martes. 09.08.2022

En una campaña electoral —y muy bien podríamos preguntarnos cuándo no vivimos electoralmente en España— la retórica precede a la aritmética, pero al final se imponen las ciencias a las letras y lo único que importa es el escrutinio. La pura m?atemática cruel. Ese recuento que, matizado por la Ley d´Hont, atribuye escaños y ostracismos, prefigura pactos y anima componendas, y vuelve a amenazarnos con otros o incluso los mismos adelantos electorales.

Estamos en tiempos de retórica. Luego vendrá la aritmética con sus rebajas, pero por ahora cualquier cosa es posible, hasta las imposibles. En época de campaña, por ejemplo, es factible decir cualquier cosa y hasta que algunos se la crean y otros muchos la compren, sin pensárselo dos veces. Es temporada de promesas que en su mayoría serán incumplidas. O, lo que es aún peor, que incumplen con la realidad: declaraciones que contradicen el propio comportamiento durante los cuatro años anteriores, que desdicen al político igual que a un niño pillado en una mentira.

El voto es un acto creador. Existe en potencia, justo hasta el momento de ser emitido y computado. Vive como un pequeño tirano en las ilusiones y espejismos que se hace cada partido de atraerlo hacia sí. Es esa pequeña limosna que sumada a muchas otras limosnas puede conformar una fortuna. Por la encarnizada insignificancia de un voto, desde los tiempos del señor Cayo, las formaciones políticas se baten en duelo.

La cleptocracia, el sistema de gobierno con el que más hemos convivido los españoles de hoy, recordemos que la inició uno de los partidos mayoritarios y el otro la «perfeccionó». La cleptocracia, el perverso dominio de los ladrones, instauró hace ya demasiados lustros otra forma de ver los votos, una manera digamos bursátil, el voto como acción o, mejor, como carta blanca. La mayoría parlamentaria pervertida como derecho de pernada sobre los recursos, el atraco casi orgánico del sistema y de los bienes públicos, las mordidas estatales, autonómicas y hasta vecinales. Una espesa urdimbre de favores amistosos, una red en que la corrupción política no era siempre la excepción, aunque solo nos haya sido dado ver la punta del iceberg.

Ahora que estamos en periodo de cortejo y galanteo, cuando los partidos nos prometen la luna por nuestro apoyo, recordemos que el voto es un acto creador, las mentiras pasadas y los patios de Monipodio.

Cleptocracia y galanteo
Comentarios