lunes. 28.11.2022

La Cultural y la esperanza no perdida Cumbre sobre el hambre y fútbol La Cultural y la esperanza no perdida Cumbre sobre el hambre y fútbol

Según reza el dicho popular, la esperanza es lo último que se pierde. Será por eso por lo que yo no desespero de ver a la Cultural de mis amores (no leonesa), fuera de eso que los entendidos llaman el pozo negro de la Segunda B, satisfacción que pocas, muy pocas veces he podido experimentar a lo largo de los 35 años de socio del club en los que no me he merecido ni un solo partido, en el campo de Puentecilla primero, más tarde aunque reciente aún en Puente Castro y ahora en el nuevo estadio de Antonio Amilivia. Tampoco pierdo la esperanza, a pesar de los visto esta última temporada, de que el cosejo de administración y actuales propietarios de la sociedad demuestren un mínimo de cordura y respeto hacia la afición y a las instituciones que prestan su apoyo económico para deshacerse de quien, a lo largo de la liga que acaba de finalizar, no ha sabido aprovechar las enormes cualidades futbolísticas de la plantilla que generosamente han puesto a su disposición en cuanto ha hecho la más mínima insinuación. No pierdo la esperanza de ver una Cultural bien posicionada en el terreno de juego, como el Getafe en León (¡qué lección de Felines de lo que debe ser un entrenador!) para poder aprovechar las caraterísticas técnicas de cada uno de los jugadores. No pierdo la esperanza de que la Cultural deje de tener un entrenador que, creyendo que inventa el fútbol cada domingo, cambia la posición de los jugadores sacando a los defensas de delanteros y a éstos en el puesto de los otros. Sólo nos ha faltado ver a algún portero o al propio presidente de la entidad jugando de delantero centro. No pierdo la esperanza de ver a un extremo nato, como es el caso del extraordinario Casquero, deleitándonos con su juego en esa posición en lugar de reventándose en la defensa por la incompetencia de un caprichoso, o a Villafañe perdido en la banda izquierda en un partido en el que se jugaba toda la temporada porque ese mismo capricho creyó tener una brillante idea ese día, o jugando a la defensiva en casa para no encajar un gol. No pierdo la esperanza de que, si el Consejo de Administración no enmienda el error de mantener a este entrenador, él mismo tenga un rasgo de dignidad y se vaya voluntariamente, si es que es cierto su declarado amor por los colores blancos. Y, finalmente, no pierdo la esperanza en que el consejo de administración deje de insultar a Manolo Cadenas, entrenador del Ademar, comparándole con el de la Cultural, pues no se parecen en nada y menos en la profesionalidad y el carácter que imprimen cada uno de ellos al desarrollo de esa profesionalidad. Lo dicho, sigo teniendo la esperanza de que la próxima temporada sea la del ansiado ascenso y para ello seguiré siendo socio de la Cultural, pero consciente de que con el entrenador actual, seguiremos en el mismo pozo. Luis García Pérez (León) La cumbre contra el hambre ha sido poco seria, ¿por culpa del fútbol?. Los porcentajes destinados a esta causa son paupérrimos, mientras no falta el dinero para la difusión de anticonceptivos, abortos o esterilizaciones. Parece que la población pobre molesta a los países ricos, ¿será con el objetivo de reducir la natalidad hasta nuestros problemáticos índices?. La industria farmacéutica no invierte en investigar la curación de los males del tercer mundo (sería poco rentable), pero se dedica a resolver la obesidad, la impotencia sexual o la calvicie de occidente. Qué triste para el Dios que nos hizo hermanos contemplar la indiferencia negligente de los gobiernos que se afanan en conquistar otros planetas, mientras los habitantes del nuestro se mueren de hambre. Eva Nordbeck Ferraz (Barcelona) Según reza el dicho popular, la esperanza es lo último que se pierde. Será por eso por lo que yo no desespero de ver a la Cultural de mis amores (no leonesa), fuera de eso que los entendidos llaman el pozo negro de la Segunda B, satisfacción que pocas, muy pocas veces he podido experimentar a lo largo de los 35 años de socio del club en los que no me he merecido ni un solo partido, en el campo de Puentecilla primero, más tarde aunque reciente aún en Puente Castro y ahora en el nuevo estadio de Antonio Amilivia. Tampoco pierdo la esperanza, a pesar de los visto esta última temporada, de que el cosejo de administración y actuales propietarios de la sociedad demuestren un mínimo de cordura y respeto hacia la afición y a las instituciones que prestan su apoyo económico para deshacerse de quien, a lo largo de la liga que acaba de finalizar, no ha sabido aprovechar las enormes cualidades futbolísticas de la plantilla que generosamente han puesto a su disposición en cuanto ha hecho la más mínima insinuación. No pierdo la esperanza de ver una Cultural bien posicionada en el terreno de juego, como el Getafe en León (¡qué lección de Felines de lo que debe ser un entrenador!) para poder aprovechar las caraterísticas técnicas de cada uno de los jugadores. No pierdo la esperanza de que la Cultural deje de tener un entrenador que, creyendo que inventa el fútbol cada domingo, cambia la posición de los jugadores sacando a los defensas de delanteros y a éstos en el puesto de los otros. Sólo nos ha faltado ver a algún portero o al propio presidente de la entidad jugando de delantero centro. No pierdo la esperanza de ver a un extremo nato, como es el caso del extraordinario Casquero, deleitándonos con su juego en esa posición en lugar de reventándose en la defensa por la incompetencia de un caprichoso, o a Villafañe perdido en la banda izquierda en un partido en el que se jugaba toda la temporada porque ese mismo capricho creyó tener una brillante idea ese día, o jugando a la defensiva en casa para no encajar un gol. No pierdo la esperanza de que, si el Consejo de Administración no enmienda el error de mantener a este entrenador, él mismo tenga un rasgo de dignidad y se vaya voluntariamente, si es que es cierto su declarado amor por los colores blancos. Y, finalmente, no pierdo la esperanza en que el consejo de administración deje de insultar a Manolo Cadenas, entrenador del Ademar, comparándole con el de la Cultural, pues no se parecen en nada y menos en la profesionalidad y el carácter que imprimen cada uno de ellos al desarrollo de esa profesionalidad. Lo dicho, sigo teniendo la esperanza de que la próxima temporada sea la del ansiado ascenso y para ello seguiré siendo socio de la Cultural, pero consciente de que con el entrenador actual, seguiremos en el mismo pozo. Luis García Pérez (León) La cumbre contra el hambre ha sido poco seria, ¿por culpa del fútbol?. Los porcentajes destinados a esta causa son paupérrimos, mientras no falta el dinero para la difusión de anticonceptivos, abortos o esterilizaciones. Parece que la población pobre molesta a los países ricos, ¿será con el objetivo de reducir la natalidad hasta nuestros problemáticos índices?. La industria farmacéutica no invierte en investigar la curación de los males del tercer mundo (sería poco rentable), pero se dedica a resolver la obesidad, la impotencia sexual o la calvicie de occidente. Qué triste para el Dios que nos hizo hermanos contemplar la indiferencia negligente de los gobiernos que se afanan en conquistar otros planetas, mientras los habitantes del nuestro se mueren de hambre. Eva Nordbeck Ferraz (Barcelona)

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