sábado. 28.01.2023
En el Aula Magna de la Facultad de Derecho se batieron las palmas como en el Liceo. Igual que cuando aplauden un aria de ópera. José Luis Rodríguez Zapatero ocupó estrado para dignificar la festividad acomodada de San Raimundo de Peñafort, patrono de los estudios de Derecho, pronunciando la conferencia Ideas para una nueva forma de gobernar. Vaya por delante: No asistí a la conferencia por motivos de salud. Sé que el salón se quedó pequeño y el líder de los socialistas estuvo brillante, ameno, incluso gracioso, y fue aplaudido con la intensidad de un bando de palomas al levantar el vuelo. Una conferencia que dejó sin argumentos a los que suponen que no tiene programa de Gobierno. Mis comunicadores aseguran que lo bordó: en las formas, en el fondo y en los contenidos. Profundizó en la investigación y el desarrollo tecnológico, dos áreas de especial sensibilidad académica, y en el Estado social, sin escatimar la crítica elegante a los modales imperativos y autoritarios del Gobierno, con una promesa: el día que llegue a la Moncloa, se acabarán esos modales. Rodríguez Zapatero lleva predicando en el desierto de España. No ha calado su doctrina de que cada seis meses será obligado institucionalmente reunirse el presidente del Gobierno y líder de la oposición, y las consultas a los presidentes de las comunidades autónomasy escuchar a los agentes sociales y económicos. Es un cambio sustancial. Pero mientras Zapatero abanicaba sus ideas para una nueva forma de gobernar, el Consejo de Ministros se reunía en A Coruña, y el telediario de TVE-1 hacia el trabajo sordo y desnaturalizado. Desde la plaza de María Pita, sede del Ayuntamiento coruñés, se daban multitud de líneas millonarias para Galicia. Más que un Consejo de Ministros, parecía un plenario de los reyes magos. De la conferencia de Rodríguez Zapatero, como en un suspiro, se reseñó: «El líder de la oposición volvió a criticar al Gobierno por el asunto del Prestige: Nuevamente dijo que el Gobierno reaccionó tarde y ha carecido de sensibilidad». La manipulación la sellaron el día del patrono de los periodistas. ¡Ya nos vale!. Las ideas para una nueva forma de gobernar, ni asomaron a la pantalla, con lo cual los padrones populares podrán seguir con el latiguillo: carecen de proyecto. Lo que sucede es que en el Aula Magna de Derecho, según me certifican muchos amigos, jueces, fiscales, abogados -entre ellos el presidente del Consejo General de la Abogacía-, estudiantes, empresarios, agentes sociales y otros colectivos, rubricaron que escucharon a un auténtico candidato a la Presidencia del Gobierno. O al próximo presidente del Gobierno. Hubo, cómo no, en una ciudad de navajas como León, ausencias clamorosas. Las instituciones olvidaron su rango. Arropan como una tropa legionaria a una simple consejera de Medio Ambiente e ignoran al número dos constitucional en el organigrama político y constitucional del Estado. Sencillamente, vergonzoso.

Como un aria de ópera
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