jueves. 02.02.2023
LOS DESASTRES y la especulación urbanística, y ahora, también, la recalificación de campos de fútbol y ciudades deportivas o los acuerdos urbanísticos para usos comerciales, hoteleros o de oficinas, de los bajos de los estadios, de los que se viene informando con frecuencia, han tenido la ventaja de la sistemática inaplicación de las medidas cautelares adecuadas y la realidad material de los hechos consumados. Así, la dificultad de la demolición de las infracciones urbanísticas, la falta de crítica, política y social, convierten la eventual sanción, o condena, en absolutamente ineficaces, en tanto que va incluida en el sobreprecio, como ganancia y premio. La íntima conexión, en la mayoría de los casos, entre los multimillonarios promotores y constructores y los políticos, ahora locales, ante la proximidad de las elecciones municipales, y a veces en la misma persona, con el paradigma de Gil, han hecho posible, hasta el momento, amordazar, incluso, a la sociedad civil, que se muestra incapaz de protestar ante los intolerables desmanes de la gestión de los clubs de fútbol, las deudas fiscales y la propia quiebra técnica, a costa, por supuesto, de los impuestos de todos. Se ha silenciado cualquier mínima crítica ante la -inevitable- respuesta automática de jugar emocionalmente con los sentimientos colectivos con el fácil -y demagógico- señuelo argumental, de despreciar, o no tener -suficiente- amor por los colores del club, que, por lo demás, se usa como arma electoral. Es evidente, y fácil, decirlo y también que la solución está en nuestras manos. Qué futuro nos espera y hasta qué ciudades queremos depende también de nuestro voto, en los Ayuntamientos. Estos días en que se celebra el centenario de la concesión del Premio Nobel a Ramón y Cajal resulta oportuno reflexionar colectivamente sobre las dificultades de todo tipo, incluidas las económicas, del sabio histólogo aragonés, para desarrollar su digno trabajo que tantos beneficios nos ha reportado a todos, frente a las facilidades, de cualquier clase, y, por supuesto, financieras, de estos dirigentes y hasta de los mismos futbolistas.

Construcción, política y fútbol
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