jueves. 09.02.2023

Decenas de personas buscan cada día en los contenedores de la basura de las calles de León algo que llevarse a la boca. Entre ellos hay mendigos que responden al perfil tradicional, integrantes de grupos organizados generalmente procedentes de países del este de Europa y, de un tiempo a esta parte, gente de la llamada clase media ahora sin empleo y estrangulados económicamente por una crisis que no parece tener fin.

Se sabe que cada ciudadano tiramos más de 163 kilos de comida al año. Supone el 42% de toda la que se desperdicia, el 15% se pierde en la restauración y el 5% en el comercio de alimentación. Es realmente lamentable, pero sobre todo es un derroche al generar, transportar y manipular tanto producto para nada.

El Ministerio de Agricultura está haciendo un diagnóstico con las grandes cadenas de distribución y alimentación para ver en qué parte del proceso se puede evitar tirar los alimentos a la basura y destinarlos a fines sociales.

Desechamos entre un tercio y la mitad de los alimentos que generamos. Esto tiene que cambiar de inmediato, porque eliminar lo que otros necesitan es injusto. Lo innecesario hay que dárselo a quien lo necesite o al menos no malgastar ese trabajo y tanta materia para, en cambio, invertirla en actividades y necesidades diferentes. Y eso empezando por uno mismo, intentando ajustarse a las necesidades reales, evitando gastos superfluos y haciendo llegar la ayuda a los que la necesitan por una vía más directa y limpia que la del contenedor de la basura.

Comida en la basura: injusto e innecesario
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