sábado 24/10/20

El contador de vientos

Me asomo a esta tribuna como futuro perjudicado. Bueno será contar con la venda, antes de que la herida no tenga solución. Ocurre que casi cada mañana me despierto con una noticia que haría levantarse de su tumba al recién fallecido Paulino, el pastor de Sancenas, en plena Reserva de la Biosfera de Los Argüellos. (Sobre el error de este bautismo tendría mucho que decir, pero un folio y medio no me da para ello en esta ocasión).

Digo que dos grandes empresas (de tapadillo y con alevosía) han presentado varios proyectos de instalación de parques eólicos en la montaña central leonesa, que afectarían a Villamanín, Cármenes, Valdelugueros, Valdepiélago, Matallana de Torío, Carrocera, Pola de Gordón y La Robla. Es decir, a los mismos que ya fueron expoliados de todos sus medios de subsistencia (agricultura, ganadería, agua, minería y hasta población…). Este nuevo atentado ha sido objeto de una presentación informal, nada menos que ¡en Albacete!, como escribió Antonio Manilla, (Vivir del aire, en el Diario de León del 9/09/2020).

Me despierto cada mañana, digo, con otros reportajes de prensa: Estefanía Niño Cinco grandes proyectos eólicos del 06.09.2020; Laly del Blanco Cumbres borrascosas (11.09. 2020) y, finalmente, con los siempre valientes alegatos de dos grandes escritores y amigos: Julio Llamazares, El negocio de la despoblación, (11.09/2020) y José Antonio Llamas, Somos mina (14/09/2020). Todos ellos coinciden en calificar estos cinco proyectos como atrocidad medioambiental y ecológica, enriquecimiento ajeno, regalo envenenado, deterioro paisajístico y faunístico... y que para eso no hacía falta ser declarados Reserva de la Biosfera.

Frente a estas voces despertadoras, sobrenada un silencio cómplice de las instituciones, los políticos, sindicalistas, altos funcionarios, alcaldes, gerentes de las reservas de la biosfera y demás personal que está a mi cargo, aunque no me permiten señalarlo en la casilla de la Declaración de la Renta

Personalmente no necesito estas citas de autoridad para evaluar el nuevo expolio que se avecina. Soy muy mayor de edad para comulgar con estas nuevas aspas de molino y ya hice denuncia de la España vaciada en mi libro de ensayos Super flumina» dedicado a las cabeceras de los ríos. Además, como afirmaba el protagonista de mi novela El contador de vientos, conviene reivindicar la diferencia entre ser inocente y ser ingenuo.

Frente a estas voces despertadoras, sobrenada un silencio cómplice de las instituciones, los políticos, sindicalistas, altos funcionarios, alcaldes, gerentes de las reservas de la biosfera y demás personal que está a mi cargo, aunque no me permiten señalarlo en la casilla de la Declaración de Renta. Es conocido el aforismo de «quien calla otorga», o, lamentablemente, tiene un motivo cómplice.

Mi humilde aportación es una llamada de vigilancia sobre este opaco reparto de connivencias. Facilitaría el atentado de vientos que ahora nos quieren ejecutar con la etiqueta de «sostenible», bajo torres de 95 metros de altura y palas de 135 metros de diámetro, con sus destrozos ambientales y posibles campos electromagnéticos. No voy a convertirme, como algunos señalarán, en un negacionista del progreso (ni siquiera de las mascarillas, aunque no sirven para mucho). Por ello, permítaseme adoptar una posición pragmática y apuntar una simple propuesta sobre el emplazamiento de estas instalaciones: puesto que sus promotores alaban sobremanera los enormes beneficios para los municipios adjudicatarios que generarán estos modernos molinos de viento, mi recomendación es que destinen tan grandes plusvalías para sus propios territorios.

Naturgy Renovables, S.L.U. podría, por ejemplo, instalarlos en las laderas del Tibidabo, o, como más lejos, en la cumbre del Montseny, para favorecer a los conciudadanos donde tiene su sede.

En cuanto a Green Capital Development (dada su apariencia de empresa de la globalización) en alguna ladera de la Sierra de Guadarrama o mismamente en el espacio ahora ya purificado de Cuelgamuros. Se lo voy a poner, incluso más fácil: planten sus campos eólicos o paneles fotovoltaicos, si lo prefieren, desde los Campos Góticos hasta Despeñaperros.

De nada por el consejo. No voy a pretender que los beneficios y prebendas sean siempre para los mismos, es decir, nosotros.

El contador de vientos
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