sábado 23/1/21

Los cambios sociales en la segunda oleada

La segunda ola del covid-19 presenta diferencias importantes respecto de la primera. Una de ellas es la letalidad de la enfermedad. Así por ejemplo en mayo estábamos en un 11,8% (fallecidos por número total de contagios) mientras que actualmente estamos en el 3,3%. En ello hay como variable fundamental el que han aumentado en gran medida los test y con ello el número de positivos. Así en mayo con 222.857 casos había un total de 26.299 fallecidos. Lo que vendría a ser lo mismo, mientras el 8 de mayo con 1.095 positivos había 229 fallecidos, ahora en los datos facilitados el 23 de mayo podemos ver que con 8.293 positivos el número de fallecidos es 47. Una de las causas claras de ese cambio ha sido la mucha mayor capacidad para detectar positivos.

Sin embargo, este artículo se quiere centrar más bien en los cambios sociales que se han producido en esta segunda ola respecto a la primera. Por ejemplo en la primera oleada hubo una canción que simbolizaba la actitud social ante la pandemia. El Resistiré del Dúo Dinámico sonaba por todas partes y distintos artistas lanzaron una versión conjunta. Era un himno social que marcaba la pauta a seguir. Hoy ya apenas vemos esa canción en el ámbito social o en las redes. Tampoco ha sido sustituida por ninguna otra.

La apelación a la resistencia va asociada a una lucha larga y a la necesidad de perdurar en el tiempo en una serie de actitudes sociales. Estamos en un tiempo en que la fugacidad de las cosas prima sobre la permanencia. Todo es bastante efímero (sí, menos esta maldita pandemia).

En esa primera oleada hemos sido muchos los que salíamos puntualmente a nuestros balcones para aplaudir a los sanitarios y a todos aquellos que con su esfuerzo contribuían a mantener nuestras condiciones de vida. Hoy eso también ha desaparecido. Incluso vemos que algunos sanitarios exhibían pancartas indicando un cierto rechazo a ese reconocimiento social. Así venían a decir «menos aplausos y mejores condiciones laborales». Yo eso nunca lo he entendido, es como si se responsabilizase a aquellos que querían premiar con su aplauso el esfuerzo realizado de lo que pudiera ser la situación laboral. Por otro lado, la experiencia también ha llevado a que como en todo colectivo hay actitudes dignas de elogio pero también otras que merecen el desprecio y el absoluto rechazo. Ya ven con eso tanto entre los sanitarios como entre el conjunto de la población se ha roto ese nexo de unión.

El salir a los balcones favorecía el que se sintiese una Comunidad en el buscar una salida común. Había un contacto con los vecinos aunque no pasase de algo visual.

El que haya dejado de sonar el Resistiré o que ya no salga la ciudadanía a los balcones son signos de un importante cansancio social. Estamos todos como más apagados sin ganas de tomar nuevas iniciativas. Tal vez pensábamos que esta «batalla» no iba a durar tanto tiempo. Incluso las iniciativas solidarias que surgieron en ese momento (como la de Cruz Roja responde u otras auspiciadas por el Gobierno) tampoco las hemos visto en esta segunda oleada.

La única forma que tiene el mundo de parar esta pandemia es limitando las relaciones sociales. Esto por un lado genera muy importantes problemas económicos (especialmente en algunos sectores). Pero también supone grandes esfuerzos sociales el limitar las reuniones con la familia y los amigos. El no poder viajar para poder reunirte con tus seres queridos. Las celebraciones ya sea por un determinado éxito o asociadas a enfermedad o muerte se han paralizado.

Diría que en esta segunda oleada ha avanzado el miedo y ha perdido protagonismo la esperanza. Signo de ello es que también vemos muchos menos balcones con apelaciones al «va a salir bien» en medio de un arco iris.

Los medios de comunicación son una máquina implacable de malas noticias. Eligen como referencia principal el número de contagios y estos han ido aumentando, aunque afortunadamente ese incremento no es igual en cuanto al número de fallecidos (como hemos explicado al principio).

Para las autoridades la situación es muy complicada. Por un lado se necesita difundir que la situación es mala y que por ello se hacen necesarias las restricciones. Pero por otro lado también hay que generar una cierta esperanza (justificada) que consiga una actitud más positiva ante el futuro. Caer en la desesperanza no es bueno.

Nadie tenemos una varita mágica. Está pandemia en mi opinión es también una cura de humildad social. También en el ámbito político se hace necesario esas posiciones de humildad y evitar la soberbia que lleva a considerar que «la única verdad es la mía». Cuando existen problemas es mucho más importante «tirar del carro» para sacarlo del atolladero. No podemos quedar en debates estériles sobre la mejor forma de sacarlo.

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