lunes. 08.08.2022

Hace escasas semanas, con el comienzo del verano, se publicaba en este diario una tribuna firmada por UPL Juventudes Leonesistas que rezaba Cambio climático: soluciones y región leonesa. Y es que hasta el cambio climático es argumento para los devaneos leonesistas. Como si del bálsamo de Fierabrás se tratase, no hay mal que no remedie la sacrosanta región leonesa.

Invitamos a los lectores a repasar la lectura cervantina y a comprobar cómo este bálsamo, más que restituir su salud, acabará indigestando al maltrecho caballero.

Nosotros no creemos que la solución dada en el citado artículo (mezcla de consumismo ético y supuesta autogestión) resuelva nada o, más bien, que sea una solución factible para la mayoría trabajadora, por lo que señalaremos varias consideraciones.

Que el sector agroalimentario se identifique hoy con la deforestación y contaminación de suelos, caracteriza, más que al agro en general, al actual modo de producción, el capitalismo, en el que se inserta la producción agrícola. Estos efectos apuntados son síntoma de un proceso, la concentración de la producción, que ya tuvimos ocasión en otra Tribuna (La juventud obrera, excluida del futuro en La Robla y más allá) de exponer brevemente. Este es un fenómeno inseparable y que se desarrolla paralelamente al modo de producción capitalista, comprendiendo la totalidad de ámbitos de vida (véase como, a nivel demográfico, se despueblan comarcas enteras y se superpueblan unas pocas megaurbes). Esta tendencia se guía por el lucro económico, la obtención del máximo beneficio al coste (ambiental, en este caso) que sea, lo que desemboca en un fuerte desequilibrio territorial y desastrosas consecuencias sociales. Esto ocurre también en la producción agrícola y ganadera, siendo visible en fenómenos como las macrogranjas, que materializan dicha concentración de forma evidente. No señalemos, pues, a la agroindustria como fuente de contaminación, vayamos más allá y veremos cómo es el sistema de producción vigente el que, en última instancia, dispone este sector de forma que genere efectos nocivos y desequilibrios.

«No es igual la producción agrícola bajo un modelo que priorice el beneficio económico, que bajo otro modelo que priorice el suministro alimentario de la población según la necesidad social»

No es igual la producción agrícola bajo un modelo que priorice el beneficio económico, que bajo otro modelo que priorice el suministro alimentario de la población según la necesidad social. No son pues, las emisiones en abstracto las causantes del desequilibrio climático, sino que estas emisiones, lejos de ser la causa del fenómeno, son su consecuencia directa. Dígase bien claro: la causa del nocivo impacto que la producción tiene hoy en el clima, sea en León o en Murcia, tiene su origen en la disposición irracional de la producción bajo la lógica única del mercado y el capital.

Mención aparte merece la alusión al cada vez menor peso en el mercado de la burguesía leonesa; dicha preocupación evidencia lo que venimos denunciando: el leonesismo es el programa político de los explotadores y caciques locales. Quienes, atemorizados e incapaces de competir y disputarse mercados con otras secciones nacionales de la burguesía, reclaman un marco legislativo hecho a su medida para, simultáneamente, intensificar la explotación de los trabajadores y aumentar sus márgenes de ganancias. La clase obrera leonesa, en una disputa de rapiña entre explotadores, no tenemos nada que ganar al amparo de unos u otros, la única solución para nosotros se dibuja en una independencia de acción y organización política, que sitúe en el centro nuestras reivindicaciones y necesidades como clase.

Sobre su modelo de autogobierno y control de recursos, basta señalar lo inverosímil de su arrogancia, apostando por poner coto a los beneficios que las grandes energéticas, como Iberdrola, obtienen vaciando pantanos en pleno verano. Pero, ¿de verdad plantarán cara a los monopolios energéticos, que actúan impunemente violando legislaciones estatales sin importar su impacto ambiental? ¿Podemos, acaso, los trabajadores leoneses esperar que el brazo político de los propietarios locales ponga coto a estas situaciones? ¿Que quienes violan a diario toda legislación laboral para exprimir a sus trabajadores den el alto a sus compinches mayores? No nos hagan reír.

Como panacea final se apela al lector como consumidor (así, el culpable no es el sistema que genera las contradicciones, sino el individuo mismo) para fomentar un consumo ético, pero ¿qué poder de acción tiene la mayoría social trabajadora como consumidor? Nuestras opciones se reducen a optar entre el capitalismo A o B, el foráneo o el local, el mal mayor o el mal menor.

Ante este falso dilema elegimos tomar partido y situarnos al comienzo de la cadena y no al final.

Como trabajadores y no como consumidores. ¿Por qué este cambio de enfoque? Porque si todo lo producimos, todo lo decidimos. Porque somos los trabajadores quienes ponemos en marcha las industrias y solamente bajo el control obrero de la producción podremos resolver problemas como el desequilibrio climático. Porque la producción pasará de perseguir el máximo beneficio económico a estar dirigida a dar respuesta a las necesidades sociales (¿y no es, acaso, una necesidad social preservar el medio natural y la biodiversidad en que nos desarrollamos?). Solo bajo una dirección racional (planificada, social y colectiva) de la vida será posible la armonía entre el desarrollo productivo y la preservación medioambiental.

Revertir los desequilibrios climáticos no entiende de bálsamos ni de tibiezas políticas. La organización obrera y partidaria sí contribuye a luchar contra el cambio climático. A problemas colectivos, solución colectiva.

Cambio climático
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