lunes. 28.11.2022
EN el habla popular se acuñó el nombre de calle Ancha para denominar a la vía que comunicaba la plaza de la Catedral con la de San Marcelo, que era de dimensiones sensiblemente superiores al resto de las callejuelas del casco primitivo de una ciudad cercada por murallas. Es esa misma calle Ancha cuyo nombre se ha recuperado oficialmente, porque entre la gente nunca dejó de utilizarse. Pues bien esa calle ya no es Ancha, o al menos ha dejado de serlo desde que se peatonalizó. Recuerdo la primera Semana Santa después de que se eliminara el tráfico rodado de esta vía, porque en la tarde del Jueves y del Viernes Santo había en ella como un río humano que se movía lenta y torpemente. Pues lo mismo ocurrió en las pasadas fiestas sanjuaneras, pero corregido y aumentado. Y me explico, porque la marea humana era más como una balsa de aceite, semajaba más un lago o un río de cauce lento, que un mar aunque sea en calma chicha. La calle Ancha se quedó estrecha porque decenas de vendedores extendieron sus mantas con mil y una cosas y lo hicieron a ambos lados de la vía pública y a metro y medio de las fachadas. Y donde no había mantas estaban algunos intrépidos cantantes, mimos, bailarines o lo que fuera, que hacían lo indecible para llamar la atención del respetable y conseguir unas monedas. El público se arremolinaba ante ellos y así cada vez era menor el espacio para que circularan los peatones, que debían ir casi en fila india y sin salirse de su derecha en ambas direcciones si querían llegar a su destino en una cantidad de tiempo más propia de tortugas que de seres humanos. Desesperante. Especialmente si se tiene prisa o no se desea echar una hora en un trayecto de cinco minutos, agobiados además por el calor atmosférico y por el humano. Esperemos que para futuras ediciones festivas bien en Semana Santa o en San Juan en Poridad se busque un remedio a esta situación. Por cierto, ¿se imaginan resolver una emergencia en la zona con tal gentío? Mejor no pensarlo.

Calle Estrecha
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