sábado. 03.12.2022
LA última detención de un supuesto terrorista de ETA, esta vez en la localidad valenciana de Algemesí, vuelve a poner sobre la mesa todo el horror macabro de esta banda de asesinos. El detenido tenía el encargo de preparar atentados en zonas turísticas españolas, con objeto de sembrar el pánico y dañar de esta manera la economía y, evidentemente, la moral de victoria de la gente de bien sobre el terror. Es probable que esos atentados causasen muertes, estragos, dolor, y que además tuvieran efectos funestos en las economías de la gente modesta que vive del turismo en este país. Es de esperar que, gracias a esta detención, eso no ocurra. Si nos pusiéramos en la actitud de la pastoral de los obispos vascos y pensásemos -al igual que ETA, Batasuna, el PNV y EA- que todo eso es consecuencia del «conflicto político» originado porque las autoridades españolas y francesas no permiten la independencia de «Euskal Herria», ¿disminuiría un solo átomo la repugnancia que suscita la actividad de los asesinos? ¿Sería más defendible la tesis de que es mejor no poner todas las dificultades legales posibles al funcionamiento de Batasuna, «sean cuales fueren sus relaciones con ETA», como se dice en la pastoral, porque de lo contrario los terroristas recrudecerían sus atentados y se ahondaría la división entre vascos? La presencia inmediata del crimen convierte las elucubraciones más o menos teóricas en casos prácticos puros y duros. Las víctimas del terrorismo y las fuerzas y cuerpos de Seguridad saben esto bien.

Casos prácticos
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