jueves 25/2/21

Los culpables son los políticos

Todos mienten. Y nadie le da mayor importancia a este hecho... Aquí nadie tiene la culpa de nada, porque siempre hay otros que no han hecho lo que tenían que hacer, y esos son los que hay que culpar. Yo no, ellos. Señ[email protected] con ¡egos enormes! que muchas veces ni siquiera saben de lo que mandan, pero no importa, porque en este país, si no sabes una respuesta contratas un asesor amigo tuyo para responderla. (Por cierto, las preguntas son miles...).

Cuando algo así pasa en cualquier ámbito, lo primero que hace la persona al mando, es coger el timón. Y así fue, aunque luego se ha sabido que empezamos ¡tarde! (aviso: esto se repite constantemente), como era la primera vez, ni se notó. Pedro cogió el timón y nos dijo: tranquilos, aquí estoy yo. ¡No vamos a dejar a nadie atrás! Así empezó todo esto y en ese momento nadie era consciente de lo que iba a pasar. Comenzó Sánchez entonces con este nuevo género periodístico que tantos éxitos le ha dado: hablar, hablar y hablar para no decir nada. Mientras tanto, justo detrás del telón del escenario, Illa. Marlaska, Ábalos y Robles calentaban para dar descanso a su jefe y prepararle el terreno a la estrella invitada: Simón. Me los imagino allí detrás, en una mesa, con vasos de chupito y un cubilete con dados que tiraban para responder las preguntas de la prensa y redactar las nuevas normas que nos han impuesto. Y claro, según avanza la pandemia, cada vez son más chupitos y empeora la redacción.

La cuestión es que fueron ellos y no otros los que decidieron todo lo importante. Ni siquiera hablaron con sus socios de Gobierno, y ahí cometieron su primer error: convertir a tu compañero de piso en el enemigo. Hacer las cosas por tu cuenta, solo «mola» cuando salen bien. Pero si vas a ¡mentir!, diciendo que eran uno o dos casos aislados, que no hay evidencias para preocuparse, a pesar de que en Italia estaban patas arriba, que lo de las residencias está controlado, o como con las mascarillas que eran del todo innecesarias, pues tener al enemigo ya en casa, no ayuda... En ese ambiente, cuando los tiburones huelen sangre, es imposible que algo salga bien. Se revolvieron Iglesias y compañía, con razón porque les ningunearon, pero con ninguna buena intención, porque todos esos socios de Gobierno, lo único en lo que pensaron es en meter sus propuestas electorales a cualquier precio y comenzaron a sangrarlos hasta sacarles las mayores incoherencias para el momento que vivíamos. Medidas que nada tenían que ver con la pandemia, pero que eran prioritarias para que ellos no bloquearan las acciones (que seguían siendo unilaterales) del Gobierno. Y mientras todo esto pasaba, la oposición que tenía su baza ganadora en proteger al partido mayoritario y cerrar filas contra los buitres carroñeros, no hizo nada de esto. Se alineó junto a sus enemigos e intentó llevarse parte de la carroña mientras su país agonizaba. Altura de miras, pensaba yo entonces... Nada más lejos de la realidad.

Calentaban mientras los suplentes que reclamaban a gritos su sitio. ¡Ellos podían hacerlo mejor! —decían Madrid y Cataluña desde el banquillo— otros dos grandes egos. Y ahí se gestó el más grave error del Gobierno, pero se entiende el por qué perfectamente. Sánchez y su comparsa, a sabiendas de la situación que atravesábamos y que ésta los iba a dejar desacreditados públicamente, decide pasar la patata caliente a las comunidades. En aquel momento ya habíamos visto qué podía pasar si una comunidad tomaba una decisión de forma unilateral, con la suspensión de las clases en Madrid que expandió al resto de España un virus que estaba bastante localizado en las poblaciones más grandes. Pero aun así lo hicieron.

¡Imperdonable! Ante un virus que ataca por el aire, la solución que dieron fue: sálvese quien pueda. Espero que algún día paguen por ello. Desde ese momento la cosa era ver quién la tenía más grande. Pero nuevamente sin consultar a los demás. Y se sucedieron las apuestas de qué o quién era el más original probando cosas. Ensayo y error que, como suele pasar, nos dio más error que acierto. Las comunidades, en su mayoría, estaban absolutamente peces en todo esto. Y voy más allá, porque si [email protected] descubría un método que mejoraba las cosas, nadie lo implementaba en su lucha. Da la sensación de que cada comunidad quiere tener su propio método y prueban y prueban pero no copian lo bueno de las demás. Yo en realidad me pregunto, ¿esto no es delito? ¿Conocer un remedio para salvar vidas y no utilizarlo deliberadamente, no es delito? Pues debe de ser que no... Todo esto redunda siempre en lo mismo, llegan tarde siempre. Cuando ya está el virus en todas partes es cuando empiezan a reaccionar y a tomar medidas. Incluso cuando [email protected] sabemos lo que puede pasar, como en Navidades, ellos niegan la mayor y no hacen nada hasta mediados de enero. —No había datos para cerrar en Navidad, dice la consejera Casado... —Nosotros no podemos ser más restrictivos, tiene que serlo el Gobierno, dijo el mismo Igea que ahora se saca de la manga el toque de queda a las ocho de la tarde y ha cerrado el interior de los locales, que del exterior ya se encarga Filomena... ¡Es de traca! ¿Está el señor Mañueco enseñándonos cual es el camino con su desobediencia? Aunque he de decir que desobedecer, pero pagando la multa con el dinero de otros, es demasiado fácil...

