Por el camino de las estrellas

En este año, segundo de pandemia, desde nuestras casas, y con alguna esperanza de que esta situación no continúe por los mismos derroteros, vamos a celebrar el año Santo Jacobeo. Mantenemos la firme decisión de poder iniciar el mítico camino que llegó a ser historia desde hace muchos siglos. Ahora, en nuestros hogares, con las mascarillas sobre la mesa, soñamos con poder dar esos pasos, y mientras, estudiamos sobre algún mapa la ruta. El camino a Santiago se compone de muchos caminos o rutas y, no importa donde nacen, ni importa el cómo se llaman, ya que en realidad, es la denominación que responde a la ruta de  peregrinación  cristiana  de origen  medieval  que se dirige a la tumba de  Santiago el Mayor, situada en la  catedral  de  Santiago de Compostela  (Galicia). Históricamente se ha conocido como «Camino de Santiago» (hoy denominado «Camino de Santiago francés») al itinerario principal que, partiendo de los  Pirineos  occidentales, recorre España hasta llegar a la ciudad gallega. No obstante, actualmente el término se utiliza para referirse a todas las rutas jacobeas existentes.

Se trata de un «camino sembrado de numerosas manifestaciones de fervor, de arrepentimiento, de hospitalidad, de arte y de cultura, que nos habla de manera elocuente de las raíces espirituales del Viejo Continente». Si tomamos los caminos Navarro (Roncesvalles) y Aragonés (Somport) se hacen uno en la población de Obanos, a dos kilómetros de Puente de la Reina. Hasta Santiago median 696 kilómetros cuajados de monumentos, acontecimientos históricos y legendarios, lugares mágicos, personajes extravagantes y tipos curiosos que se van engarzando como un reflejo del reguero de estrellas que en el cielo forman otro Camino de Santiago que ha dado al camino su segundo nombre: Ruta de las Estrellas, y Vía Láctea su sobrenombre, que recorren parte de la provincia de León.

La primera guía de esta peregrinación es el Codex Calistinus. Se trata de un manuscrito, iluminado, de mediados del S. XII en el que se recopilan sermones, himnos, milagros, relatos de la traslación del Apóstol, textos litúrgicos y piezas musicales relacionados con el  Apóstol Santiago. Y su quinto libro constituye una especie de guía para los  peregrinos  que seguían el Camino  en su viaje a  Santiago de Compostela, con consejos, descripciones de la ruta y de las obras de arte que se iban a encontrar, así como de las costumbres locales, de las precauciones a tomar y de las gentes que vivían a lo largo del Camino que era ya un itinerario de masas. Este manuscrito casi olvidado volvió a la fama como consecuencia del hurto cometido por un operario de la Catedral de Santiago. Su autoría se atribuyó a Aymeric Picaud en el S. XII.

El esplendor del camino se mantuvo hasta el siglo XVI. Y fue en el siglo XIX cuando se produce un cambio de mentalidad con el advenimiento de gobiernos liberales y una conjunción de acontecimientos que volvieron a potenciar la ruta a Santiago, que ha sido y sigue siendo, sin duda, la ruta más antigua, la más concurrida y celebrada del antiguo continente y ha compartido la atracción de los caminantes y aventureros de todos los tiempos, creando una extraordinaria vitalidad cultural, económica y espiritual.

El camino implicaba un esfuerzo físico considerable y estaba lleno grandes peligros. Tradicionalmente solían clasificarse los motivos para hacer el camino en tres grupos: como deseo personal, para cumplir un voto o promesa y como penitencia para compensar los pecados cometidos, pero se solía olvidar es esta enumeración a los condenados a hacer la ruta como castigo por sentencia que podía ser de origen seglar o civil y que principalmente solían ser nobles a los que no se podía aplicar castigos físicos. Habría que añadir, también, los que iniciaban el camino por encargo,» a cambio de un precio» y en favor de terceros. Al ser una ruta muy concurrida, el camino con el tiempo se llenó de un personal variopinto compuesto de trúhanes, vendedores, rateros, magos, prostíbulos y licenciosos de todo tipo.

La dureza del camino era tal que se establecieron hospitales destinados al cuidado de los enfermos y procuraban proteger y ayudar a los caminantes de la multitud de peligros que les acechaban y que hoy están suplidos por una red de albergues, posadas y hotelitos donde reponer fuerzas de las duras jornadas, y donde se da testimonio del paso de cada peregrino, para poder recordar en el futuro, una a una las etapas.

El Camino de Santiago, antes y ahora seguirá siendo un imán poderoso para atraer a todo tipo de peregrinos a pie, en bici, a caballo, en coche, en ferrocarril, barco o avión. Se aceptan todos los medios, todas las formas de conseguir la armonía interior y la conjunción con el entorno, para que surja la convicción de que nuestros sueños son realizables. Además, todos los peregrinos recibirán, sin duda, la gracia del Año Santo y merced al Apóstol, el Señor entrará en todos sus corazones. Pero a estas horas el camino de las estrellas no es más que un plan ideal que preparamos, con esperanza, desde nuestras casas.