viernes. 09.12.2022

Por lo común, se razona en la mayor parte de las circunstancias, más o menos, bien, aunque no obstante partiendo de planteamientos falsos materialmente, pues la verdad bien ilustrada, siempre tendrá carácter de lo que es verdadero material y formalmente. La cadena de razones por las cuales partimos de proposiciones que en general se entienden como verdaderas (hipotéticamente), en el sometimiento de que esos razonamientos nos conducen a colofones y así lo entendemos, verdaderos. ¿Pero, reales son las entidades, cosas verdaderas, las proposiciones que nos pueden decir algo sobre hechos, acontecimientos o procesos, siempre positivos y empíricos, en función de los razonamientos, cual su forma, conserve por siempre la verdad material de inicio? Pudiera ser; ahora bien, otros conceptos o ideas que se encuentren relacionados con la verdad, pueden ser a todas luces, la veracidad, verosimilitud (tal es lo que se asemeja a la verdad; y que podremos por tanto esperar de una buena novela histórica, aunque los hechos no fueran exactamente esos, pero nos parecerán razonables, en cuanto a su rigor histórico y sobre todo, nos exhortan al pensamiento), y la propia mentira, (mientras que la nombrada, es y será por siempre, lo falso, es más, a sabiendas de que es fraudulento).

Dentro de la propia filosofía y la misma así mismo manejada por profesionales, se discute y debate en el posible reconocimiento de la verdad material, en cuanto a su espacio y contenido, la misma por desvelamiento y correspondencia con lo puro y cabal. Como un buen ej.: añado, que si todos o un buen grupo de individuos ven la calle mojada, el corolario será, que ha llovido, es más se pensará en lo material verdadero; no obstante en cuanto a las hipótesis en cuanto a tal razonamiento, se podrán entender en dos fases; llueve, por tanto la calle está mojada, o ¿ por qué no?, puede haber llovido, pero no podremos tener potestad o deducir con certeza plena esta circunstancia.

Ahora bien, establecido todo lo precedente, me quiero justificar y demostrar en el método científico SUE, aplicado en una técnica investigada e innovadora de interrogatorio de la policía sueca y basado en el más allá de entender las propias expresiones faciales (Sistema Criminológico Avanzado), o el propio lenguaje «no verbal», y que así mismo tiene lugar, en restaurar lo que se dice, (resolución de delitos). Tocarse en demasía el pelo, cuando es interrogado, mirada esquiva hacia los ojos del interlocutor, movimientos extraños y extravagantes y para nada naturales, etc... No es mi intención otorgar la patente a la policía sueca en lo expresado, pues es bien cierto que ya es utilizado en muchos países del globo terráqueo, no obstante, subsisten muchos detalles (psicología cognoscitiva, o incluso conductiva, bien sabida), que pueden delatar a quien quiera que esté mintiendo, o así mismo, no expresando la verdad en su totalidad (el principio de este artículo matiza la variedad propuesta), no obstante en la parte terminal, nadie puede llegar a estar seguro al 100%, que se miente totalmente con sinceridad o el fin es engañar de alguna forma.

Quisiera añadir, que en mi pasada profesión (de cual me siento orgulloso, he experimentado tras años de aprendizaje, exento de unas arduas oposiciones que para nada me indicaron la forma y modo del tratamiento conductista, pero sí, el lenguaje «no verbal», en cuanto al tratamiento personal de tantos irresolutos y maniqueos, derivaron con el tiempo, (medalla de oro.. (sic)), a módulos de respeto, y mi pensar fue siempre, que su razón de ser, fue la existencia de módulos conflictivos o sería una división de centros penitenciarios de buenos y malos ¡a todas luces imposible aquí o en el resto del mundo!

Será de mi experiencia pasada, 37 años, como funcionario de prisiones, el añadir, aún más indicativa, que la evidencia meta-analítica, me mostró con el paso del tiempo y añadido en mis estudios psicológicos, indicadoras conductuales de la mentira, escasos, pero ciertos y sí, diagnosticados y cambiantes, de ello doy fe por vividos en mi profesión.

Ahora bien, lo cierto es que todos somos complejos y necesarios de un tratamiento diario, puntual y pormenorizado (externo o interno), y será la propia experiencia la que nos da y dará lecciones que no sabemos en principio y conclusiones finales de saber y analizar con el paso del tiempo... Código Penal... ¿para qué?, nunca será nuestra competencia. Es curioso y así lo evidencio, que en gran parte de los seres humanos, aún sometidos a las limitaciones de conducta o físicas, pueden razonar o quieren hacerlo con verdad formal, manteniéndonos a los profesionales en lo materialmente falso, y es que su razonamiento es basado en la preponderancia de ser correcto, aunque su afirmación a todas luces sea falsa, por tanto nos surge por siempre, la duda de la verdad o mentira, en tanto en cuanto las pruebas sean nimias o inconclusas, la propia encrucijada por siempre se planteará despuntada.

Si tenemos en cuenta siempre que la propia verdad también se inventa, es decir que en este siglo y posados, el gran invento de la verdad es la mentira, y la misma jamás vivirá hasta hacerse vieja, será por justo y a la vez justamente que sea ella misma la que procurará que no sea en esa forma, dado que la propia psicología cognoscitiva, nos aconsejará continuamente a profesionales, estudiosos e inclusive a criminólogos, que al estar la verdad en nosotros mismos, lo cutáneo por siempre presentará equilibrios externos y por tanto interpretativos en cuanto a tiempo y hechura; la fórmula es sencilla, pensar tan solo en la gran cantidad de «alimentos», que nutren lo cierto, verídico, verdadero y real; dispares alcances, pero con un remate inclusive en el pensar que la propia verdad tiene poco triunfo, sus adversarios, por siempre terminarán muriendo de que?....Buena lección para nuestro pensamiento reposado; justicia al fin, en el sentido de matices ya analizados; en el resto bien pudiera ser terapia, pero insistiendo en su externalidad. No obstante en el pensamiento primigenio como base de un todo y final del presente artículo.

Criminología penitenciaria: ¿verdad o mentira?
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