miércoles. 10.08.2022

No sé por qué, pero siempre me supieron a gloria los sábados con tal nombre. Una especie de epifanía de la realidad que se avecina cargada de ilusiones. Quizá por la primavera incipiente, quién sabe si por la luz que empieza a alargarse. O posiblemente por todo ello. Lo cierto es que el último Sábado de Gloria, el día 20 de abril pasado, uno tenía motivos más que suficientes para entenderlo así.

Verán. La tarde primaveral del día indicado fue la elegida para la puesta de largo y bautismo de una nueva Asociación Cultural, que ya había dado sus primeros pasos. En Otero de las Dueñas, ese hermoso pueblo milenario con más que notables fundamentos históricos situado al pie del pequeño cerro que llaman «Sierro de Peñaflor». En la «Peña del Palo» está el anclaje del vuelo de la luna, que todos los días parece irse para volver cada noche. Es el tótem de la comarca de Luna, como afirmó Ernesto Escapa. La nueva Asociación Cultural se ampara bajo el nombre de «El Convento», que, además del simbólico significado etimológico en su caso, alude al gran monasterio femenino cisterciense que, fundado por María Núñez de Guzmán en 1240, se mantuvo vivo hasta la época de la Desamortización. Nombre, por tanto, bien enraizado en la sintonía y el pulso de los acontecimientos y circunstancias históricas de la localidad.

Un grupo de personas, que no cito para evitar olvidos, se propuso dinamizar la vida del pueblo mediante acciones culturales, que van más allá de la visión limitadora que algunos atribuyen a tales propuestas. Con espíritu generoso, integrador y festivo, solidario y participativo, ilusionante y esperanzador. Lo sentía cuando, después del acto, compartimos en la calle refrescos y pastas, conversación sobre todo, sentimientos comunes que miran al futuro con una dirección colectiva y compartida, una de las mejores garantías de la vida comunitaria en las zonas rurales. Y en las que no lo son, por supuesto. El acto de inauguración, en torno a una exposición y conferencia sobre los reyes de León, tuvo lugar en el edificio de las antiguas escuelas, un espacio remodelado y acogedor, propicio.

Uno piensa humildemente que el nacimiento de una Asociación Cultural es una advertencia contra el caos peligroso que es vivir sin memoria y sin futuro, sin ilusiones y garantías compartidas, en esa repoblación espiritual que necesitamos. Quede, por tanto, la enhorabuena a «El Convento» y sus socios, con el deseo de u?na vida larga y fructífera. Que así sea.

El Convento
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