ánimos de sus propios ciudadanos. Por otra parte, la culpa de que León esté bajo mínimos en ciertos ámbitos se podría atribuir a la pasividad, en parte, de sus habitantes.

Consideramos inútil retomar una cuestión que actualmente está zanjada y, mucho más, cuando existen problemas de calado prioritario como son, por ejemplo, responder a demandas sociales de empleo y de nueva política. La estrategia de todos los nacionalismos consiste en incriminar a los demás para exculparse. Se podría decir que los que han destruido León son aquellos que ahora dicen amarlo tanto. Pero, en efecto, no se trata tanto de amar a León con una caridad afectiva (Me siento leonés) cuanto con una caridad efectiva (Vivo en León, ¿cómo puedo hacerlo mejor?)

No está muy claro que una vez iniciados los trámites de separación, otros municipios no trataran de hacerlo a su vez. ¿Acaso no estamos en «democracia»? ¿Se creen sus señorías que no existe un Bierzo potente que podría nuevamente replantearse sus filiaciones? ¿Dónde colocar la capital que no produzca reticencias?

La estrategia de todos los nacionalismos consiste en incriminar a los demás para exculparse. Se podría decir que los que han destruido León son aquellos que ahora dicen amarlo tanto

Con respecto a la cuestión del Reino de León, hacemos las observaciones siguientes: la recurrencia a unos reyes medievales, que actualmente pintan más bien poco, se nos antoja un tanto arcaico, digamos, demodé. Eso no quiere decir que en su época no fueran determinantes. Por otra parte, creerse las fábulas, mitos, del Parlamentarismo, y que León fuera la cuna de tal hazaña está bien para que la UNESCO publicite nuestra tierra, pero nuestra postura impía nos lleva a pulverizar tal patraña. Eso de que León fuera el lugar en el que se dejaba hablar al pueblo es creíble para la mentalidad infantil o ideológicamente interesada. Si así hubiera sido, si así fuera, otro gallo cantaría. Hablar, parlamentar, únicamente lo han podido hacer los que tienen el poder económico. Ahí es donde, creemos, se podría hacer fuerte el PSOE: luchar por la causa obrera y por la igualdad entre los españoles; es decir, que los españoles se jubilaran antes, con mejores pensiones, con las mejores prestaciones sanitarias, con la mejor educación estatal, (no con tanto apoyo a la concertada segregadora y mantenida con fondos públicos), con salarios dignos, con una más justa distribución de la riqueza, con la oposición total a que los trabajadores estén hasta los 67 años, si llegan, en el tajo. Sin duda, el pueblo leonés se dará cuenta que en la actualidad los trabajos son realizados por robots y suprimidos en gran parte por la tecnología y automatización. Sin embargo, se puede repartir el trabajo y hacer extensiva una suerte de renta básica. Ya no habrá trabajo para todos. No lo habrá del mismo modo. Es mentira el cuento del pleno empleo de Zapatero. Entonces sí. Sí, podremos hablar hoy, y analizar qué posibilidades tiene León para mejorar. Porque las posibilidades de León son enormes, a pesar del envejecimiento de su población. Y, acaso, más, por ello mismo. Solo tiene que cambiar la vieja concepción que todavía anida en nuestra tierra. Ojalá los residentes en León podamos construir algo grande para que no haya servidumbre, pobres ni menesterosos.

Respecto a la carta de los doscientos intelectuales que han firmado un documento pro-autonomía leonesa, nos preguntamos: ¿Qué pasa? ¿Uno solo no se atreve? ¿Qué tiene que ver que un historiador o novelista más vendido firmen tal documento para que su juicio sea veraz? Y, puestos a sospechar, ¿por qué lo firman los intelectuales sin otras firmas manuales? ¿Los que trabajan en el campo con sus manos no tienen también voz y voto? ¿Qué es eso de intelectual? Me expliquen.

A buen seguro que a China y a otras potencias les interesa que Europa, y con ello, España, se balcanicen para pagar sueldos de miseria, y asistir al declive de un capitalismo que debilita la valía humana por el gran despliegue de una economía financiera sin corazón. Cuanto más desunidos, mejor para tales países. Si España quiere que sus habitantes sobrevivan, debemos mantener la unidad. Una unidad, por cierto, que no tiene por qué ser querida por todos. Los sentimientos resultan en este particular más problemáticos que esclarecedores. No conocemos, en nuestras largas estancias por Andalucía, Extremadura, Asturias, etc., ninguna comunidad cuyos miembros se mantengan amorosamente unidos, en paz y en buena compañía. Ni falta que hace. Nuestro narcisismo individual estima que cada uno tiene que tener los mejores compañeros de viaje, pero eso en esta vida no se suele cumplir nunca. ¿Qué futuro les deparará a muchos catalanes, u otras comunidades, que hoy fingen plena fusión?

Finalmente, si hay alguien que proporcione el carné de buen leonés, yo no lo quiero. Mis señas de identidad son exiguas, no me siento mejor que un valenciano o uno de Almería. Tampoco menos. Eso de los sentimientos lo reservo para otras instancias personales. En todo caso, es cierto que Aristóteles habló con excelso magisterio de la prudencia política y, a veces, para no dañar más a León, convendría no ser tan ligeros con nuestra entonación. La hostilidad, el sentido supremacista, el creerse más y mejor, no dan buenos resultados: somos muy parecidos. El reino de León es algo ya muerto. Debe ser superado por lo nuevo. Pensamos que León puede decir mucho, y muy bueno, en España. León tiene que hacerse escuchar y tiene que seguir actuando ejemplarmente. En vez de llamar a la discordia, entre nosotros, podemos buscar concordia: los tiempos son óptimos para replantearse nuevas metas.

De lo que no dudamos es que España debe preocuparse de la causa social que proporcione pan y educación crítica. El mercado es necesario para mantener cualquier régimen político, desde las dictaduras a las democracias. Sin el mercado, no es posible la vida en común. Por eso, cuando vemos a los empresarios y a las pymes, a los industriales de cafeterías, peluqueros, fruteros, trabajadores y trabajadoras, etc., y sus desempeños, observamos cómo, debido a ellos, la ciudad prospera. Eso es lo que hay que hacer: emprender, pero no solo eso. En cualquier caso, esta vida no es el mundo de Yupi y problemas habrá a raudales. No aumentarlos está bien. El sentido de comunidad es fundamental para que los ciudadanos aprendamos que vivimos por los otros. Sin la sociedad no somos posibles. Y, eso sí, hay que lucharlo en Las Cortes. Mientras existan.

A buenas horas, mangas verdes de León y Castilla
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