martes. 07.02.2023
PARECE que la historia se repite, y que la posibilidad de la disolución de ETA ha provocado una escisión que ha convertido a la banda en un monstruo con dos cabezas. Para saberlo con certeza habría que estar dentro de la cueva de la bestia, y más desde que el pasado 30 de diciembre sus supuestos portavoces han perdido cualquier credibilidad. Pero el entorno oficial del nacional-socialismo abertzale lanza a diario mensajes que hablan entre líneas de que el atentado de Barajas no lo esperaban ni ellos mismos; parece que fue una acción paralela de una facción de la banda o algo así. La falta de un comunicado previo para poner fin a la tregua, que hubiera evitado que volara por los aires cualquier credibilidad de ETA de cara a posibles negociaciones futuras, puede constituir un indicio de la crisis interna. Hay que recordar que la banda ya se disolvió una vez; fue en 1982, cuando sus responsables negociaron con el Gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo la disolución de ETA político-militar a cambio de medidas de gracia para algunos presos que previamente mostrarían en público su renuncia a la violencia. Pero entonces hubo una parte de la organización, los más jóvenes, los más radicales, que decidieron seguir matando bajo el nombre de ETA militar. Si la historia se repite, no se deben volver a cometer los mismos errores, y para ello el Gobierno tiene la obligación moral de administrar la información y los silencios, aunque sea contraproducente para los intereses de su partido. La buena noticia es que, por el momento, a las reuniones del nuevo Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista no dejan entrar al presidente de La Rioja.

Credibilidad
Comentarios