En cuanto a la economía... —¡Eso son cosas de mayores! Los chavales no nos preocupamos de eso. Ya vendrá Europa y lo arreglará. Nosotros no tenemos dinero—. Y así todo y todos. En nuestro caso, la JCyL dio por sentado desde el principio (lo cual es lo más inteligente, pero sibilino) que eso no era cosa de [email protected], sino del Gobierno, ¡cómo no! Si alguien tiene que poner dinero, que sea el Gobierno. Pero los cierres, las aperturas, la normativa, etc... Lo decidimos nosotros. Mientras tanto en muchas comunidades comienzan a hacerse responsables, en alguna medida, de las indemnizaciones. Y lo curioso es que al ver esta reacción de las demás autonomías, en la nuestra no se comportaron como un celoso niño pequeño, sino como un viejo huraño que se hace el sordo o el loco. Señ[email protected], es absurdo pensar que otro pague por sus decisiones, digo yo...

Ahora todo está hecho jirones y no hay quien lo arregle. Además al empezar la vacunación, las mentes se han relajado y claudican esperando a que el tiempo pase y el ferry de las vacunas les lleve a buen puerto, reconociendo con esta actitud que ya no saben qué hacer y que ya solo les queda rezar... Por debajo de todo esto, estamos los demás, peleados entre nosotros y despistados como nunca, culpando a todo menos a los políticos. ¡Es increíble! Defendemos que no hay que ir a más 120 como si no lo hubiéramos hecho en la vida, o que fumar mata como si no cobrásemos impuestos para el Estado en cada cajetilla. He confirmado en esta pandemia lo que venía sospechando desde hace un tiempo: esta gente es capaz de demostrar que bajo el paraguas de un buen eslogan, ¡¡¡cabe todo!!!

Cansados y sobresaturados de información, que es el peor veneno en estos tiempos porque está podrida, no damos pie con bola. De hecho usamos con todo lo de: «la salud es lo más importante», para meter con calzador las ideas más inverosímiles. Y no nos damos cuenta de que el truco para meter esas ideas es que, acto seguido, consigas que todo el mundo hable de otra cosa. El Rey, Franco, Cataluña, el idioma vehicular, o una reforma laboral son temas muy socorridos para que el prestigio del truco sea un éxito. Están a otro nivel. Juegan en otra liga...

Y ahora mi gran temor es el futuro, como para [email protected] Cuando todo esto comience a terminar, tendremos tiempo para recapacitar y que las conclusiones nos ayuden a tomar nuestras nuevas decisiones. Pero me aterra pensar lo rápido que olvidamos lo malo como pueblo y lo que tardamos en olvidarlo como individuos. Esta brecha tardará en cerrarse en cada pequeño corazoncito, pero como comunidad rápido pasaremos página y seguiremos igual que antes: peleados.

Por eso mi conclusión personal es que debemos hacer las paces con nosotros mismos primero, y luego con los demás. En todas estas peleas no hemos sacado absolutamente nada bueno, pero los políticos sí. Y no ha habido ni un solo gesto o medida que nos despiste haciéndonos pensar que empatizan con nuestra situación. Ese es su fallo, su codicia es tal, que no han reparado en este detalle.

Por eso se que los culpables son nuestros mandatarios y solo nosotros podemos quitarlos de ahí.

Necesitamos cambiar la ley d’Hont para que no nos veamos supeditados a las minorías. Una cosa es tenerlas en cuenta, que hay que hacerlo, y otra muy distinta es que manden [email protected] Y necesitamos también plantear la ley de manera que el que mienta, pague por ello. Hay que garantizar la independencia del poder judicial, pero no como ahora, que lo negocian entre políticos. Sobran miles de personas en los puestos de poder: primero Ayuntamiento, luego Consejo Comarcal, Diputaciones, Comunidades y esos gobiernos llenos de gente que no es capaz de justificar su sueldos y que nos arruinan solo con sus gastos. Solamente arreglando estas tres cosas (ojo, que no es poca cosa...), tenemos un nuevo escenario que funcionaría mejor que el actual. Sin duda, los políticos se adaptarían y lo retorcerían todo hasta someternos de nuevo, pero entre tanto seremos un poco más libres durante un tiempo. Así empezó nuestra democracia que nos dio alegrías al principio, pero yo creo que ahora ya está exhausta y demacrada, así que toca pasar por mantenimiento y renovar nuestro software democrático e instalar el 2.0 cuanto antes. Ojalá esto anime a alguien.

Los culpables son los políticos
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