martes. 31.01.2023
TIEMBLAN las naciones débiles que, no obstante, susciten algún interés por sus recursos naturales, o por su situación estratégica, o por lo que sea: Bush puede llevarles en cualquier momento la libertad. Tiemblen. La libertad del reelegido presidente norteamericano, a cuya promoción y expansión por el mundo dedicará todos sus desvelos en los próximos cuatro años, cabalga a lomos de gigantescos portaviones, de los millones de dólares que se necesitan para crear el clima de opinión y propaganda. Bush le ha declarado la guerra a las tiranías del mundo, y da nombres, nombres de más países de los que inicialmente componían su Eje del Mal. Aquellas naciones que no tengan democracia, una democracia reconocible por el fino instinto libertario de Bush, pueden ir atándose los machos y preparando los ataúdes. Pero China, no. Puede que China no tenga una democracia de lujo, pero tiene unas bombas atómicas, y unos misiles, y unos submarinos y unos cientos de millones de soldados que le quitan al más pintado las ganas de acusarla de nada y de incluirla en Eje ninguno. Respecto a Irán, Bush se lo anda pensando, no sea que resulte que también gaste una buena contundencia bélica y decida que los iraníes no merecen que les lleve la libertad. Pero Bush ama tanto la libertad, tiene tanta por su poderío y la ama tanto, que no parará de urdir planes (y de llevarlos a efecto si no se calcula excesivo el número de bajas y de quebrantos propios) durante los próximos cuatro años para extenderla por el mundo. Ave, César, los que van a morir a consecuencia de ello te saludan.

Bush y la libertad
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